¡Hasta que el contrato nos separe!

por La hora del escarnio


Por: Lina Uribe

La semana pasada, la diputada mexicana Lisbeth Rojas propuso una reforma al Código Civil para abrir la posibilidad de que las parejas  contraigan matrimonio legal tan solo por dos años, después de los cuales decidirán si continuar con la relación o acabarla. Como era de esperarse, la iniciativa ya tiene varios oponentes, entre los que sobresale la iglesia católica, que busca siempre “preservar el valor de la familia”.

No obstante, el principal objetivo de la propuesta, según la diputada Rojas, es evitar los complicados procesos de divorcio ya que estos últimos han aumentado notablemente en la capital de México y, por ejemplo, alcanzaron los 60.000 durante los últimos tres años, lo que equivale al 50% de los casamientos en esa ciudad durante el mismo periodo. También busca garantizar el futuro de los hijos ya que desde un principio quedaría escrito quién se haría cargo de qué si decidieran no “renovar el contrato”. Dos años sería el plazo mínimo y las parejas decidirían si acogerse o no a la norma en caso de que se apruebe.

La noticia es algo curiosa y la propuesta, ingeniosa. Como una cosa lleva a la otra, me puse a pensar sobre qué pasaría si esto no hubiera sucedido en Ciudad de México sino en Colombia. Lo primero que se escucharía, y de esto estoy segura, serían la voces de muchos colombianos diciendo que si se aprueba que el matrimonio caduque a los dos años, todas las parejas se van a separar después de este lapso. No. No es así. Sería lo mismo que decir que si se legaliza el aborto entonces todas las mujeres van a abortar, o que si se aprueba el matrimonio igualitario entonces todos los jóvenes se volverán homosexuales, o que si se legaliza la marihuana entonces todos se volverán drogadictos. Y tendríamos entonces una sociedad de “abortadoras”, homosexuales, marihuaneros y divorciados. Saltaría también la iglesia católica, acompañada de algún político que quiere parecer creyente, a decir que “el matrimonio es para toda la vida”, y entonces la mitad del país se pondría en contra de la propuesta. Al final, después de marchas pacíficas de quienes están de acuerdo con que el dinero del divorcio se podría invertir en algo productivo, después de que el tema apareciera en todos los diarios por lo menos en la sección de opinión, después de que algún candidato se aprovechara de esto y se mostrara en contra para ganar adeptos a su campaña y después de que el Vice Angelino hubiera hecho alguna de sus magníficas intervenciones, la propuesta quedaría en veremos, como está quedando últimamente todo en nuestro país.

A mí me parece una propuesta razonable. Las personas no se pueden conocer realmente cuando están en las mieles del enamoramiento, no. Necesitan vivir algo más, experimentar la verdadera vida de pareja para darse cuenta de si en realidad son compatibles o no. Además, es beneficiosa para la economía porque evita los altísimos costos del divorcio, que están entre $1’500.000 y $6’000.000, y todos los trámites que éste exige. Ojalá se apruebe esta propuesta en México y llegue pronto a nuestro país. Puede sonar banal en un principio, pero lo banal no le quita lo útil. Y ahí sí podríamos decir al unísono: “Hasta que el contrato nos separe”

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