La movilidad en Bogotá

por La hora del escarnio


Por: Karin Lombana

Bogotá se encuentra en una crisis preocupante. Los ciudadanos se sienten inseguros, decepcionados, desconfiados, etc.

Cada vez, en mi opinión, es más difícil el día a día cuando uno sale a enfrentar esa Bogotá fría, que genera un estrés del que pocos se escapan. La ciudad muchas veces se ve como si fuera una sola nube negra de ese  humo que echan los buses, las calles están desordenadas y sucias. A veces quisiera llegar lo más pronto posible a mi casa, lavarme las manos y sentir que me quito toda esa suciedad y contaminación.

Pero como es posible que uno sienta eso en su ciudad, en la que creció, donde se supone que su evolución en los últimos años ha sido “increíble”. A veces me pregunto, ¿cómo un candidato a la alcaldía promete hacer sentir a los ciudadanos orgullosos de Bogotá? Por mi parte creo que eso jamás pasará, de hecho lo que siento es unas ganas infinitas de irme. No me siento segura, le tengo miedo a la Policía, a los parques solos, a las calles deshabitadas, a los taxis no pedidos, odio los trancones, los buses, el Transmilenio (sobre todo el precio de este), los huecos, etc.

Pero bueno, existe un lado positivo y es que se quieren mejorar todos estos aspectos por medio de un proyecto llamado “Esperanza”. Este proyecto nace con la idea de descongestionar sectores de la capital como por ejemplo el de la séptima, donde la guerra del centavo es cada vez mayor. La alcaldesa encargada de Bogotá, Clara López, asegura que este proyecto ayudará a contribuir con el medio ambiente, mejorará la seguridad y disminuirá la congestión.

La idea es reemplazar los buses actuales por buses eléctricos. Esto claramente demandaría varios millones de pesos. Pero ¿por qué unos buses eléctricos cuando se supone que ya debería estar el Transmilenio en la séptima? La construcción de Transmilenio estaba dividida en ciertas fases que debían estar finalizadas luego de un periodo de tiempo establecido. Ya han pasado 10 años y falta la construcción de muchas troncales. Por ejemplo en este momento  la fase cuatro del proyecto debería estar terminada y apenas van en la mitad de la tres. ¿Pero quien reclama esto? Es increíble que en los más de diez años que lleva el Transmilenio desde su construcción, se hayan hecho miles de arreglos (por no decir una cifra exacta) siendo un proyecto nuevo. Creo que nunca he visto en los 5 años que llevo montando en Transmilenio alguna estación en la que no esté una malla verde, en la que no estén tapando un hueco o haciendo algún simple arreglo. Me pregunto todos los días a donde se fue esa platica que dimos todos y con la que evidentemente se hizo un trabajo mediocre y a medias. Raro que pase eso acá.

Cada vez hay más carros y más motos. Los números de ventas aumentan y el número de vías es cada vez más pequeño para esa cantidad. Personalmente prefiero irme en Transmilenio que en carro, porque los trancones son cada vez más eternos.

Me pregunto cual puede ser la solución inmediata ante todo este caos. Si ni siquiera ha terminado el proyecto de Transmilenio. ¿Cuando llegaría el reemplazo de los buses normales por los eléctricos? ¿Cuánto se demoraría en ejecutarse ese proyecto? ¿3, 5, 10 años? Soy muy escéptica ante esto. No me quiero imaginar todos los conductores de buses que quedarían sin empleo, los cuales harían infinidades de huelgas para que no les quiten su trabajo. Y eso por dar solo un ejemplo  de lo que podría tener como consecuencias este proyecto, (no son solo negativas calramente)

El caos que se vive diariamente en las horas pico es impresionante, la gente no cabe dentro de los buses, lo cual genera un estrés y una violencia particular. Subirse a un Transmilenio, por ejemplo, para ir a clase de 7 es toda una tortura. En mi caso tengo que partir del Portal del Norte. Cuando entré a la Universidad, hace 4 años, la fila era corta, entraba tranquila y me podía ir sentada. Ahora parece una pelea de gallos (siempre sentí curiosidad por los metros en Tokyo y por los trabajos que muchas personas hacen empujando a la gente) bueno creo que la curiosidad ya la maté, pues es lo que tengo que vivir día a día.

 A la espera de ingresar a un bus de Transmilenio todos cierran sus ojos, toman aire, miran quien esta al lado, se acomodan, meten sus manos a los bolsillos para proteger el ipod o el celular, agarran sus maletas y carteras como si se las fueran a rapar, se hacen a los lados y no atrás como debería ser, miran el bus mientras se acerca lentamente (quiero aclarar que esto ya es un desgaste mental muy berraco) Y cuando por fin llega el bus, luego de esperar 15 o 20 minutos, todos comienzan a empujar suavemente, pero cuando se abren las puertas, no hay diferencia con un “pogo” de un concierto de metal, los cuerpos se tocan y se chocan con una fuerza brutal, se pierde el equlibrio, se jalan los pelos, el aire se agota, todos empujan como sea posible sin importar si hay gente adulta, niños, discapacitados o mujeres embrazadas. Cuando ya están todos adentro, en sus cachetes rojos y sudorosos se refleja el esfuerzo tan tenaz que tuvieron que hacer para entrar y no llegar tarde a sus destinos.

No se cual sea la solución inmediata y creo que hasta ahora nadie la ha dado. Sinceramente la veo muy lejos y con muchas desventajas. Se habla de metros, trenes, buses eléctricos, tranvías. Si todavía no se ha terminado de pagar el metro de Medellín después de 85 años, no me quiero imaginar cuales serían las consecuencias de un proyecto de esos en Bogotá.

Todos los proyectos que proponen los candidatos a la alcaldía suenan muy lindos y uno se podría llegar a imaginar por unos instantes una Bogotá libre de contaminación, trancones e inseguridad. Pero eso esta presente solo en los sueños de todos, porque por ahora nos tocará usar máscaras especiales para tanta contaminación, aprender artes marciales para defendernos,  gimnasia para entrar a un bus y usar almohadas anti-huecos.

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