Animales por votar

por La hora del escarnio


por: María José Isaza

¿Queremos más animales en el gobierno colombiano? Esa es una pregunta que nos debemos hacer antes del 30 de octubre; día en que nosotros, los que estamos registrados como ciudadanos de esta nación, ejerceremos nuestro voto para asegurar que la única representación de la democracia todavía existe. Ese día serán las elecciones para asambleas departamentales, gobernadores, concejos municipales, alcaldes y juntas administradoras locales; que gran responsabilidad tenemos en nuestras manos, lástima que no esté en todas.

En las campañas publicitarias que ya, de nuevo, han invadido completamente el campo visual de la ciudad de Bogotá, me ha llamado la atención una en especifico. Cuando voy en el bus yendo, normalmente, a la universidad, me encuentro un par de veces con un sapo, un cerdo y un chimpancé gigante mirándome fijamente. Menos mal están pegados a la pared porque con esas caras tan maniáticas me imagino que serían capaces de arrebatarnos el poder a los seres humanos y  exiliarnos a otras tierras, igual que en “Animal Farm”.

Quiero decir que la campaña, por su color y su idea es fuerte, llamativa y tiene mucho potencial. Es genial que ridiculice a esas bestias que tanto daño nos han hecho a los colombianos dándoles nombres e imágenes: “cerdus cochinus” (cerdo) y “genius brutus”(chimpancé). Pero, primero, ya todos sabemos que hay animales en el gobierno, y en realidad estoy hastiada de eso y de saber que a diario nos están robando y convirtiéndonos en su motivo de burla. Sé que es importante recordarnos los puntos débiles de nuestra sociedad para poder elegir gente que sea capaz de ser mejor que eso, pero es un raye darse cuenta que, al igual que ellos, nosotros también somos unos animales por permitirlo. Al decir “permitirlo” me refiero a que nosotros como ciudadanos no tomamos riendas en el juego, hay mucha gente que ni siquiera  ejerce su voto popular, la mayoría de personas no denuncian casos de abuso de poder por miedo o simple pereza e incluso hay individuos que con tal de que puedan ir a su finquita y su familia esté bien, no les importa lo que esté pasando en el resto del país.

Además, quiero recordar que la imagen de un “sapo”, es decir de sapear, siempre ha tenido una connotación negativa. Recuerdo en el colegio que tener a un sapo en el salón era una jartera. Nadie quería hablar con él ni contarle nada porque fijo iba a contarle a la gente, y además exagerando todo lo que oía. El sapo también era el metido, el lambón, el que uno le gritaba: “!Hey marica no seas sapo!”. En la casa es casi lo mismo, a uno le desespera un hermanito sapo porque así uno no esté haciendo nada malo, uno sale regañado.

Sí, hay que denunciar, ¡claro que sí!, pero como algo natural del gobierno, eso debería ser el común denominador de todos aquellos que tienen el poder de hacer grandes cambios, no de unos cuantos que quieren ser llamados “Sapos”.

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