Hacia una reforma conciliadora

por La hora del escarnio


Editorial El Espectador, noviembre 11 de 2011

Por Juan Sebastián Toro Vélez

Ayer desde muy temprano, estudiantes de universidades públicas y privadas de gran parte del país e incluso de algunos colegios del Distrito, salieron a ocupar Bogotá a pesar de que el Presidente Santos diera la orden de retirar el proyecto de reforma a la ley 30 del Congreso. Se trataba de algo que iba mucho más allá de eso, cosa que algunos negaban en las movilizaciones anteriores.

Sin embargo, le demostraron a toda la comunidad que la indignación se puede manifestar sin usar la violencia. Los pocos que las últimas veces rompían vidrios y tiraban piedras y bolas de pintura a la Fuerza Pública, esta vez, o no aparecieron, o se unieron a la música, el teatro y las pancartas.

También estuvieron acompañando a los estudiantes hasta la Plaza Bolívar algunos de sus padres, y en la tarima que los esperaba delante de la entrada al Capitolio, intervinieron profesores y políticos. Entre ellos, se escuchó al representante de los docentes ante el Concejo Superior de la Universidad Nacional, Mario Hernández, y a la ex senadora Piedad Córdoba. Además, hablaron líderes estudiantiles tanto de Bogotá como de otras ciudades y hubo músicos de reconocimiento internacional como Héctor Buitrago, integrante de Aterciopelados. Ni siquiera las fuertes lluvias que hubo en la tarde pudieron cancelar el evento, que finalizó a altas horas de la noche.

En las protestas viven la euforia conjunta y las aulas de clase llevan dos meses vacías. Por eso es fundamental que los estudiantes, ante la decisión del gobierno de congelar el proyecto de reforma, decidan levantar el paro y regresar a clases. El tiempo corre y muchos quieren volver a estudiar.

Tienen razón los estudiantes y los profesores al pedir que se les incluya en la elaboración de un nuevo proyecto de reforma a la educación superior, pero el gobierno, como administrador de los recursos públicos, no puede permitir que todo se cumpla como ellos lo dictan. Es elemental que el Estado responda a la comunidad por su educación, pero también hay muchos otros asuntos en los que es necesaria su intervención económica. Asuntos que tampoco se pueden descuidar. Se deben conciliar los intereses entre ambas partes y así elaborar una reforma que devenga de un acuerdo netamente democrático.

 

 

 

 

 

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