¿El “fin” del paro?

por La hora del escarnio


 Por Jeffrey Darío Ramos

“Oiga guevon, la Javeriana también debería entrar en Paro. A ver si así me doy unos días de descanso merecido”

El mal chiste apenas si genera unas cuantas risas de mi amigo. Él, estudiante de la Nacional, encuentra menos que divertido el comentario de alguien que considera ajeno a su situación y con un tono de rabia mal disimulado me comenta que desde la 5:00 am está en la universidad asistiendo en foros. Me dice también que con cada marcha los zapatos se gastan, se ensucian, se pelan, se vuelven grises por las lluvias y negros por el barro.

Me cuenta que en su casa lo molestan por no ir a estudiar, y que en la plaza lo molestan por querer estudiar. Me comenta que ya se acostumbró a las horas con el cartel al hombro, a la voz afónica, al olor de los gases. Yo lo escuchó sin hablar; sorprendido por mi infantil imagen de la situación, avergonzado por ver que entre esos que gritan que los de la nacional son de las FARC y yo que creo que los paros son para vaguear no hay gran diferencia. Pero observando mi entorno no me sorprendo.

No creo ser el único que piensa lo mismo. En este país el paro es símbolo de festivo. Las protestas, las insignias, la indignación; todo eso se olvida bajo la alegría de unas “vacaciones con contenido social”. Por supuesto nada de lo que digo es nuevo ni mucho menos desconocido. Quizás sea uno de esos muchos secretos de closet patrióticos, que tan bien ocultamos bajo nuestra moral. Lo que me resulta importante es recalcar que mientras tengamos esa visión del problema seguirá siendo eso: unas vacaciones.

No solo son los estudiantes de universidad privada los que toman las protestas como excusa para quedarse en casa. Los mismos estudiantes de universidad pública, influenciados por esa cultura del “festivo pelotero” se echan a las petacas y olvidan sus motivos, sus razones y sus luchas.

Se necesitó un año y medio para que los estudiantes en Nicaragua consiguieran su propósito. Se necesitó medio año para que los estudiantes en Argentina obtuvieran educación gratuita. Se necesitó también medio año para que en Paraguay se reconociera la educación como un derecho. En chile van 4 meses de peleas contra un gobierno que no parece quedar ceder a las demandas de una juventud que ha visto a sus padres quebrarse con el costo de su educación.

Y aun así ya se escuchan voces que incitan a que se levante el paro. Con tan solo una semana, el impacto de la manifestación se perdió. ¿El motivo? La poca motivación de algunos, las universidades vacías que enmudecen ante la indiferencia de sus propios estudiantes. Los gritos de algunos que no son escuchados por quienes más le interesan. La paradoja de la protesta se presenta:

Queremos estudio, pero no estudiar.

Orgullosos nos ufanamos y comparamos con los indignados de España, con los que protestan en Chile, contra los que ocupan en Wall Street, contra los que marchan en Europa. Pero estamos lejos de eso. Lo cierto es que en Colombia, todavía no se sabe protestar.

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