A enterrar el DAS

por La hora del escarnio


Periódico El País- Noviembre 2 de 2011

 

Ha sido un periodo lleno de escándalos y reclamos. Las chuzadas, la corrupción y las alarmantes relaciones con narcotraficantes y grupos paramilitares protagonizaron las administraciones de los últimos Directores del DAS, hasta  llevarlo a su final.

No bastaron las investigaciones, la supresión definitiva del Departamento Administrativo de Seguridad es inminente y a pesar de representar un fin merecido y justo no deja de ser controversial. Es un asunto que implica años de seguridad estatal, garantías para los ciudadanos y un sistema certero que encarnaba  confianza para todos los adeptos. El DAS representó durante mucho años una institución confiable para el país. Su final personificó, por otra parte, la realidad que vivió un gobierno perpetuado en 8 años de poder.

Inicialmente la seguridad obtuvo resultados, fueron varios los episodios que consolidaron una ideología fuerte y representativa. Uribe alcanzó niveles de popularidad que parecían asegurar cada paso que ejecutaba. La seguridad democrática se consolidó en el país, recolectó tantos adeptos como defensores del uribismo.

Pero aquella “Seguridad Democrática” supo determinar su propio final. El DAS protagonizó su entierro. El escándalo que despertaron altos funcionarios del gobierno y famosas intervenciones a la oposición fueron medidas que a pesar de quedar en la triste impunidad apuntaron a lo que había alcanzado el gobierno de Alvaro Uribe. Cada estrategia apuntaba a 8 años de opresión y control. La libertad, después de todo fue intencionalmente aplacada.

Ahora bien, si el DAS fracasó después de todo, su naufragio fue razonable. Pero más razonable aún habría sido implicar directamente a cada involucrado en el famoso caso. La principal responsable, María del Pilar Hurtado está siendo amparada en un país vecino. De resto han sido pocos los perjudicados. Si bien la clausura definitiva del DAS canceló chuzadas y demás, los involucrados parecen pasar desapercibidos. Habrá que recordar entonces que la entidad no es la responsable, los miles de movimientos ejecutados desde aquel edificio parecen haber quedado sepultados y olvidados allí.

 

Paula Gómez

 

 

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