El derecho a ser humanos

por La hora del escarnio


 “El artículo 11 de nuestra constitución, para vergüenza de nuestra constitución, dice: nadie podrá ser sometido a pena cruel, trato inhumano o desaparición forzada.”

La frase es de Jaime Garzón, pero el sentimiento agrio que nos recorre al oírla pertenece a cada uno de los colombianos. Nuestras normas no están creadas para regir un país, sino para recordarnos nociones tan básicas que no deberían estar impresas en páginas sino en nuestras mentes. Consideramos necesario recordarnos que somos humanos, que sentimos, que vivimos.

Por eso necesitamos una ley que nos diga que comer es un derecho fundamental. O al menos eso es lo que puedo entender después de leer la iniciativa promovida en el senado para convertir en derecho fundamental el “no padecer hambre”.

Son comprensibles las buenas intenciones de la propuesta. Según un informe realizado por la ONU el 18% de los colombianos padecen hambre. También es comprensible que de ser aprobada supondría que las personas que estén en un estado de sub-alimentación puedan acudir a instancias legales para que se les respete su derecho.

Pero ahí está el punto. Es necesario que legitimemos un derecho natural en nuestra constitución para hacerlo valer. Tenemos que convertir en derecho fundamental una condición digna de vida, por que aceptamos que si no lo hacemos somos incapaces de hacer cumplir este derecho.

Algunos diarios titularon el hecho como: “no padecer hambre sería un derecho fundamental”. ¡Por Dios! Si ya lo es, solo que al igual que muchos otros nos lo pasamos por la galleta. Desde mi perspectiva decir que “todas las personas tienen el derecho fundamental a no padecer hambre” es tan obvio como decir “por favor no haga sus necesidades en medio de la sala”.

No estoy en contra del proyecto, sino de lo que supone una constitución que parece construida para recordarnos no comportarnos como animales. Estoy en contra de la cultura que olvidado que el primer y mayor derecho fundamental, no fue concebido como una regla para el funcionamiento de un país, sino como el principio básico de todo ser humano:

El derecho a vivir una vida digna.

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