Tiempos de protesta

por La hora del escarnio


Por: Lina Uribe

Que no vaya a eso, que me quede en la casa, que qué peligro, que eso es para problemas y que los riesgos es mejor evitarlos es lo que muchas personas, mayores, claro está, me dicen cuando les cuento que fui o que voy a ir a una marcha estudiantil de las que se están haciendo por estos días.

Debo ser sensata: hasta hace algunos meses veía este tipo de manifestaciones como un problema ajeno a mí y prefería ocuparme en otras cosas más importantes. Incluso compartía el pensamiento banal y vacío de que los estudiantes de universidades públicas eran unos vagos revoltosos que peleaban por todo. Sin embargo, desde que vivo en la capital he podido darme cuenta de la magnitud del movimiento estudiantil que se ha gestado durante años y que ahora se opone a la reforma de la Ley 30 de educación nacional; he conocido sus exigencias, sus disgustos y sus propuestas; los he acompañado a las marchas y he cantado con ellos a todo pulmón; he visto cómo han logrado que estudiantes de muchas universidades privadas se unan y luchen con ellos por una misma causa que  nos afecta a todos: el futuro de la educación en nuestro país.

Marchas nacionales, besatón, abrazatón, noches de antorcha y muchas otras cosas más han conformado las protestas. En la primera marcha que asistí fue evidente el resentimiento de los estudiantes hacia los policías. Les tiraban pintura y hasta ladrillos y les cantaban canciones ofensivas. Hace dos semanas, en la marcha surgió algo muy espontáneo y diciente: los estudiantes vieron a los policías y, en vez de agredirlos, los abrazaron. Esa, pienso yo, fue la prueba más importante de que los jóvenes no son unos violentos y rebeldes sin causa.

No puedo meter las manos al fuego por todos los estudiantes, claro está. Yo sé que hay unos cuantos que aprovechan las manifestaciones para hacer una que otra fechoría y lo que hacen es ensuciar la imagen de sus compañeros; hay otros que ni saben por qué marchan; y hay unos que marchan únicamente por sentir la adrenalina que produce ese momento. No importa. En el camino irán entendiendo de qué se trata todo y saldrán a las calles ahora sí con un ideal claro.

Por otra parte, me ha sorprendido que en las marchas hay padres de familia que van a apoyar a sus hijos. De hecho la Universidad Nacional tiene una Asociación de Padres de Familia que hace presencia en las manifestaciones con camisetas que los distinguen del resto de los marchantes.  Ahora lo que se pretende es que otros sectores en crisis, como la salud, adhieran y sean más las voces que exigen soluciones efectivas al Estado.

Yo, por mi parte, seguiré viviendo mis tiempos de revolución y sintiendo cómo el corazón me salta cuando estoy en medio de miles de jóvenes con disfraces, pancartas, antorchas, guitarras, tambores, saxofones y hasta ollas que exigen una educación digna, gratuita y de calidad.

*Pata: Este jueves será la toma de Bogotá. Habrá marcha y acampada en la Plaza de Bolívar. Esperamos a todos los estudiantes que se preocupen por el futuro de la educación en nuestro país.

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