Razones para usar Transmilenio

por La hora del escarnio


Por: Lina Uribe

Ayer, un compañero de clase hizo una columna de opinión donde exponía las razones para no usar Transmilenio.  Sus argumentos pueden resumirse en los siguientes: se forma un caos en las horas pico, cuando supuestamente hay mayor número de articulados en tránsito;  los buses casi siempre van llenos, la gente no tiene cultura ciudadana a la hora de abordarlos, se forman grandes filas para entrar a la estación, es riesgoso, los vehículos en ocasiones no obedecen a sus paradas obligatorias y también se forman trancones de articulados.

Sin embargo, a mí este sistema de transporte me parece supremamente eficiente, seguro, cómodo y útil. En otras palabras: una maravilla. Lo anterior no lo digo precisamente porque haya sido usuaria por mucho tiempo y mis experiencias me permitan sacar esas conclusiones, sino porque vengo de Santiago de Cali, donde hace casi tres años se implementó un sistema de transporte masivo llamado MIO (Masivo Integrado de Occidente), que es superado por el Transmilenio en muchísimos aspectos.

Ahora es mi turno de exponer por qué me ha impactado tanto el Transmilenio en comparación con el MIO: En primer lugar, los articulados en Cali van, en su mayoría, por las vías principales de la ciudad en medio de carros, buses y motos, de tal forma que no logran evitar el trancón sino que, por el contrario, aportan a que éste aumente. Además, tienen paradas cada 100 metros que son obligatorias así no haya nadie esperándolos. En segundo lugar, se debe  pagar para subir a las rutas alimentadoras. Se podría argumentar que, aunque estas rutas tienen costo, puede accederse a ellas con el mismo pasaje con el que se entró a la estación de origen. El problema es que hay un tiempo límite  que muchas veces se agota antes de llegar a la estación de destino, donde debe tomarse el alimentador, y esto implica gastar otro pasaje. En cuanto al tema de rapidez, tampoco tengo muy buenas experiencias: un viaje que hacía normalmente en 30 minutos en bus (casa – universidad), se convirtió en un tour de 50 minutos hasta la estación y otros 15 minutos en alimentador hasta la universidad. Por último, el tema de seguridad no está tampoco reforzado en el MIO: conozco varios casos de robos e incluso hace algunos meses hubo un asesinato dentro de un articulado sin que se lograra atrapar al asesino.

No obstante, serían insensato dedicarme a dar quejas del sistema de transporte masivo de mi ciudad natal si soy consciente de que también tiene aspectos rescatables, entre los cuales puedo mencionar que las filas para ingresar a las estaciones o a los articulados no son tan largas, aunque no sé si sea esa la suerte de una ciudad pequeña; en las estaciones siempre hay un guía que soluciona las dudas de todos los usuarios, algo que me ha salvado de perderme en varios ocasiones; los articulados tienen aire acondicionado, que es muy pertinente en tierra caliente, y hay una voz muy amable de una mujer que indica cuál es la “próxima parada”, no es un robot el que informa. También, en ocasiones, el que los articulados paren cada 100 metros es beneficioso porque evita tener que caminar hasta las estaciones, y si uno no tiene saldo en la tarjeta, el MIO hace un préstamo de un pasaje que deberá pagarse después en la estación.

Por su parte, aunque sí me ha tocado aguantar una que otra fila, el Transmilenio me ha sorprendido mucho por su rapidez gracias a que cuenta con vía propia, he encontrado rutas muy bien diseñadas que me transportan a lugares lejanos sin hacer ninguna otra parada, y, por último, aunque puede ser la suerte del recién llegado a la capital, la semana pasada me demoré dos horas y media en atravesar la ciudad de norte a sur, lo mismo que me demoraría en Cali, teniendo en cuenta que es casi de la mitad del tamaño de Bogotá.

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