Paso a paso

por La hora del escarnio


por: Daniela León Angulo

El reciente encarcelamiento de funcionarios públicos de alto rango es un paso hacia adelante.

Serían pocos los que no se alegraron con la noticia de que Samuel Moreno irá a La Picota mientras se adelanta el proceso en su contra. Lo mismo en los casos de Bernardo Moreno y Andrés Felipe Arias.

Es una dicha ver en la cárcel a esos políticos que se paseaban campantes por ahí, confiando en la máxima colombiana de que “aquí nunca pasa nada”. Apuesto de que muchos de los que aún andan sueltos, ya empezaron a verla negra.

Todo parece indicar que  algo sí está cambiando. No sabría  decir si es porque se está cumpliendo la promesa de Santos de combatir sin tregua a la corrupción o si es porque se ha intensificado (y optimizado) la búsqueda y el castigo de chivos expiatorios a los cuales atribuirles todo lo que está mal.  Pueda ser que el miedo al escarmiento ya les esté calando a unos cuantos.

Sin embargo,  aunque encarcelar a  funcionarios públicos de alto rango puede estar educando a punta de miedo, el acabar o disminuir ese cáncer que es la corrupción corresponde más a un cambio en la mentalidad colectiva, esa mentalidad corrupta que solapadamente llamamos “malicia indígena”y que da para cometer toda clase de atropellos hacia el otro.

Es claro que hay diversos grados en los delitos y que probablemente es difícil comparar un robo de miles de millones al distrito con el
hecho de  pagar menos en la buseta, pero en ambos casos se trata de un problema de deshonestidad. El educar para nunca considerar la opción “egoista” es el gran reto que hay que asumir.

Así es que bienvenida sea la punición  a todos esos bandidos que un día pensaron que podrían salirse con la suya y aunque me temo que todavía falta mucha tela por cortar, parece ser que vamos por el buen camino.

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