Expresión numérica de nuestra realidad

por La hora del escarnio


Lorena Rueda

 

El último informe anual de Medicina Legal pone al descubierto en cifras la violencia en Colombia.

Irónica es la vida.  Tan irónica es que en los estratos más altos del país las personas juegan a ‘matarse’. Pueden gastar hasta 3 millones de pesos para vestirse con el atuendo adecuado para jugar ‘paintball’. Lo caricaturesco de esto es que ‘niños ricos’ gasten tanta plata simulando una situación que se vive constantemente en este país, así lo revela el último informe anual de medicina legal que confiesa de una manera cruda la violencia en Colombia, que por simple lógica, no es un juego de niños.

El informe de medicina legal, ‘Forensis’,  revela datos tan alarmantes como que en Colombia en el 2010 hubieron 17.459 homicidios, que somos el tercer país en Latinoamérica con más asesinatos y secuestros, que cada uno de cinco suicidios es por despecho y que en la violencia intrafamiliar de cada 10 víctimas 8 son mujeres, que el domingo es el día de la semana con mayor muertes, que en promedio cada media hora alguien es víctima de homicidio y que el 56,2 % de casos de lesiones sea por riñas o venganzas personales.

Para nadie es un secreto que estamos en uno de los países más peligrosos del mundo, pero vivimos ufanándonos de que ya no escuchamos que en ciertas regiones aisladas como el Calvario (Meta) donde antes mataban gente por doquier, ahora las FARC y demás grupos al margen de la ley se den una que otra pasadita.

Señores, el problema real de violencia en Colombia no está solo en las anteriores cuatro letras. El problema está al lado suyo. Nos fuimos acostumbrando paulatinamente a dejar pasar por alto situaciones que nos competen a todos. Es cierto que vivimos en un país en dónde la violencia hace parte constante de nuestras vidas, que es común escuchar casos de asesinatos, violación, maltrato familiar. Pero, ¿es necesaria tanta indiferencia?

Pensar que de 69 niños que se suicidaron en el 2010, dos eran menores de 9 años es escalofriante. ¿Qué pudieron pensar esos niños? O ¿Quizás no pensaron nada? ¿Cómo es posible que en este país un niño menor de 9 años no tenga ganas de vivir? ¿Es que ni siquiera eso podemos asegurarle a los niños?

Personalmente, creo que esta situación nos afecta y nos compete a todos. No se trata solo de aceptar las cifras como una realidad y olvidarlo una hora después. Se trata de buscar una solución para prevenir los homicidios, violaciones, suicidios y maltratos que se dan a diario en nuestro país. Asegurémosles, a las próximas generaciones que podrán salir a la calle sin la absurda idea que en cualquier momento por equivocación o con intención será el fin de sus vidas. Y si realmente, no le interesan las próximas generaciones, por lo menos hágalo por usted, por llevar una vida menos azarosa y más segura. ¿No le parece?

Anuncios