Cano bien muerto.

por La hora del escarnio


Si me preguntan a mí que sentí cuando tuve conocimiento del asesinato de Alfonso Cano, quiero decirles a todos ustedes que por mi cuerpo paso un fresquito que no tiene explicación, el mismo que sentí cuando murieron Marulanda y el mono jojoy. Estos narcoterroristas, que solo le han traído al país muerte, destrucción, dolor y una guerra absurda con la que se  ha desangrado  a la población, se merecen este fin.

Los golpes que se le han dado a estos bandidos, han sido contundentes y dejan en evidencia la astucia y el trabajo de nuestras fuerzas militares, las que todos los días están en el monte siendo testigos y participes de esta guerra que ha dejado a más de uno mutilado o hasta muerto.  Durante las últimas semanas, oímos como repetían tanto el Ministro de Defensa, como el Presidente Santos que a Cano lo tenían en la mira, que lo tenían cercado y yo realmente lo veía muy lejano, pero por fin se cumplió el anhelo de  muchos colombianos. Al principio todos exigíamos ver la foto del cadáver, uno nunca sabe, que tal que fuera un montaje, pero cuando no solo se hicieron públicas las fotos, sino también los resultados de las huellas dactilares la felicidad fue plena.

Este fin de semana fue para mí lleno de felicidad, el viernes matan al bandido de Cano y el sábado recupera la libertad Mario Díaz Restrepo, un querido amigo  que estaba secuestrado desde el  pasado mes de mayo por el grupo narcoterroristas de las FARC. Con noticias como estas uno debería vivir todos los días, los secuestrados recobrando su libertad y los asesinos muertos, desterrando la guerra y el mal.

Estoy segura que sueno un poco cruel y hasta vengativa, pero cuando una persona se ensaña contra la población civil haciéndose pasar como un luchador de ideología, me parece una crueldad y un gran engaño, y se convierte en el peor de los enemigos del país, como le paso a Cano y por eso hoy en día y gracias a Dios está bien muerto.

Es cierto que con esta baja que se le ha dado a las FARC, este grupo insurgente solo querrá derramar más sangre y continuar con su forma criminal de lucha, pero creo y pongo mi fe y mi esperanza en que los guerrilleros que quedan en la selva se desmovilizaran poco a poco, porque está claro que estos bandidos están perdiendo su rumbo, así que por ahora solo nos queda seguir celebrando, exaltar la labor de nuestro ejército y buscar la manera para seguir acabándolos y desestabilizándolos para que dejen de hacer el mal.

 

Por: María Andrea Moreno F.

 

 

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