Leyes sin valor

por La hora del escarnio


De nuevo una ley que pasa inadvertida, mentira, esa no es la palabra, más bien una ley que no la pasamos por la galleta. Una y otra vez las leyes que van saliendo en este país van siendo modificas o anuladas bajo los criterios de quienes puedan verse afectados por ellas, al parecer a las leyes colombianas les encanta quedarse en un papel; veamos el mejor ejemplo.

Hace aproximadamente tres meses se hicieron vigentes algunos fragmentos  de la Ley 1335 que se decretó en el año 2009, el cual habla sobre el control en el consumo de tabaco. Uno de los decretos que se puso en práctica fue la prohibición de la venta de cigarrillos por unidad. Noticia que dejó perplejo a más de uno por el inesperado y forzoso cambio de hábito.

 En principio me sorprendió la fuerza que tuvo este nuevo mandato pues durante casi un mes no encontrabas cigarrillo al menudeo por ninguna parte; por fin una ley que se cumplía a cabalidad! ¿Qué estaba pasando? ¿Será que habíamos entrado en un nuevo momento de la historia Colombiana en donde por fin iban a funcionar las cosas?

 No, era sólo una ilusión pues a los pocos días, después de buscar desesperadamente un único cigarrillo un amigo me comentó de “alguien” que vendía sueltos. Luego surgió otro “alguien” que también vendía sueltos, y así hoy en día, cuando la ley se supone que sigue jugando, se encuentran una gran cantidad de vendedores ambulantes que te ofrecen caletamente tu anhelado cigarrillo individual.

 Lo más triste es que a pesar de que ya se consiga donde sea, las personas que compramos de esta forma sabemos que “estamos haciendo algo mal” bajo la luz de las leyes e igualmente nos importa cinco porque nuestra necesidad-placer tiene que ser satisfecha.

 No digo que esté de acuerdo con esta imposición, es más, me parece completamente ilógica porque la gente que fuma va a seguir fumando así no lo dejen comprarse uno sólo; se compra la caja y la reparte en la semana, sino que de qué sirve que existan una personas que se tomen la molestia de intentar arreglar, mejorar o improvisar una sociedad si al resto de los ciudadanos nos va a valer lo mismo que un menudeo; $300 pesos, ¡gran precio!

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