Columnas Tatiana Ramírez

por La hora del escarnio


Corta memoria, larga historia: Intervención en Libia.

Nicholas Kristof en su columna El abrazo de los libios afirma que gracias a la intervención de Estados Unidos en Libia “se ha evitado una catástrofe humanitaria.” Pero si revisamos bien los datos y los hechos la intervención ha hecho de todo menos evitar una tragedia humana.

Registros dicen que 6.000 personas han muerto desde el inicio de la guerra en libia desde el mes y medio que llevan; no obstante, en los primeros cuatro días, la coalición internacional mató a 114 personas y dejó gravemente herido a 445. Estadísticamente si sólo los aliados llevaran 45 días en luchas contra Gadafi ya llevarían 5.300 muertos y 20.00 heridos.

El principio internacional de no intervención en los asuntos internos de los Estados se ha visto sublevado ante los derechos humanos y es lo más lógico. Sin embargo, las resoluciones, 1970-1973, que aprobó la ONU entre el 26 de febrero y el 17 de marzo han probado que no están protegiendo ninguna vida. Ya que, en estas sentencias quedó escrito que las Naciones Unidas permiten a los países miembro  “adoptar todas las medidas necesarias” para evitar más perdidas civiles en Libia. Es decir, si toca que más gente muera por salvar a otros pues se hace.

Pero no todo termina ahí. La ONU impidió el suministro de armas, personal y vehículos militares a Libia; congelaron las cuentas del líder libio Muamar Gadafi; crearon una zona de exclusión aérea para dejar que sólo aviones de la colación internacional puedan atacar a las fuerzas leales a Gadafi.

Lo anterior se puede catalogar como hipocresía o astucia. Primero niegan la exportación de armas, pero EE.UU. y Francia ya están planeando equipar militarmente a la oposición de Gadafi; además, se apropian del espacio aéreo, porque es mucho más seguro e inteligente atacar con Jets súper sónicos y feroces misiles que andarse matando con balas por tierra.

La memoria selectiva de Estados Unidos le hizo olvidar que en sus bancos aloja más de 30 mil millones de dólares al líder libio, dinero que ahora le congela. A Berlusconi se le paso por alto la inversión que hizo Gadafi en el equipo de fútbol Juventus. Inglaterra intento omitir el pequeño detalle de haber educado a Saif al Islam en el London School of Economics. Sarkozy prefirió enterrar las sonrientes fotos que tenía al lado de Gadafi y fue el primero en huir del lado de su “amigo” cuando la familia libia lo acusó de haber financiado su campaña política. Dinero que ahora exigen que se les reintegre por considerar a Sarkozy un traidor. Curiosamente fueron estos países los primeros y más vehementes en atacar al líder libio.  

Según Kristof “lo que llevó al presidente estadounidense a actuar con tanta rapidez fue la perspectiva inmediata de atrocidades masivas en contra de los habitantes de Bengasi y el este del país.” Dejemos de elevar a Estados Unidos al escalafón de héroe. Desde que Barack Obama incursionó en la guerra, está presionando  a la OTAN para que tome el liderazgo de las acciones militares en Libia. Obama se acobardó y empezó a sentir la presión de las críticas mundiales sobre las acciones que está tomando. Pero no se quiere alejar del todo porque sabe que si ganan, algo del botín que se reparta debe ser para ellos.

De hecho, como recuento histórico en la segunda guerra mundial EE.UU quedó como el gran salvador cuando realmente ellos llegaron al final de la contienda. En realidad, murieron más rusos que judíos. Rusia perdió más de 26 millones de hombres, Estados Unidos no perdió ni 300.000, pero al final fueron ellos los que se lograron posicionar como la primera potencia mundial.

Si la excusa de Estados Unidos y sus aliados, para ingresar a Libia, fue que estaban defiendo los derechos humanos lo mínimo que deberían hacer es respetar la vida de todos. Como siempre unos son los buenos y otros son los malos. Los benévolos rebeldes quieren ayudar al pueblo libio por eso los aliados y la ONU justifican sus exterminios. Que mentira, los rebeldes están asesinando gente, la coalición internacional también, pero el vació jurídico con la que los aliados iniciaron esta guerra no les ha permitido definir quienes son civiles y quienes no.

De acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dentro de los conflictos no internacionales o internos, los miembros de grupos armados irregulares, son civiles que pueden ser sometidos a juicio conforme al derecho penal interno y sólo ser atacados si han participado en hostilidades.  A resumidas cuentas pierden su derecho a la protección. 

Por ende si nos apegamos al juicio del CIDH, los rebeldes en Libia pueden ser calificados por Muamar Gadafi como sublevados armados y el líder estaría en su derecho de condenarlos y atacarlos.  Pero Estados Unidos decidió clasificar a los rebeldes de “civiles” que deben ser protegidos ante la crueldad de Gadafi. Es como si entran a Colombia y dicen que los Grupos armados subversivos están siendo atacados por el Gobierno. 

No estoy justificando a Gadafi ni mucho menos, pero tampoco le voy a alcahuetear la hipocresía a la coalición.  Que el derecho sea para todos o para ninguno, porque las leyes no se crearon para se usen como mejor les parezca.

Es cínico que la excusa de la protección de la vida justifique los bombardeos, los ataques marítimos, los asesinatos, etc. Obama afirmó que el plan es presionar con firmeza a Gadafi de modo que acabe renunciando.  Hasta que no le den caza a Gadafi y lo maten no va a terminar esta guerra, de lo contrario no habrían lanzado bombas sobre su casa en Trípoli. Lo más sensato sería darle un juicio internacional y culparlo por los crimines que ha cometido. Matándolo no solucionan nada, simplemente va a llegar otro en su reemplazo. Pero si la colación bombardea todo, es porque simplemente lo quieren dar de baja. 

Kristof asevera en su artículo que “si no es por esta intervención […] el mensaje a todos los dictadores habría sido que sí funciona la crueldad.” Me perdonará Kristof pero en esta guerra se está demostrando que la crueldad, los exterminios y los asesinatos son el único medio para apaciguar a los dictadores. Porque los aliados están pensando en todo menos en la protección y la seguridad de la vida humana.

Tatiana Ramírez Camargo

Sobreviviendo en la Jungla.

Entre la espada y la pared se encontraba el pobre gobernador Pinocho. En sus manos tenía al cerdo más buscado del triangulo del sur, el afamado Puerquísimo el Turco.  Dos de sus más amigos cercanos lo estaban solicitando. Por un lado estaba su camarada de toda la vida Águila Calvino, el cual lo pedía porque había estado contrabandeando hierbas peligrosas. Por otro lado, su vecino, el General Macaco lo requería por asesino; por tener mucha plata y no decir de donde la sacó y por convertir el dinero ilegítimo en legal. 

Pinocho miraba melancólico por el cristal de la ventana a su bella Legolandia. Estado que han transformado como han querido, pero que aún tiene piezas que lo sostiene. El muñeco de madera no sabía que decisión tomar. Caminaba de un lado a otro y, de manera constante, acariciaba su pelo negro intentando aclarar sus pensamientos.   

¿Qué debía hacer ante esta difícil situación? Entregarlo a Águila Calvino, a quien siempre le ha sido fiel, a quien le ha entregado su vida entera pero sin recibir nada a cambio o al General Macaco con quien en periodos anteriores ha tenido roces, pero ahora la necesidad los ha llevado a unirse de nuevo.

– “Tengo que pensar que es bueno para mí, para Legolandia”, meditaba Pinocho. “Por un lado si me retractó con el General quedaré como un farsante. Desde el año pasado le prometí que se lo entregaría, que la demora era terminar los tramites jurídicos”.

Pero el miedo lo traicionaba. El muñeco de madera consideró que lo más sensato era entregárselo a Calvino; sin embargo, en el instante que esa idea cruzó por su cabeza, la nariz de pinocho empezó a alargarse de manera desproporcionada. 

– “Es cierto”, grito, “que clase de barbaridades pienso. Águila siempre me ha utilizado a su antojo, me tiene vigilado por todas las bases. Y aparte de todo se niega a regalarme una firmita para que podamos vendernos los productos más baratos”.

Las relaciones entre Calvino y el General han sido pésimas. Por eso Puerquísimo era tan importante para Calvino. Pues él aseguraba tener en su poder videos, fotos, documentos que evidenciaban cómo los funcionarios del General se habían vendido para dejarlo contrabandear sin problemas. Era la oportunidad perfecta para que Calvino por fin hundiera a su némesis.

Pinocho consideraba que el juicio contra Puerquísimo El Turco no sería imparcial, tanto si lo enviaba con el General Macaco o con Águila Calvino. En cada caso, se ocultaría parte de la verdad sobre los delitos que Puerquísimo habría cometido. Las denuncias que recaían sobre Macaco eran fuertes y seguramente en el interrogatorio contra el Turco habría corrupción de por medio. A Calvino sólo le importa descubrir los crímenes que afectaban sus intereses.

– “El General Macaco no es el ser más querido entre los homólogos, pero esta decisión fortalecería mis relaciones con él. Así que en una relación costo beneficio es más sabio entregárselo al General. Es mejor normalizar las relaciones con él que mantener unas relaciones tibias con Calvino. Igual nadie me asegura que Águila me regale la codiciada firma”.

En Legolandia, se privilegian tres bases principales cuando algún animal líder pedía la cesión de un ciudadano. Primero, el país que lo haya solicitado primero se lo gana; segundo, la nacionalidad del imputado y, tercero, quién lo pida por haber cometido delitos de mayor gravedad se lo lleva.

– “Nada que hacer” pensó Pinocho, “El General Macaco se lo ganó, él me lo pidió primero y ha cometido mas fechorías en el Estado de mi vecino”

Pinocho salió radiante de su cuarto de hotel. El sol brillaba, la brisa movía suavemente las palmeras. Todo era perfecto. Sin dudarlo más, se dirigió a su cita con el General para confirmarle la decisión que desde el año pasado había tomado.

Tatiana Ramírez Camargo

Colombia el segundo país más feliz del mundo

La falta de información y el olvido es la materia prima de nuestro país. Los familiares de las víctimas de la guerra colombiana nunca terminan su duelo pues la mayoría de veces, no vuelven a saber nada de sus familiares secuestrados o porque nunca encuentran el cuerpo de su pariente. Y el resto de los habitantes de la nación después de  5, 10, o 15 años nos enteramos de los crímenes que se cometieron.

Recuerdo que en el 2006 la organización británica happy planet index (el índice de felicidad del planeta) reveló un informe de los países más felices del mundo. El estudio se basaba  en una comparación entre los siguientes indicadores: esperanza de vida,  bienestar social e individual de la gente y eficacia ecológica del país. Colombia ocupó el segundo lugar después de las islas Vanatua (océano pacifico).

Un año después el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan midió el grado de bienestar subjetivo en 97 países. Para esta ocasión Colombia consiguió el tercer puesto, según resultados de esta encuesta se determinó lo siguiente: “En las sociedades subdesarrolladas, el estudio muestra que la felicidad de estas comunidades está estrechamente vinculada con la solidaridad del grupo, la religión y el orgullo nacional”.

Para el 2009 Colombia bajo al sexto lugar en el índice de felicidad del planeta. Detrás de Vietman pero antes de Cuba.

Claro, los resultados expuestos anteriormente representan una ironía para las personas que han vivido casi 50 años de historia de violencia de nuestro país. Para otros estas conclusiones son un símbolo de orgullo, que a pesar de tanta violencia podemos ser felices. Los publicistas de Colombia es pasión no podrían estar más eufóricos con estos resultados.

Realmente desconozco a quién estaban entrevistando para basarse en tales resultados. Si los entrevistados hubieran sido las víctimas de la violencia dudo que el resultado hubiera sido el mismo. Entonces qué será lo que sucede, ¿realmente somos felices o estamos innecesariamente mal informados?

El periódico El Tiempo publicó un reportaje acerca de las fosas comunes en Colombia titulado “Colombia busca a 10.000 muertos”. La mayoría de los entrevistados lo único que pedían era conocer donde estaba el cuerpo de su padre, hermano, hija, sobrina. Pastora Mira, una de las entrevistadas, relató que “Cuando uno engendra, cría un hijo y sufre esto, comienza un disco en la vida que sólo termina cuando lo puede enterrar. El mío todavía no hace sino girar y girar”. A su hija Sandra la tomaron las autodefensas y se la llevaron al monte y nunca más volvió a saber de ella.  

El artículo 4. Derecho a la verdad, la justicia y la reparación, de la ley de justicia y paz dice lo siguiente: “El proceso de reconciliación nacional al que dé lugar la presente ley, deberá promover, en todo caso, el derecho de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación”. Sin olvidar que también son ciudadanos colombianos y seres humanos, y por ello se les debe la otorgación y respeto de sus derechos fundamentales.

En nuestro país la única solución para las víctimas es dejar todo en el pasado, aunque no por deseo propio sino por falta de colaboración del gobierno. Priscilla Hayner, directora del Programa de Paz y Justicia de la Oficina de Ginebra, en su texto, “Enfrentando crímenes pasados y la relevancia de comisiones de la verdad”, afirma que lo peor que puede suceder es que el conflicto quede en el pasado. Si se entierra el pasado se da una impunidad.

Sin embargo, ¿Que se puede hacer? Informar a las personas de la cantidad de atrocidades que pasan en el país, que los autores de los crimines realicen un debate público en donde pidan perdón y expliquen todos sus crímenes. Podría ser, pero este país, Colombia, no sufre problemas de felicidad o de tristeza, el problema es más profundo, acá realmente se padece es de mala memoria e ignorancia.

Tatiana Ramírez Camargo

 La lengua viperina del humor. Tatiana Ramírez

 Que se puede decir del contenido de nuestra televisión, que es mala, que es buena, pero bajo que fundamentos. Para Adorno la televisión “cumple un papel ideológico en cuanto sistema de reproducción de la realidad” Asumiendo que esto es cierto, de que manera nos puede afectar un programa de entretenimiento como También Caerás, en donde su formato central es la burla del dolor ajeno y el refuerzo de estereotipos.

Iniciemos explicando el programa, son dos horas llenos de chistes malos y bromas pesadas ¿cómo lo sé? Tuve que verlo. Estos “chistes” están basados en resaltar regionalismos o tendencias sexuales; es decir, el típico pastuso, costeño, homosexual. Lo que realmente están logrando es reforzar un concepto popular, del pastuso ignorante y del homosexual (que al parecer sólo puede ser hombre) sobre amanerado. Lo que logran es disminuir la conciencia de la persona al hacer que el individuo tome como verdadero lo que ellos presentan.

 La siguiente parte del programa está llena de cámaras escondidas y concursos. En pocas palabras es una burla del mal ajeno. Hacen pasar a las personas el peor día de sus vidas, las preocupan, las hacen sufrir y finalmente les dan una compensación económica o reconocimiento televisivo. Se aprovechan de la necesidad y de la amabilidad de la gente para burlarse de ellos.

Es tal la seguridad del equipo creativo que saben, que las personas están dispuestas a hacer el ridículo con tal de recibir dinero. El problema no es que la gente acuda a ellos, pero es evidente que si hay una familia que no puede pagar los servicios públicos, va aprovechar la oportunidad que se le presenta de ser sometida a bromas con tal y le paguen sus facturas.

La mayoría de las veces, si no es siempre, sus bromas o concursos van dirigidos a sectores populares porque suponen y refuerzan que las personas de estos estratos son manipulables e impresionables con una cámara (los niños animados saltando detrás del presentador) y dinero. Generan la impresión de que las individuos provenientes de clase baja, reaccionan de una manera más explosiva y, para ellos, más divertida ante las bromas de lo que lo harían los estratos altos. Las personas pasan de ser individuos a objetivos que van a generar rating mientras más entretenido sea su comportamiento, ira, dolor, miedo, sorpresa…  

No generan un nuevo tipo de comedia. Ellos se adaptan al status quo de la persona y lo recalcan para que se quede en un estado de conformismo. En donde el individuo acepta todo sin juicio alguno. El espectador sólo se quedan observando como se le va a jugar una mala pasada al otro con el fin del regocijo propio o colectivo. Ninguno se atreva a ayudar a los demás, por qué, debido a que o no es su problema o ante la vista de los demás quedaría como el aguafiestas, es más sencillo conformarnos con la desgracia ajena a ayudar.

El mensaje televisivo como lo expone Adorno “solo puede comprenderse a través de las formas culturales y las competencias de los espectadores” Un chiste para un asiático no puede o no va a ser igual de divertido para un colombiano. El humor, como el contenido televisivo, se genera dentro de la cultura y debe ser masivo para lograr ser entendido; es decir, el tipo de comedia que También Caerás produce es la reproducción de nosotros como colombianos. Por algo ha durado tanto en la franja televisiva porque ningún canal privado deja los programas si no venden como producto. Del mismo modo, no crean una nueva comedia solo refuerzan lo que nosotros consideramos parte de nuestra identidad como colombiano. Nuestra diversión se basa en el mal ajeno y el refuerzo de los estereotipos o quien no ha contado u odio el chiste de “esta un pastuso, un costeño y un cachaco en un avión……

Tatiana Ramírez Camargo

COLUMNA NUEVA

Que alguien me explique, ¿Qué carajos pasó con La Calle?   

Reemplazar la limosna por un trabajo productivo fue la propuesta con la que se fundó la revista La Calle. Una modalidad de comunicación con la que Bogotá logró unirse a un éxito global de revistas urbanas. Sin embargo, para mi tristeza, la revista dejó de funcionar y me dejó con la amarga desesperanza de creer que en Colombia es imposible organizar medios alternativos. 

La Calle fue una publicación mensual creada por el Ingles de 27 años Henry Mance. El objetivo fundamental para Henry era crear “una muestra de lo que es posible hacer […] ofrecer una alternativa digna a pedir plata o a estar en las calles” para ello los vendedores  compraban cada ejemplar a $300, y lo ofrecían a $1.500. No obstante, lo que ganaban dependía de la cantidad de ejemplares que vendieran, pues no eran empleados de la revista y no tenían un salario fijo.

En Colombia ya se habían dado otros intentos con revistas como, Hecho en Cali y Caminante, pero las dos tuvieron que cerrar.  Y ahora Mance también tuvo que clausurar. 

Me enteré de este desafortunado evento por una anciana que estaba vendiendo La Calle cerca de la Universidad Javeriana. Le compre una vieja edición que estaba ofreciendo y me contó que la revista dejó de funcionar pero que no sabía el porque. Cogí mi revista decepcionada y seguí mi camino. 

“Creí que iban a durar” pensaba. Recuerdo que Henry me contó que las previas experiencia de Hecho en Cali y Caminante lo habían ayudado a no cometer los mismo errores y  a tener ideas más concisas acerca de cómo sobrevivir en este feroz mundo de los medios de comunicación.

La idea de La Calle se basó en el concepto de una revista inglesa llamada The Big Issue la cual ya lleva 16 años de trabajo. De igual forma, cabe resaltar que es un modelo de revista que ya es trabajado con éxito en más de 30 países como, Estados Unidos, Argentina, Japón, etc.

Los beneficios que tiene la implantación de revistas que ofrecen ayuda social, son variados. Para Claudia Gonzales, la excoordinadora del área social era “Ayudar a la población vulnerable y sensibilizar a la humanidad con los problemas que quieren tapar”.

Los contenidos que traía la revista eran variados, por un lado, trataba temas urbanos, crónicas, artículos de opinión y por otro, exponía la vida de los vendedores no con el fin de despertar lastima en los lectores, sino con el objetivo de ver al indigente como un igual, que busca superarse y salir adelante como cualquier ser humano. 

Al saber la noticia de que ya no había más Calle me acordé de Jaime*, un ex profesor de castellano que debido a una explosión en su casa había quedado en la indigencia “la revista me ha salvado de quedarme en la calle (además) está proyectada a la superación y ante todo, está favoreciendo, salvando a muchas personas.” 

¿Qué habrá sido de Jaime? ¿De los otros vendedores?, ¡de Pajarito! una graciosa mujer que silbaba como un canario, una mujer verraca que estaba agradecida por la oportunidad de trabajo que le ofrecía la revista.   

¿Qué pasó? ¿Henry volvió a Inglaterra desalentado de la realidad bogotana? ¿hubo un boicot de los trabajadores? Sé que mantener una revista sin ánimo de lucro no es sencillo. Por eso cuando tuve la oportunidad de conocer al personal de La Calle me sentí orgullosa de que hubieran personas dispuestas a trabajar sólo por el placer de ayudar a los demás, sin recibir ningún beneficio económico a cambio.

Aunque el objetivo de la revista era claro y positivo aún faltaba que se expandieran más pero, ¡carajo!, daba orgullo que hubieran personas en los medios preocupados por algo más que el dinero. Tal vez no me enteraré en un futuro cercano de qué fue lo que realmente los llevó a cerrar. Ojala algún día me encuentre por la calle a Henry o Pajarito para que despejen las dudas en mi cabeza, por que de momento me quedé con la desazón de sentir que sin la plata nada funciona.

* Nombre cambiado

Tatiana Ramírez Camargo.

CRONICA AUDIO

 

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