Vivir un desamor

por La hora del escarnio


por: María José Isaza

Si quieres saber lo que siento en realidad, siéntate, lee e intenta comprender en pocas palabras una sensación cercana a un derrumbe. Lucho por no llorar cuando pienso en ti. Lucho por no sentirme débil frente a personas que hablan de ti. Lucho por seguir mi vida sin que tú estés en ella. Lucho por no recordarte en cada cosa que veo.

 Odié cada segundo de mi vida cuando supe que te rendías. No entendí, y jamás lo haré, por qué después de construir un lenguaje sólo para nosotros, y después de haber arriesgado nuestro orgullo, nuestra vulnerabilidad y nuestras ideas, todo se consumió entre miradas que ya no existían. Una noche soñé, un día lo viví y al otro día todo había desaparecido. Me alejaste tanto de la realidad que no logré siquiera poner los pies sobre el suelo cuando decidiste soltarme. Me caí, como cuando un niño pequeño está aprendiendo a caminar, pensando, como me lo habías dicho, que tú estarías ahí para limpiarme las heridas, para ponerme una curita de algún color, pero no, me quedé en el piso por mucho tiempo, arrepintiéndome de cada paso que había dado para acercarme a ese golpe.

Sentí que mi cuerpo se hacía más pesado porque ya no tenía tu ayuda para levantarme. Estaba tan lastimada que incluso me dolía físicamente hacer cualquier actividad. Mi fuerza, mi energía y mi vitalidad habían sido quebrantadas, las lanzaste tan lejos que dure mucho tiempo en encontrarlas de nuevo, y lo más triste es que yo lo permití. Me refugié en dormir a ver si en algún momento no volvía a despertar, recordé que mi papá siempre dice que el que duerme mucho poco quiere vivir; esa era yo. Me había enamorado tanto de un sueño que ya no sabía cómo despertar sin pensar en algo sobre ti.

 Durante un largo tiempo, luego haber sentido que anhelar estar contigo no me servía para nada, alcance a sentir fastidio por la parejas que veía a mi alrededor, me daba tanta rabia que ellos pudieran estar felices y yo no pudiera estarlo contigo que tenía que cerrar los ojos o voltearme para no maldecir o ponerme a llorar. Comencé a pensar que tal vez no valía la pena enamorarse o que simplemente el amor no existía. Me indignaba cuando veía películas románticas, me rayaba cada vez que estaba en un lugar donde hubiéramos estado juntos y me daba tristeza e ira oír canciones que me recordaran a ti.

 Al perderte perdí muchas ilusiones, perdí historias que había construido en mi cabeza para vivirlas a tu lado. Sentí que me habías robado mi alegría, sentí que lo había perdido todo. Pero la voluntad es invencible, y así todavía me duela pensar en lo que fue, me alegra haber podido sentir algo tan fuerte como el amor y a la vez algo tan fuerte como el desamor, porque al sentirlos me reafirma una vez más que estoy viva, y no hay alegría más grande que saber eso.

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