Protesta: inhabilitada

por La hora del escarnio


Jose Ricardo Zuluaga V
@joserrizuluaga 

Los estudiantes, sordos o tercos, decidieron continuar el paro después de que el gobierno nacional anunciara el congelamiento parcial de la reforma educativa solo si mitigaban las protestas. Osados, los manifestantes decidieron adoptar el valor como hijo de la prudencia y no de la temeridad.

Argumentando que la reforma a la ley 30 de educación es solo uno de los motivos de la protesta, decidieron desafiar  gobierno, presidente y ministra quienes desesperados ante la presión estudiantil, se la jugáron con lo que podría, ser o no, su última carta.

No sorprende la actitud retractiva del gobierno de Unidad Nacional, quien en su afán por disolver todo tipo de oposición y de hacer más, no termina complaciendo a nadie. Sin embargo, la propuesta de Santos, no era nada descabellada; los estudiantes quieren ser oídos, se oponen a la reforma y quieren participar en la consolidación de una nueva ley de educación.  Eso era lo que ofrecía el gobierno: estancamiento y dialogo.

He ahí el primer punto que deslegitima la protesta. Con lo logrado durante meses por las marchas juveniles, existe un punto en donde se debe parar para lograr una transformación; ese espacio precisamente es, cuando la audacia es prudencia y no existe motivos para protestar pues está abierta la posibilidad de conciliar y negociar.

El segundo error, radica en que la tarima lejos de ser un ring para combatir la desinformación, apoyar a los estudiantes y objetarse a la reforma educativa, se transformó en un espacio similar al coliseo romano en donde los encargados de tomar el micrófono y hablar en pro de la educación no fueron los afectados estudiantes, sino, los cesares de la política presididos por organizaciones con fines particulares, representantes a la cámara y ex senadores que hicieron de la protesta en plaza un escenario de politiquería y proselitismo político donde les sobro tiempo hasta para hablar de salida negociada del conflicto armado, TLC y política anti yankee-imperialista.

Audazmente, estos políticos se aprovecharon y manejaron el pueblo enfurecido a su antojo, que gozaba del espectáculo mientras repetía recíprocamente el discurso político de los subidos en tarima.

Ni gobierno ni estudiantes consideraron la prudencia como el más excelso de los principios. Lo preocupante es que el llamado estatal a los estudiantes hace parte de la cobardía y temor a la protesta estudiantil y no a la convicción en lo errado de la ley, de otro modo hubiera retirado la reforma sin condicionantes.

La puja gobierno-estudiantes está encendida en una lucha de poderes disfrazada  donde los implicados se desafían y retan intentando demostrar quién es el más fuerte. Los estudiantes, por su parte, le mezclan a la prudencia un grano de locura, mientras el gobierno ‘valientemente’ llama a la amenaza como medio coercitivo para poner en riesgo la educación y provocar un desequilibrio.   ¿Quién cede?

@joserrizuluaga 

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