Daniella Randazzo 4 columnas mejoradas

por La hora del escarnio


Por: Daniella Randazzo

El Tsunami de Sami

Por estos días corre un chiste que llega a través de Twitter o blackberry y que dice: “un Japonés llega al aeropuerto de Bogotá, va a la calle 26 y se desplaza por la autopista; aterrado pregunta: ¿Tsunami? Y le contestan: no, Sami.”

Y es que mientras en Japón afrontan la tragedia que dejó un terremoto de 8.9 grados de intensidad y un tsunami que deponen un cataclismo sin precedentes en el cual se apunta a los 10.000  muertos y 600.000 evacuados, los bogotanos tenemos que lidiar con nuestro alcalde Samuel Moreno que ha hecho de las vías y la movilidad un completo tsunami. No solo le bastaba con el problema que tuvo que afrontar en el mal manejo de las obras de la calle 26 por parte del grupo Nule, sino que encima ahora se quiere meter en otro verdadero inconveniente: la construcción del Transmilenio por la carrera séptima.

El pasado 3 de febrero Samuel aseguraba que el inicio de las obras se efectuaría desde principios de marzo porque en realidad la obra debía hacer empezado el 27 de diciembre, pero que se detuvo por el invierno y la adaptación de nuevos accesos viales a la capital. Frente a estas declaraciones circulaban carteles de “no al trasnmilenio por la séptima”, candidatos a la alcaldía de Bogotá como David Luna, se oponían asumiendo que la idea era “mediocre e improvisada”, el concejal del partido verde, Antonio Sanguino criticó el proyecto como una “verdadera chambonada”, el presidente del partido liberal, Rafael Pardo calificó como un adefesio romper la séptima para meter el transmilenio, estos son solo algunos de los muchos comentarios desfavorables que se generaron por parte de políticos, especialistas y de la comunidad en general sobre la construcción de esta obra.

Sin embargo, a Samuelito el plan le salió por la culata, el grito que se oyó en el cielo ante la desesperación de los citadinos, quienes preparan marchas a través de las redes sociales para el 23 y el 28 de marzo en protesta del alcalde y de sus “planes”, fue escuchada por nuestro presidente y en una reunión efectuada entre este y Samuel, Santos pide aplazar la construcción del transmilenio por la séptima, por razones, que parece que Moreno aún no ha entendido: las complicaciones que puede sufrir la movilidad en Bogotá.

¿Qué parte de esa oración compuesta, cuyo significado viene dado explícitamente no ha entendido nuestro alcalde? Que la ciudad colapsaría ante la realización de su proyecto, no es un secreto, ni mucho menos un algoritmo sin resolución, es una constante en el razonamiento de todos los que SI USAMOS diariamente el transporte público y sabemos lo que significa que haya una obra, un mantenimiento, un accidente, un varado y un mal clima a horas pico en Bogotá. Si por estos factores con los que ya nos ha tocado convivir desearíamos salir corriendo en medio de gritos de desesperación, cómo sería enfrentarnos a un nuevo hecho que además de cerrarnos el paso, nos haría buscar rutas alternativas. Me preguntó yo: ¿Si todos buscáramos las mismas rutas alternativas algo monstruoso no sucedería? Ahí le dejo esa duda señor alcalde.

 

Por : Daniella Randazzo

Colombia: un país en el que TODO sucede.

Por estos días me encontré con una columna: ¡”Qué país de mierda”!, me resultó impactante el título por la agresividad que contiene y por ello decidí leerla. Era de Felipe Zuleta Lleras y no estaba publicada por el periódico El Espectador, medio en el cual  semanalmente escribe columnas que han resultado polémicas, sino en la revista digital Kien&Ke.

En su columna Zuleta hace una crítica despectiva de los periodistas y de los medios de comunicación por tratar temas según él “banales”, como el atropello de un buey en Bogotá, la muerte del hipopótamo Pepe, la tortura de una perrita por parte de unos policías y la pateada del jugador panameño a una lechuza que apareció en pleno partido de futbol en Barranquilla. Para Zuleta estos temas cobraron más importancia en su momento que el asesinato de la juez de Tame, Gloria Constanza Gaona, asesinada por llevar el caso de un policía que violó y asesinó a unos menores de edad.

Si al señor Zuleta le parece que Colombia es un país de “mierda”, que sea consecuente, entonces, con lo que dice, pues dentro de su opinión cabría resaltar la gravedad que tiene los actos de maltrato de animales que se están produciendo en Colombia, que constituyen un fenómeno atípico ; Y con esto no estoy diciendo que se deba olvidar o dejar en la impunidad la muerte de la juez o los casi tres mil jóvenes asesinados llamados “los falsos positivos”, sino, que se debería es analizar la razón por la cual hoy en día en nuestro país las noticias ya no solo están inundadas de atroces e injusto asesinatos de personas y ahora también de animales.

¿Y quién le ha dicho a usted que a nosotros los colombianos nos importan más las peleas del ex presidente Uribe con quienes se le oponen que todos los escándalos que salen a flote a diario? ¿Puede usted generalizar y hablar de “todos” cuando en su columna no está presentando ninguna prueba que valide lo que dice? ¿Si para usted los medios de comunicación, como El Tiempo,  no le están dedicando páginas enteras a los casos que usted menciona, por qué no le pregunta a los medios para los cuales trabaja lo mismo?

Es fácil culpar a los demás y difícil observarse a uno mismo.

Si le parece un país de mierda, creo yo que debería ser usted el primero que denuncie en cada una de sus columnas los actos terribles que se cometen y no ponerse a juzgar a los medios de comunicación cuyo trabajo es informar a los ciudadanos de todo lo que acontezca, ya sea “banal o no”,  pertenece al interés particular de cada persona y cada una tiene la libertad de decidir  que noticias seguir, finalmente los medios de comunicación son solo un canal no un fin.

Quizá todo lo que sucede en este país es grave y por ello todo se debe cubrir y discutir; Y quizá por eso acabamos hablando también del buey y la lechuza. País de mierda que es responsabilidad de USTED y todos los colombianos!

 

Por: Daniella Randazzo

El corrupto más ladrón de todos.

Popularmente hay un dicho que dice: “más rápido cae un cojo que un mentiroso” y en la mayoría de los casos este dicho actúa perfectamente, sin embargo, en toda regla hay siempre una excepción y en este caso podría ser nuestro querido país Colombia en donde se debería reconsiderar el dicho por uno que se le adaptara mejor, como por ejemplo: “más rápido cae un cojo que un ladrón”. Eso sí, menos mal siempre queda el que dice: “más vale tarde que nunca” porque eventualmente el mentiroso y el ladrón caerán.

En nuestro país, tarde, lentamente, pero al fin, el mentiroso fue cayendo por ladrón, o como lo llamaríamos más a lo colombiano: por corrupto. Este  corrupto logró interpretar diferentes actuaciones y hasta se convirtió en un personaje público controversial que despertó grandes polémicas. Supo ser un político, un policía, una empresa privada, un carrusel de la contratación, un hijo de un presidente, un senador, un director(a) de instituciones públicas, una notaria, un alcalde y ahora su más reciente actuación lo ha coronado dentro del “top del top”: la encarnación del personaje del sector público de la salud de los colombianos.

Con un billonario desfalco del cual apenas se han analizado el diez porciento de la decena de métodos utilizados para la defraudación (la suma supera ya los 4,5 billones de pesos), el personaje corrupto que encarna al sector público de Colombia se ha convertido en el mayor descaro con el que debe lidiar un país que ha sido de Latinoamérica el que más dinero le ha invertido a cuestiones relacionadas con la salud, en términos del PIB. Si no es por las constantes denuncias de ciudadanos molestos por la negligencia, falta de atención y de medicamentos por parte de las EPS, hubiera sido difícil conocer que en Colombia el sector de la salud el cual tiene como deber garantizar el bienestar de los ciudadanos en términos de un principio y un derecho que le es suyo: la seguridad social.

Esta seguridad social que todo ciudadano debe tener está obligada a atender al paciente con respeto y dignidad, pues es una entidad del Estado que depende de él. El artículo 93 de la constitución colombiana dice: “no se podrán destinar ni utilizar los recursos de las instituciones de la Seguridad Social para fines diferentes a ella”. Por lo tanto, haber hecho recobros por medicamentos, pagos a nombres de personas que no existían y cobros a otras que nunca recibían los tratamientos conllevó a que los altos funcionaros de ésta entidad se enriquecieran, violando así un principio de nuestra constitución y atentando contra la vida de enfermos terminales que nunca recibieron los medicamentos a los que tenían derecho.

El último personaje que encarna “el corrupto” es más ladrón, pero sobretodo, es más criminal que ningún otro. Jugar con la vida de decenas de personas por la avaricia y la codicia es un crimen que debería ser castigado fuertemente. ¡Cadena perpetua para el corrupto criminal!

 

Por: Daniella Randazzo

 

LA RIQUEZA DEL INSULTO

 

INSULTAR; vilipendiar; agredir; ultrajar; denigrar; humillar; despreciar; deshonrar, que milagro seria, siendo humanos, no tener que hacerlo, a pesar de estar condenados a soportarnos y a entendernos en un mundo lleno de saltimbanquis; rednecks; traquetos;  santos y terroristas. Sin embargo, (aunque no es una buena costumbre) es el mejor camino para evitar actuar como los animales que no solventan sus diferencias insultándose, sino, que se agreden directamente.

 

Dicen que insultar es feo, pero creo que en todo caso son mejores las palabras que el contacto. Basta con echar un vistazo a las chiripiorcas y las tremendas chupamelculos que se arman entre algunos (ignorantes), que ni con una jerga precaria logran hacer un buen uso de la palabra para derrotar a su enemigo y tienen que recurrir como viles rupestres a darse en la jeta. Ellos no saben que el insulto es un arte propiamente humano, poderosísimo y digno de ser usado, que vale más que cien palabras y golpe que duela.

 

¡Un hombre que tenga palabra y no la sepa valer no es nadie¡

 

Insultar es todo un acto comunicativo. Es una técnica gestual y lingüística. No basta el “que”  sino el “como”, es decir, no basta con echar la madre y ya, sino, que la improvisación a partir de la experiencia y la labia son necesarias en cualquier momento y más en uno que realmente amerite la insultada: “Cabrón”, “puta”, “perro”, “malparido” son palabras redundantes y clichesúdas que por ende pierden toda fuerza en el objetivo, sino se les da el tratamiento adecuado. Así como en las buenas costumbres el refinamiento de la persona sale a relucir, a la hora de insultar debería suceder lo mismo, pues para eso existen cerca de dos mil expresiones del castellano registradas en el diccionario de la Real Lengua Española. Entonces: ¡Lea, educase, aprenda! No sea de esos que todavía no logran hacer uso de ellas ni siquiera para insultar a cualquiera porque en ese caso le tocará recurrir a los golpes que de verdad duelen menos que un “hijueputa”.

 

¡Por eso no se deje engañar¡ si alguien lo insulta  abra los ojitos y límpiese BIEN los oídos que posiblemente, aunque intentaron, no lograron insultarlo. Y si no se da cuenta por usted  mismo quedará el doble de  guevon  por dejarse meter los dedos en la boca de otro guevon.

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