Descanso en tierra desconocida

por La hora del escarnio


Por: Juan José Chalela Puccini
@jchalela
El sábado salí temprano, en la mañana, con rumbo a Boyacá y más precisamente a Villa de Leyva. Decir que fue la primera vez que había asistido sería una mentira, pero sí el primer recuerdo que tengo. La llegada fue algo accidentada porque la flota en la que íbamos nos dio una información errada de cómo llegar y nos dejó en Samacá, a una media hora. Sin embargo, la amabilidad de un ciclista que pasaba por donde nos dejó el bus, nos hizo llegar al “desaguadero”, lugar por donde pasa otro bus que nos llevaba a nuestro destino.
Este relato parece un poco aburrido y sin importancia, para quién no lo ha vivido, pero es el ejemplo que quiero dar para explicar que Colombia es un país hermoso así no lo sepa su gente. Villa de Leyva posee una plaza empedrada, muy hermosa, que mantiene el toque antiguo de los españoles, con su iglesia, su estilo feudal y cada almacén que ofrece un sinnúmero de “riquezas” que, como diría mi mamá, son “chucherías”. Manillas, mochilas, dulces, paletas, de todo se encuentra ahí.
Si yo viera ese paraíso de diferentes “bobadas” en otro país me impactaría y quizás, ese lugar, hoy sería una de las maravillas del mundo, con todo lo que esto significa. Pero no, era en Colombia, el mismo país con los problemas de violencia y de transporte, en donde llegar a esta zona “desconocida” para algunos se convierte en toda una odisea. Las dificultades en las rutas son cada vez mayores, la desinformación es constante, el problema con las lluvias aumenta y los precios cada vez son más exagerados, entre otras quejas que me quedan.
A mí Villa de Leyva, como la mayoría de lugares a los que he ido en Colombia, me parece un sitio hermoso, lleno de actividades para todas las generaciones. El problema está en el abandono que se tiene con espacios turísticos como éste. Es que en Colombia no sabemos lo que tenemos y, por eso, no le damos la importancia al turismo, entonces los lugares se olvidan y se pierden. Es un país lleno de recursos y de lugares preciosos que en manos de “otros”, como lo están volviendo, serían aún más explotados. Lástima, así lo entiendo yo, ojalá este panorama cambiara algún día y aprovecháramos más lo que la naturaleza nos dio. Por ahora, a descansar en lugares que no parecen nuestros.

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