SOPITAS DE TINTA Por Dina Hernández (Columna nueva)

por La hora del escarnio


Los dones no bajan del cielo. Después de décadas de turbulencia, por fin se aprueba en el congreso una ley que favorece a las víctimas de un conflicto que hasta hoy es conflicto armado. Luego de que nuestro rogado presidente decidiera divorciarse de Uribe y aceptar de una vez que no sólo estamos en guerra sino que también existe un número de 4 000 000 millones de afectados entre muertos y desplazados, anunció con una expresiva sonrisa que este es un gran paso a la democracia.
Pero tal parece que dicha ley es un regalo del congreso. Ahora resulta que Colombia tiene que loarlos por hacer algo que debieron proponer desde antes que recibieran felices su primer salario. Echando de menos sus buenas intenciones, resulta claro que la ley es una puerta entreabierta para avanzar en la búsqueda de la justicia y del reconocimiento de los derechos vulnerados a muchos inocentes. La iniciativa aún está en pañales pero peor es nada. Ahora sólo falta apuntarle a la reconsideración de algunos apartados.
La ley abarca a todas las personas afectadas por los hechos delictivos de los grupos armados ilegales después de la fecha del 1 de enero de 1985, entendiendo a las víctimas como todos aquellos vulnerados de acuerdo al Derecho humanitario y a las normas internacionales de Derechos Humanos, a los familiares en primer grado de consanguinidad y a los conyugue afectados. También se dará restitución de tierras, pero sólo a las víctimas del conflicto a partir del 1 de enero de 1991, es decir que en Colombia, la modalidad de expropiación tiene tan sólo 20 años y que las anteriores víctimas no se vieron obligadas jamás a salir de sus territorios.
Lo que sigue merece un aplauso. Para que no se lamenten las víctimas de las 11:59 del 31 de diciembre del año 90, dentro de los postulados de la iniciativa se integra el término reparación simbólica, que consiste en la creación de medidas de reparación con carácter social, tales como la creación del día nacional de las víctimas el 10 de diciembre y el adelanto de un programa de Derechos Humanos y Memoria Histórica en el que se conserven los documentos relacionados con los hechos y la cultura de las víctimas.
Yo les propongo otra. Tal vez resulte mejor para las víctimas reunir todos esos documentos, sacer varias copias y venderlas en los buses para que por lo menos consigan alquilar un cuartico en Ciudad Bolívar. Señores no se engañen, el dolor no es simbólico y tampoco se sobrevive tomando sopitas de tinta.

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