Vuelta a la realidad

por La hora del escarnio


Por: Juan José Chalela Puccini
Por estos días es muy difícil escribir una opinión sobre un tema referido al deporte. El mundial sub-20 ya pasó, dejó una grata impresión y con una clausura estupenda. Sin embargo, del inminente cambio de entrenador, causante del fracaso futbolístico, nadie sabe nada. El “bolillo” presentó, como debió ser desde un principio, su “renuncia irrevocable” a la dirección técnica de Colombia y trajo, como consecuencia, aparte de un desempleado más y un revuelo frente al maltrato femenino, la confusión directiva de no saber quién deba ser el sucesor del entrenador paisa. Gerardo “El tata” Martino se perfilaba como solución pero el entrenador rosarino no aceptó por diversas razones que aún no son muy claras y que se prestan para toda clase de suspicacias.
Ahora bien, teniendo en cuenta este panorama tan típico de nuestro país futbolístico, se convierte en una verdadera proeza plantear una opinión sobre la actividad del balompié nacional. Con tan sólo una fecha y en mitad de la segunda, estamos igual que siempre, confundidos, vivimos el desconcierto que nos trajo el post-mundial, el único evento novedoso, por estos días, en Colombia.
El regreso a la realidad del fútbol colombiano. El Itagüí ya demandó al Medellín por incluir a Luis Fernando Mosquera en la nómina. Está a punto, el equipo antioqueño, de ganarse los puntos que no logró jugando, en un escritorio. Los mal llamados hinchas, pandilleros disfrazados de fanáticos (no el que va a un estadio por el amor a una camiseta y que celebra los triunfos y llora las derrotas en paz), ya presentaron actos de violencia, saldo: dos jóvenes asesinados, uno a machete y el otro a bala. La situación económica de más de la mitad de los clubes del torneo profesional sigue en decadencia, pues casi que ni se pueden presentar, las deudas los están acabando, una situación lamentable. El Pascual Guerrero, estadio de Cali, no fue prestado por un evento que nada tiene que ver con el fútbol y por eso la grama está, casi que otra vez, destruida. Increíble. Un panorama desolador; qué mal acostumbrados que nos dejó el evento sub-20.
En este fútbol colombiano ya nada nos puede extrañar, esto que sucede a diario, fue lo que vimos en esta primera (y parte de la segunda) fecha: la violencia, las irregularidades administrativas, los problemas institucionales, la confusión y falta de claridad de nuestros dirigentes para tomar sus decisiones, en fin. Algo impensado en el ámbito internacional pero normal para nuestro folklore. El buen mundial sub-20, uno de los mejores de la historia según se dice, fue tan sólo un espejismo previo al choque con nuestra realidad, a la que nos enfrentamos a diario, cómicamente irreal para quien no entienda al “país del sagrado corazón”.

Anuncios