No votaría 86 a la deshonestidad

por La hora del escarnio


En época de elecciones, junto con las campañas, los debates, las peleas, las alianzas y las renuncias, viene siempre la compra de votos. Las votaciones del 30 de octubre no están exentas de estrategias sucias que consiguen el apoyo del pueblo a cambio de dinero, de una cajita con comida o hasta de marihuana, como los casos que se denunciaron en Atlántico.

Sin embargo, es distinto escuchar que hay gente que compra votos a darse cuenta de que alguien con cara, partido y propuestas intenta comprar tu voto. “Tienen que llegar a las cuatro. Va a venir un candidato a hablarles. Ya saben: el 30 van a votar por el edil que nos va a apoyar”. En realidad, yo no sabía nada. Lo supe todo el pasado viernes que llegué tres horas antes al lugar donde trabajo, como nos lo habían exigido, para escuchar al candidato verde-naranja. Durante el refrigerio sin Peñalosa, porque nunca llegó, escuché de nuevo los comentarios del dueño del bar: “Ya saben por quién es que tienen que votar para la JAL. Él es el que nos va a ayudar con el cuento de los bares. Acuérdense de traer el certificado de votación para darles lo que ya saben”. ¿Qué era lo que ya sabíamos? Me sentí más confundida aún. “40mil pesos”, me dijo mi compañera del lado a modo de secreto.

 Después de entenderlo todo y de que mi ánimo bajara notablemente, crucé un par de palabras con mis compañeras. Fue ahí cuando supe que ni siquiera conocían bien al señor Ricardo Rodríguez, del Partido Verde; solamente sabían que era el hermano de uno de los dueños del bar y que necesitaba votos para ser edil de la localidad de Chapinero. Lo que sí tenían claro era que iban a votar por él porque defendería los bares y porque, claro está, esa plata no le caía mal a nadie. Horas después apareció el señor Rodríguez con su chaqueta verde y su actitud de ganador. Le hice varias preguntas y supe que es nuevo en la política, que quiere devolverles a los bares los privilegios que Blanca Durán, alcaldesa de Chapinero, les está dando solamente a los sitios LGBT, que si no gana Peñalosa le gustaría que quedara Gina Parody, que no confía en Petro, que cree que los jóvenes toman malos caminos por falta de educación y, por último, que no compra votos sino que es consciente de que las personas tienen que madrugar, transportarse y almorzar el día de las votaciones, y por esto les da ese incentivo económico.

 Puede que consiga ser edil, sí, pero qué lástima que ya las personas se muestren deshonestas desde sus inicios en la política. Tal vez el señor Rodríguez luego quiera ser alcalde, gobernador e incluso presidente, y seguiremos en nuestro espiral de la deshonestidad. También es decepcionante saber que a la gente le importa tan poco lo que pase con su país que es capaz de votar por cualquier neófito a cambio de una cantidad escasa de dinero en comparación con las necesidades que imparte la economía actual. En este notable desinterés no hay certezas, lo único seguro es que yo no votaría 86 a la deshonestidad.

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