Giselle Bernal – 4 Columnas + nueva + columna en audio

por La hora del escarnio


Columna en Audio. Desigualdad y pobreza: nos definen

COLUMNA NUEVA

Por: Giselle Bernal Serrano

Los colombianos si hacen empresa, si tienen trabajo… ajá

Los colombianos son emprendedores, eso es claro. Un colombiano nunca se quedará “estancado” ante la falta de empleo o los bajones de una economía que claramente beneficia a los más grandes.

Ahora bien, ese emprendimiento se ve reflejado en el interés de creación de empresa. En el primer semestre de 2010, se crearon. 1.469 empresas, y según Bogotá Emprende, 92% de la población cree que el emprendimiento es una carrera valida y deseable, el 67% considera que el país ofrece buenas oportunidades para crear una empresa.

Pero, ¿será que son las empresas que se crearon para tanta corrupción? ¿Esas tantas empresas, tal vez, podrían ser las de los Nule?

Para el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, de nuestro país, la creación de empresa y generación de riqueza a través de estas, si es viable. ¿Cómo?: Sí se consolida la capacidad productiva, se propicia una mayor dinámica económica, se fortalece la iniciativa privada y la capacidad emprendedora de las personas, en otras palabras, si se realizan las acciones conducentes a que hayan más y mejores empresas en cada rincón del país.

Pero, ¿si se están haciendo?

Colombia necesita generar verdadero capital social por medio de la actividad empresarial, para lo cual requiere muchas más personas sensibilizadas y orientadas hacia el quehacer empresarial, que inviertan, que innoven, que compitan, que produzcan, que generen riqueza, para mejorar la calidad de vida de la población.

Pero, ¿si es posible con la educación promedio que tenemos en este país?

Por otro lado, en nuestro país, las mujeres crean más empresas por necesidad que los hombres, según ‘The Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2007 Report on women and Entrepreneurship Released’, que en Colombia hacen la Universidad de Los Andes, la Javeriana de Cali y la Universidad del Norte, en Barranquilla.

Pero, ¿no será que las mujeres son las que tienen menor oportunidad laboral en Colombia y según el Dane, 30 de cada 100 no consiguen trabajo?

Sin embargo, el gobierno cree que en materia de empleo el país va por un buen camino… Ajá.

4 COLUMNAS

1. Columna

Por: Giselle Bernal Serrano

Una obra olvidada

Por estos días cuando tanto se habla del carrusel de la contratación, Bogotá parece olvidar el resto de obras que se están ejecutando. Y una llama la atención, no sé si por ser la más olvidada, o tal vez la más apartada, o de pronto la que varios aseguran que no afecta a la ciudad; pero después de pasar y observar la verdadera situación que soportan quienes viven y trabajan cerca a la obra de extensión de la troncal de Transmilenio que va desde la Despensa hasta Soacha, más específicamente hasta el sector conocido como tropezón, la percepción puede cambiar.

La entrega de este primer tramo ha sido aplazada más de 3 veces, desde cuando se decía que sería en marzo de 2010 hasta la última que se conoce por declaraciones del Gerente de la concesión Bogotá – Girardot, Mario Dib, que será en diciembre de este año 2011. Sin embargo, los futuros beneficiados creen que seguirá pasando el tiempo.

Hace más de 10 años se iniciaron los diseños y la planeación, hace 4 comenzaron las adecuaciones de la autopista sur para la operación del Sistema Transmilenio; hace 2 la concesión empezó a trabajar en forma  y justo desde ese tiempo se incrementaron los problemas de la población de esta zona de la ciudad.

Se empezó a romper los andenes, y la carretera que funciona como la salida hacia Girardot. Primer problema: los comerciantes se vieron afectados por el barrial frente a sus negocios, y los clientes escasearon. Luego, se colocaron lonas verdes para delimitar la obra. Segundo problema: se agravó la inseguridad y se presentó un gran número de atracos.

Más tarde, mientras la obra avanzaba y la ola invernal causaba emergencias, salía a la luz pública el ineficiente sistema de alcantarillado de Soacha. Tercer problema: Sufrir absurdas inundaciones, que afectó desde casas muy pobres, construcciones de nuevos edificios, hasta al nuevo Centro Comercial Mercurio y Carrefour. Ahora, sin dejar atrás, el problema más visible, los interminables trancones, que no sólo en hora pico, debían soportar los transportadores.

Cuando le pregunté a Mario Dib si la obra se encuentra actualmente detenida, respondió que no, que se está trabajando y que no hay retrasos. Pero la verdad es que cualquiera que tenga ojos puede darse cuenta que la obra no avanza, sigue siendo un barrial y los problemas de inundación y trancón son una actual realidad.

Por estos días, la Empresa De Acueducto De Bogotá está haciendo un sistema de drenaje para el alcantarillado, cuando le cuestioné a Andrea Martínez Yepes, funcionaria de la entidad, si hace parte de la construcción de los colectores que tienen retrasado el Transmilenio, me respondió que nada tenía que ver. ¿Entonces, quién se preocupa por lo que tienen que soportar los habitantes del sur de Bogotá, quién se atreve a decir la verdad de esta situación? Creo que nadie. Solo unos pocos a quienes nos llaman quejetas.

2. Columna

Por: Giselle Bernal Serrano

Cartagena: una ciudad pasiva, sin autoridad.

“Cuando en Cartagena el transporte público sea un servicio decente y eficiente pagaré los 1.400 pesos del pasaje, mientras el pequeño billete de 1.000 es suficiente”

No comprendo todavía porque los habitantes de la ciudad de Cartagena al usar el transporte público soportan que el conductor se desplace a una velocidad – exagerada, mientras llega al reloj de control , y luego continúe  tan despacio, – de 15 a 20 km/h. Como pasajeros simplemente van sentados, como si fueran seres inertes, otros van de pie, y unos encima de los demás, y tan sólo cuando alguien toma el valor de quejarse, el conductor responde con grosería e ignora los comentarios.  Lo más impresionante que he visto es como se forma un trancón en un semáforo en verde, cuando las busetas simplemente no quieren acelerar.

Esa es sólo una de las variadas situaciones que se vive en la ciudad de Cartagena al tomar una buseta de transporte público. Cartagena definitivamente es una ciudad que se pasa de folclórica, precisamente porque los mismos gobernadores y autoridades se hacen los ciegos y sordos frente a este problema, que algún día tendrá su última gota.

Es inaceptable que los conductores sigan creyendo que les hacen un favor a los pasajeros al recogerlos en su buseta. No parecen tener conciencia, y quién sabe si les interesa, saber que es un servicio público, un oficio en pro de la comunidad que necesita transportase de un lugar a otro.

Porque simplemente manejar una buseta es uno más de los rebusques de esta ciudad, por esta razón es urgente que los capaciten de verdad, que les exijan uniforme y aseo, pasado judicial, y que se estime una edad mínima, porque ya cualquiera que crea saber mover un timón y pisar un acelerador es conductor, una profesión que finalmente implica un alto grado de responsabilidad, que muchos olvidan o ignoran.

Yo creo que los llamaría los heroicos, porque hasta ahora, afortunadamente, no se ha presentado un caso grave de accidente por la falta de conciencia de estos personajes, que cuando no van a paso de tortuga, se creen manejando un Formula Uno.

Nada más, hace unos 5 años subirse a una buseta común en Cartagena era relajado, un casual recorrido de 10 a 15 minutos, desde el Pie de la Popa hasta el Centro Histórico, empezaba a un costado de la Iglesia de la Ermita, entiéndase que no había paradero, sólo un murito de concreto improvisado. En unos pocos minutos pasaba la buseta, y luego en la ventana una hermosa vista al mar, para bajarse se decía parada.

Hoy al tomar la misma ruta, todavía no hay paradero, y menos el murito de concreto, esperar no es una opción, es una obligación de más de 20 minutos, cuando por fin se digna a pasar la buseta de Zaragocilla / Bocagrande, no sólo Sara goza con la boca grande que canta champeta a todo grito, sino que además, al llegar a la curva cercana a la India Catalina, se convierte en un mercado ambulante de chiclets, agua y Big Cola. Y si algún despistado pensaba llegar a Bocagrande, gran error, la ruta fijo… tiene pico y placa y sólo puede llegar hasta el centro, hasta el centro; para bajarse debe gritar e implorar que lo acerquen al andén.

Pero creo que lo peor no es esto, sino la falta de seriedad de las autoridades que mediante el decreto 0010 de enero del 2011 la Administración Distrital fijaron las tarifas para el servicio público colectivo de pasajeros, las cuales subieron $100 pesos; y seguro ellos nunca han tenido que utilizar el maravilloso servicio.

Con qué motivación un cartagenero paga desde 1.400 hasta 1.500 pesos – porque el servicio de lujo cuesta $1.800, pero ellos se atreven a colocar un letrero de promoción-  si son prácticamente chatarras y ordinarios medios de transporte los que circulan por las pocas vías de la ciudad. No se compara un Metrocar con un Sidauto grande de Bogotá que si cuesta lo mismo que una buseta, y presta un excelente servicio recorriendo grandes distancias.

Cuando en Cartagena el transporte público sea un servicio decente y eficiente valdrá la pena los 1.400 pesos del pasaje, mientras el pequeño billete de 1.000 es suficiente. Hace unas semanas ya tuve mi primer encuentro de diferencias con un “sparring” (ayudante de la buseta).

Y es que no quiero apresurarme, tal vez nada es suficiente para la hermosa Cartagena, pero cuando por fin llegue el TransCaribe, quien sabe que tanta será la comodidad de subirse a empujones para pelear por una silla, tener que aguantarse la gritadera, el sudor de la persona de al lado- no confío en el aire acondicionado-, no faltará el que extrañe escuchar su vallenato, balada o champeta a todo volumen y saque su Ipod en forma de radio convencional; ¡ah! y el que diga groserías y se queje porque no le abren la puerta o no lo dejan cerca del lugar al que se dirige; y es que va a ser difícil para los cartageneros – lo ha sido en Bogotá todavía después de 10 años – que no lo dejen en la puerta de su casa, o en la esquina en la que necesitaba bajarse, porque van a tener que caminar; y también cambiar la cultura del facilismo, porque el problema no es sólo de los conductores, sino también de la ciudad en general: una ciudad pasiva, sin autoridad.

3. Columna

Por: Giselle Bernal Serrano

Cuando ya haces parte, vales nada.

 

La terrible atención al cliente de las empresas de telefonía celular en Colombia, sorprenden a cualquiera, especialmente hablando de Tigo y Movistar.

Y es que definitivamente el mercadeo les funciona, saben cómo ganarse los clientes, pero parece que las estrategias siguientes de estas empresas no convencen permanecer con el servicio.

Tigo, la telefonía como debe ser, falla en algo primordial: la comunicación efectiva de sus asesores, y es que cuando se recibe información en esta empresa sobre planes, productos, reposiciones, modelos y precios de equipos todos tienen versiones diferentes en un mismo día, en diferentes puntos; confunden al cliente y terminan por aburrirlo y tentarlo a irse a la competencia.

La filas son interminables para hacer reclamos, y hasta para comprar, que me parece lo más inaceptable.

Hay oficinas de Tigo en Bogotá que ofrecen comodidad a sus clientes, son amplias, tienen varios módulos con sillas, y la atención es por igual si usted es cliente o va a comprar por primera vez, pero en algunas otras ciudades, como en el local del centro comercial Caribe Plaza en Cartagena, creo que no les alcanza el presupuesto sino para alquilar un local de 10 metros de largo por 5 de ancho, aproximadamente, prácticamente un corredor.

En Movistar me parece más curioso que al dividir su local en ventas, pago y atención al cliente, el espacio más cómodo es el destinado a la compra, hay dos sillas frente al asesor, y atienden de la mejor manera, con muy poca espera, y sin necesidad de hacer una larga fila previamente.

Ahora, cuando la persona ya ha comprado y se da vuelta y fija la mirada en la zona de atención al cliente se encuentra con una ambiente totalmente diferente, se debe hacer una cola interminable, la espera en unos puff (sillas sin espaldar) en donde estará alrededor de dos horas pensando si es mejor acostarse para evitar el insoportable dolor de espalda; y cuando, por fin, aparece su turno en la pantalla le atienden estando de pie y aguantándose las risitas y comentarios que los asesores hacen entre ellos.

Movistar y Tigo invitan a su comunidad en cada publicidad que difunden, pero ¿a quién le gusta pertenecer a una en donde existen clausulas incoherentes, precios exagerados, condiciones sin lógica común, y no hay conciencia de respeto y servicio?

No hablo de Comcel simplemente porque me parece que es la compañía menos capacitada en atención al público, y además la más excesivamente cara, donde un minuto entre el mismo operador cuesta $300 ¡increíble!

Hace algunos meses, la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) inició la implementación de un mecanismo estadístico que permite reportar trimestralmente los resultados de los estándares de atención de quejas y reclamos de las empresas operadoras del servicio móvil en el país. Este instrumento las obligará a mejorar la calidad del servicio a los usuarios.

Mientras tanto, es desesperante saber que cuando se tenga dudas, o suceda algo con la factura, hacer el reclamo será un dolor de cabeza, sea cual sea la compañía celular que usted eligió.

4. Columna

Por: Giselle Bernal Serrano

Hombres que usan accesorios de mujer y no son gay

No soporto ver un hombre que se quiera vestir con accesorios de mujer. Punto.

No soporto no entender si es gay, travesti, transexual, o simplemente un hombre al que le quedó gustando llevarle el bolso a la novia. Y es que no soporto aún más que se peinen de una forma no convencional, y que su lenguaje corporal sea propio de una loba.

La moda ha cambiado en los últimos años, ya son normales muchas tendencias. Pero de esta que hablo no he podido encontrar suficiente información.

Varias veces en la universidad o en la calle he visto hombres que tienen rapada la mitad de su cabeza, y la otra mitad la peinan de la mejor manera posible, se visten con bufandas femeninas, pantalones y camisetas de mujer, muy ceñidas al cuerpo. Y lo que más me llama la atención el bolso de mujer en el hombro.

Y me pregunto, ¿ya existirá alguna forma de identificarlos, de llamarlos, de clasificarlos dentro de la moda? Porque son muy fashion, eso sí, y cuando los he visto caminar se creen Tyra Banks en pasarela.

Tal vez si exista un término que los determine, todavía no he podido saber si es Andrógino, que son las personas cuyos rasgos o apariencia física son ambiguos entre lo masculino y lo femenino. O si tal vez será Cross dresser, que es alguien que ocasionalmente lleva la ropa asociada con el otro sexo y en ninguno de los casos es necesariamente homosexual.

Pero lo que si me di cuenta, luego de colocar una pregunta en mi Facebook y Twitter es que la gente los considera unos “tapados”. Y muchos se preguntan si será un pre del homosexualismo. Así mismo, pueden llegar a ser confundidos con los metrosexuales, pero creo que están muy lejos de serlo, porque la verdad aunque muy fashion quieran ser, para mí no se ven tan bien.

Molestan un poco a la vista, más que un travesti que uno sabe que se viste y actúa así, porque entendemos que es travesti, pero el problema con estas personas, a las que me refiero, es que no sé dentro de qué grupo urbano o tendencia están, y me gustaría conocerlo. Bueno no sé si seré la única desocupada que le preocupa saber porque se visten así, pero creo ante todo la tolerancia debe ser lo primero. Por eso cuando los veo, sólo pienso, ¡wow ese bolso me gusta!

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