Con las manos atadas

por La hora del escarnio


El pasado 11 de agosto el periódico El Espectador lanzó en su edición un artículo en el que explicaba que “algunos” partidos habían inscrito al voto en blanco como uno de sus candidatos. En la nota exponía que por cada voto hecho hacia un grupo político, éste tendría el derecho de recibir una reposición de entre 2000 y 2500 pesos. En el caso del 2007, según presentaba el rotativo, hubo 2800 votos, lo cual significaría cinco mil seiscientos millones de pesos en circulación.
Este cúmulo de datos presenta el panorama frente a unos eventuales votos en blanco, que, al parecer, podrían ser la gran sorpresa para las elecciones del próximo domingo, ya que, según parece, los indecisos somos cada vez más y más. Sin embargo, el cuestionamiento que hago frente a este “manjar político” al que nos avecinamos el próximo fin de semana, es que si el voto en blanco fue inscrito por algunos partidos y significa algún dinero para ellos, y es verdad lo que explica uno de los periódicos más importantes del país, el Halloween será más terrorífico que nunca.
Un país llamado con tendencia al desarrollo, en una de sus citas democráticas más importantes, es obligado a votar por un candidato, porque parece que el voto en blanco; decir, a mi modo de ver, “ningún candidato me interesa”; beneficiaría a algunos partidos. ¡Qué ironía y qué tristeza vivir en un mundo en el que la abstención se convierte en algo más doloroso para los intereses políticos! Es que, véalo usted, si el voto en blanco es plata, sale más “económico” (en términos de sentirse tumbado) mostrar la apatía y el desinterés de no asistir a los comicios.
Es verdad, no votar es no dar la opinión, pero en un país en el que el voto en blanco es el candidato de algún partido, la abstención es coartar el beneficio de aquellos. En pocas palabras y de manera muy cruda y, casi que malintencionada, se convierte en válido pensar que “si va a votar en blanco, mejor no vote”, una canallada que se le hace a la democracia, a los que aún no tenemos simpatía por ningún candidato.
Con esto no estoy llamando a la abstención, ojalá todos los colombianos decidamos bien nuestro voto y elijamos al que más nos convence; con las mayores aptitudes, según nuestro criterio, para gobernar. Pero, sin embargo, esa figura de “apatía” frente a la urnas, que es la abstención, cobra otro carácter en Colombia, sí, qué curiosidad, somos capaces de darle otro valor, dependiendo desde dónde se lo vea, al no votar. Creo que somos de los pocos países capaces de tales cosas.
Explico y entiéndase bien, el silencio dice algo. Si según el rotativo, el voto en blanco es el beneficio para quienes, “inteligentes”, pusieron a esa casilla en su lugar, en su partido; la abstinencia, no por pereza, sino como protesta, es el silencio que puede expresar algo, porque bajo esas terribles denuncias, tenemos las manos atadas.
http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-291224-votar-blanco-podria-salir-caro

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