Trabajo final – Lina Uribe

por La hora del escarnio


Análisis de columnistas

Catalina, ¡por Dios!

Artista Visual y Filósofa de la Universidad Javeriana y con una Maestría en Literatura de la Universidad de Los Andes. Catalina Ruiz Navarro es una barranquillera de 29 años que hace 11 vive en Bogotá. En el 2007 fundó, junto con Daniel Pacheco Sáenz,  la Revista Hoja Blanca, que es un medio que funciona por convocatorias por internet con temas establecidos para cada edición; por eso, el lema es “publique sin palanca”. Ha participado también en otros medios como El Heraldo, de Barranquilla; la revista SOHO, el sitio blog.com.co, y la revista Número, en la que integra el consejo editorial.

Es columnista de Elespectador.com, diario que define como un medio independiente que se diferencia de muchos otros que son “gobiernistas” y por eso en varias ocasiones ha sido considerado un medio de oposición. (Entrevistas Jorge Cardona y Catalina Ruiz El Espectador, 2011)

Su formación, pensamientos y vivencias la han conducido a tratar temas relacionados con el respeto y la violación de los derechos humanos, especialmente los de la mujer y los de la comunidad LGBT. Es por eso que Catalina siempre muestra su opinión frente a tópicos como la legalización del aborto, la aprobación del matrimonio igualitario, entre otros. Después de hacer una lectura detallada de muchas de sus publicaciones, pude hacer una recopilación de varios fragmentos que nos acercan a su ideología:

El día en que ser mujer no sea un plus coqueto para llegar a la presidencia podremos hablar de verdadera igualdad de género. Llegar a esta igualdad tiene que ver con entender que en las mujeres reproducirse es una opción, no una función, y por eso una política menos tibia en defensa del aborto es lo que yo quiero exigir del próximo presidente, como mujer soltera en edad reproductiva, y sobre todo como colombiana. (Mujer soltera busca, mayo 20 de 2010)

La guerra en Colombia la padecen mujeres que son agredidas física y sexualmente; esclavizadas y repartidas como si fueran el botín de la batalla. La violencia sexual es una práctica sistemática y generalizada por parte de todos los grupos que participan en el conflicto armado. La gran mayoría de estos crímenes se quedan impunes, tal vez porque algunos ni siquiera los consideran crímenes. (“La Violencia”, septiembre 29 de 2011)

El matrimonio igualitario beneficiará a muchas parejas que se aman, a muchos niños que buscan un hogar, y a todos los colombianos, pues el mensaje que se envía es que somos un país tolerante, y coherente con los planteamientos de su Constitución. (Al final del arcoíris, 21 de julio de 2011)

Además, se autodenomina agnóstica sustentada en afirmaciones como “es más probable que Dios no exista a que sí exista, yo prefiero dudar”. Su postura frente a la religión nos permite entender un poco más el porqué de su apoyo y sus críticas a temas tan controvertidos como la legalización del aborto y los derechos de los homosexuales. Por otra parte, en sus columnas de opinión también nos ha mostrado su posición feminista con declaraciones como la siguiente:

Pienso que feministas o no, las mujeres colombianas debemos reconocer a nuestras antecesoras valientes que pusieron el pecho y los pechos a un mundo que no las incluía. Yo me reconozco feminista porque quiero honrar este legado, y porque pienso que este movimiento todavía puede aportar muchísimo a realizar el ideal una sociedad diversa e igualitaria –un oximoron (como libertad y orden), que no por utópico es un despropósito. (Hacia un feminismo innecesario, marzo 11 de 2010)

Parte de la libertad en su escritura obedece a la independencia que le otorga el medio en el que trabaja. Como ella misma lo dice, El Espectador es un medio independiente y muy neutral en sus opiniones. Es una columnista que, creo yo, más que ser coherente con su medio, trabaja en un medio que es coherente con sus pensamientos. Yo no vería, por ejemplo,  a Catalina Ruiz-Navarro en un diario como El Tiempo y con afirmaciones de este tipo: “Como muchos de sus detractores, yo admiro al presiente Uribe. Lo admiro, claro, no por sus ideas sobre cómo gobernar este país sino por su magistral manejo del escenario.” (La fotocopia destiñe, febrero 12 de 2010). Debo aclarar que mi afirmación anterior no quiere decir que dude de la capacidad de la columnista para trabajar en medios de otras tendencias; me refiero más bien a que su escritura y pensamientos se verían coartados si escribiera para uno de esos medios que ella misma llama “gobiernistas”.

En cuanto al público para el que escribe, Ruiz-Navarro afirma que no está especificado puesto que El Espectador tiene un público muy amplio y de diversas edades, géneros, creencias, etc. Sin embargo, según la forma y el contenido de sus columnas se puede inferir que se dirige a un público joven, diría yo que en edades entre los 18 y 40 años, y que también tiene posiciones liberales frente a los temas que aún causan controversia en muchos colombianos. Lo anterior puede constatarse en algunos fragmentos de sus columnas donde habla en nombre de todos y se atreve a asegurar que los lectores tienen sus mismos supuestos:

Todos sabemos de al menos un policía sobornado para evadir una multa, conocemos de cerca esa ética porosa, sabemos que claramente no están capacitados para la mediación de conflictos y sin embargo son ellos los portadores de armas de fuego. (Recoger café, agosto 25 de 2011)

Sabemos que la homosexualidad ni es una enfermedad, ni es rara, ni es nueva, y mucho menos contagiosa. Sabemos también que la homosexualidad no es una perversión moral y que la capacidad para distinguir entre el bien y el mal no está ligada a la orientación sexual. No hay razón para que un homosexual no pueda ser un ciudadano ético y un padre responsable. (Al final del arcoíris, 21 de julio de 2011)

Con relación a las reacciones de su público, podemos decir que sus escritos siempre causan conmoción y esto lo confirma la cantidad de comentarios que dejan sus lectores: unos están de acuerdo, otros la felicitan, otros le dicen que sus apreciaciones se alejan de la realidad, entre otras múltiples opiniones que nos muestran que la columna sí produjo algo en quien la leyó. El promedio de comentarios que tienen sus escritos es una prueba clara de que ha ganado un gran número de lectores durante el último año: a mediados de noviembre del 2010, cada columna tenían un promedio de 20 comentarios; por su parte, las columnas que ha publicado en noviembre de 2011 tienen un promedio de 70 comentarios en cada una, eso sin contar a los cientos de lectores que la seguimos, pero preferimos no comentar.

Las columnas de opinión de Catalina Ruiz-Navarro tienen una estructura clara: en el primer párrafo se encarga de contextualizar al lector sobre la situación que tratará para que pueda comprender un poco más lo que se dirá posteriormente. Después entra a dar sus apreciaciones de una manera sencilla y directa, sin eufemismos ni atenuantes. Se caracteriza por usar de afirmaciones que convencen, en vez de preguntas que obligan al lector a buscar respuestas. Con frecuencia, dependiendo del tema tratado, opta por usar muchas comparaciones y mencionar todo lo que probablemente pudo haber sucedido. Con esto logra construir contraargumentos y desvirtuarlos inmediatamente:

Existe esa idea de que unas muertes son inmerecidas, pero otras sí. Como señala el bloguero Miguel Olaya, cuando se dice que una muerte es injusta, esta afirmación implica que hay muertes justas. Y ¿quién decide cuáles muertes son justas?¿Uribe? ¿Un comité de ética? ¿Los policías? Cuando la verdad es que toda muerte es injusta y dolorosa, que nadie puede decidir sobre el valor de la vida de otra persona. Ni a los ladrones debe la policía dispararles. (Recoger café, agosto 25 de 2011)

Pudieron pasar dos cosas con estas cartas: o bien Uribe las leyó o no las leyó. Supongamos que no las leyó, que se traspapelaron en Palacio. Eso implicaría decir que la cadena de información al interior de la Presidencia era de una negligencia extrema (…) La otra posibilidad es que Uribe las leyera y las ignorara por ser unas de tantas. Pero no eran unas de tantas, el caso de Correa de Andreis era un caso importante y sonado, se sospechaba que el DAS estaba detrás del asunto y por su muerte se acaba de condenar a Jorge Noguera, el buen muchacho del ex Presidente, ¿cómo pudo serle indiferente? (La vida, la muerte y la microgerencia, septiembre 23 de 2011)

En sus textos hay presencia de múltiples herramientas de persuasión, que pueden resumirse en las siguientes: primero, el constante uso de fuentes que deja ver la investigación detrás de cada artículo; segundo, como lo dije anteriormente, el uso prioritario de afirmaciones de valor en vez de preguntas; tercero, el hecho de que le ponga cara a las situaciones que trata, es decir, que generalmente aborda los temas desde una caso particular que induce al problema general y hace que sea más cercano a todos.  Como ejemplo de esto último está una columna titulada “Loquitas”, en donde se reclaman los derechos de los homosexuales partiendo del caso del compañero sentimental de un líder LGBT al que, simplemente por su orientación sexual, no se le daba lo que le correspondía por el seguro de vida de su novio muerto:

Es el colmo que a Arturo Sanjuán no le reconozcan sus derechos y más cuando es claro que todo se debe a su orientación sexual. Claro, la cosa sería más fácil si en este país todos tuvieran derecho al matrimonio, si el amor y el compromiso pudieran hacerse legales para todos. Pero aún así no se entiende como habiendo dos Sentencias Constitucionales que dejan claro que las parejas homosexuales son conyugues y tienen derechos patrimoniales haya que atravesar tantos obstáculos para que un viudo reclame lo que le corresponde. Una muestra de que los derechos están en el papel pero falta un largo camino para que sean efectivos en el cotidiano. (Loquitas, junio 16 de 2011)

Para finalizar, se puede decir que tiene un estilo muy marcado y que todas sus columnas tienen una voz clara. En mi caso, cada vez que leía uno de sus textos me la imaginaba hablándome, diciendo lo que mis ojos veían, con los gestos que acostumbra a hacer cuando habla de determinados temas y con las críticas punzantes que lanza con frecuencia. De esta experiencia pude deducir que ella, como persona, es coherente con lo que escribe, es sincera y dice lo que realmente piensa y siente. Sus columnas tienen ritmo y son sencillas de leer. Con frecuencia hace uso de analogías e ironías que le inyectan humor a los temas que trata y ayudan a que sean mejor asimilados:

Más allá de si este inverosímil proyecto pasa en el Concejo, es interesante cómo se cree que se puede domesticar el grafiti, que se puede pasar de lobo a French Poodle con moño, y que eso, es la civilización. (El papel del canalla, septiembre 1 de 2011)

Porque, entre otras cosas, la violencia y la delincuencia son obra de los individuos, no de las sustancias que consumen, eso es como culpar del muerto a la pistola, es poner la responsabilidad en el medio y no en el origen de la violencia. (Sobredosis, agosto 18 de 2011)

Quiero terminar con una frase de Ruiz-Navarro, con respecto al reciente asesinato del joven grafitero en Bogotá, que no ha dejado de rondar en mi cabeza desde el día en que la leí; es una de esas de las que uno no sabe si reírse, preocuparse o entristecerse. Tiene, a mi parecer, un inmenso contenido en esas 24 palabras y cada vez que la leo mi mente se hace una imagen automática de Catalina diciéndomela con su acento costeño que parece ponerle ritmo a todas las incongruencias del nuestro país: “Dicen que las paredes son el papel del canalla. Una inmensa ironía en Colombia, donde tantos canallas se descubren por los papeles que firman”. (El papel del canalla, septiembre 1 de 2011)

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La pluma rebelde de Jaime Bayly

Jaime Bayly es un peruano de 46 años que reside actualmente en Key Biscayne, una isla en los Estados Unidos. Inició sus estudios en Derecho, pero fue expulsado de la universidad y decidió empezar su carrera como periodista. Su primer trabajo fue en el diario La Prensa en su adolescencia. En 1983 pasó a la televisión con programas de entrevistas a personajes reconocidos de la política y de la farándula, pero fue expulsado de este medio por hacerle una pregunta indiscreta a Alan García, candidato presidencial de la época. En 1990 descubrió su talento como escritor y empezó a escribir No se lo digas a nadie, el primero de los 13 libros que hasta ahora ha publicado.  En 1991, cuando regresó de Miami, lanzó su programa Qué hay de nuevo. Ha participado en medios como del diario español El Mundo y el norteamericano El Nuevo Herald. Actualmente, La columna de Jaime Bayly puede verse los días lunes en el diario Perú 21.

En sus columnas de opinión se dedica a tratar, en la mayoría de ocasiones, temas personales y conflictos internos en vez de asuntos de coyuntura nacional como lo hace la mayoría de los columnistas. Las opiniones y juicios emitidos son frente a discrepancias con sus seres queridos, temores, alegrías, indignaciones, etc. Como ejemplo de lo anterior, tenemos estos fragmentos que dan una visión general de los temas que desarrolla:

Hace más de un año no veo a mis hijas mayores. De vez en cuando les escrito pero no hay respuesta. Supongo que pronto me escribirá su madre pidiéndome dinero, ella suele recordarme con cariño en esas ocasiones. (Un año sin ellas, noviembre 19 de 2011)

No soy un político ni quiero serlo, soy un escritor, lo soy hace veinte años, veinte años en los que no he dejado de escribir un solo año, un escritor y quiero serlo hasta el final de mis días (…). (El azar, ese río caudaloso, octubre 31 de 2011)

Aunque en un principio parece que sus columnas no tuvieran relevancia alguna por tratarse de asuntos tan personales, a lo largo de la lectura uno se va dando cuenta de que el valor está más bien en la forma y no tanto en el contenido. Son textos que se caracterizan por el componente literario que propicia una lectura amena y atrapante. De hecho, hubo una columna suya que causó gran intriga en sus lectores porque no se sabía si era realidad o ficción: Bayly narraba los inconvenientes que había tenido con un entrevistador argentino que lo había ridiculizado frente a miles de televidentes. Sin embargo, en la Internet no hay rastro alguno ni del personaje ni de la situación de la que Bayly habla, de ahí la duda de si todo fue real o se trató simplemente de una historia producto de su imaginación. A pesar de estos interrogantes, no se puede negar que la historia es cautivadora desde sus inicios:

Carlos Cacho Legrand no es mi amigo, nunca lo fue, tampoco se sabe públicamente que es mi enemigo, pero yo siento un odio visceral por ese enano calvo de nariz puntiaguda, un odio lo bastante duradero como para ir a darle una paliza por la cabronada que me hizo cierta vez, hace ya años, en televisión. (La emboscada, noviembre 7 de 2011)

Como dije anteriormente, sus columnas de opinión son publicadas en el diario Perú21, que aunque es un medio nuevo, puesto que lleva tan solo 9 años en circulación, ha tenido una muy buena acogida en el público peruano y trata diversos temas que van desde la política hasta el entretenimiento. Es por eso que las columnas de Bayly encuentran un lugar en las páginas de este diario y son bien recibidas por el público. No obstante, me parece que la presencia de Jaime Bayly en Perú21 no se debe precisamente a la empatía que tiene con el medio sino a que él es un personaje controversial que tiene un gran número de seguidores y esto es beneficioso para el diario.

En el mes de noviembre, Bayly expresó en una de sus columnas que no quería regresar a Perú porque ese país le recordaba la infelicidad. Por supuesto, esta afirmación causo un gran disgusto en sus miles de lectores peruanos, que sintieron que atacaban a su país. Lo anterior puede verse como una incoherencia con su medio debido a que para la mayoría de gente no estuvo bien visto que un ciudadano hablara mal de su país en un diario de circulación nacional. No obstante, Bayly hizo otra columna donde ofrecía disculpas por el malentendido y explicaba las razones de su afirmación: le recordaba la infelicidad a él por todo lo que allí había padecido, pero eso no quería decir que el país en sí fuera infeliz.

En lo referente a su público, puedo decir que es muy amplio en cuanto a rangos de edades, pero se caracteriza por tener un gusto hacia la literatura y un cierto grado de  preparación ya que las columnas tienen, en repetidas ocasiones, terminologías y expresiones complejas. Lo del amplio rango de edad de sus lectores se puede constatar con los comentarios que recibe, en donde pude ver que hay desde niños de 13 años que le escriben felicitándolo por sus columnas hasta adultos mayores que alaban sus escritos.

Sus columnas se presentan con una serie de impresiones, pensamientos y sentimientos. Usualmente las divide en pequeñas escenas que nombra con números. Es como si le sirvieran de catarsis, como si fueran las hojas de un diario muy personal, pero que puede leer mucha gente. En ocasiones opta por escribir en tercera persona, como si se tratara de la historia alguien más cuando en realidad es lo que le está sucediendo a él:

El Escritor se ha resignado a salir en la televisión todas las noches porque sabe que carece de talento para ganar con sus libros el mismo dinero que gana en la televisión y porque sabe que carece de coraje para vivir pobremente, como viven o vivieron algunos escritores que admira. La televisión es entonces una derrota moral para el escritor, el recuerdo permanente de su mediocridad. (El escritor mediocre, mayo 25 de 2009)

El lector le cree a Bayly porque puede notar la sinceridad en sus palabras y porque, además, se siente identificado con muchos de los conflictos internos que tiene el columnista. El objetivo de sus columnas no es persuadir de determinadas ideas o posiciones; es más bien entretener al público y enredarlo entre la realidad y la ficción, entre lo que pasa y lo que se imagina. Es por eso que hay una vasta presencia de figuras literarias y de fragmentos poéticos que embellecen los temas que en un principio se muestran poco atractivos: “Son días felices. Mi mujer y mi hija menor y todas las nanas de blanco me han traído al cielo” (De paso por el cielo, octubre 24 de 2011), “Gradualmente, y no sin dolor, has conseguido emanciparte de las servidumbres a todas las otras drogas de las que eras adicto.” (Ellas contra ti, septiembre 19 de 2011),

Por otra parte, uno de sus lugares comunes son sus hijas. En casi todas las columnas las menciona, se queja del abandono en el que lo tienen las dos mayores y que, como él mismo lo reconoce, puede ser con justa causa. También alaba constantemente todo lo que hace su pequeña Zoe, de pocos meses de nacida. Por medio de sus escritos les envía mensajes a sus hijas mayores, les pide perdón, les da consejos y les hace poemas.

En cuanto a las falacias o razonamientos incorrectos que parecen correctos, éstos pueden verse cuando escribe columnas sobre temas distintos a sus conflictos internos. El siguiente es un ejemplo de un razonamiento incorrecto, pero que fue útil para persuadir a muchos votantes chilenos en época de elecciones:

Es decir, el fiel de la balanza parecería ahora el señor Kuczynski, y dado que la mayor parte de sus votos proviene de la Lima moderna y bien informada, es razonable suponer que esas personas probablemente votarán por la señora Fujimori para evitar un triunfo del señor Humala. (Buenas y malas noticias, abril 11 de 2011)

Este razonamiento se puede descomponer en las siguientes premisas: primero, que el señor Kuczynsky está por fuera de las elecciones, pero conserva sus fieles; segundo, que sus fieles son personas modernas y bien informadas. La conclusión sería entonces algo similar a “los votos del señor Kuczynsky pasarán a la señorita Fujimori”. Probablemente, esta idea de Bayly tenga soporte en hechos de la historia del Perú o en la situación que se vivió durante las elecciones, pero es falsa como razonamiento lógico y por eso es una falacia.

Por último, hay dos detalles importantes de la vida de Jaime Bayly que, aunque no mencioné más arriba porque considero que no afectan sus escritos, vale la pena darlos a conocer: el primero de ellos es su condición bisexual, que a mi parecer no influye en sus escritos; el segundo es su agnosticismo, que sí se puede notar en escasas ocasiones cuando hace aseveraciones burlescas como ésta: “(…) bien puede ocurrir que el señor Vargas Llosa y su entenado Toledo terminen apoyando, “en aras de la democracia”, al señor Humala, lo que confirmaría que Dios es un comediante y que en ningún caso es peruano.” (Buenas y malas noticias, abril 11 de 2011)

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Columnas nuevas

“Érase una vez un lobo feroz que se comía cuatro niños por mes”

Por estos días hay una palabra de moda en nuestro país: secuestro. Ahora bien, si usted cree que no es solamente por estos días sino también por estos meses, años y décadas, tiene la razón.

Desde tempranas horas, los medios de comunicación anuncian con alevosía que fueron capturados tres responsables del secuestro de Nohora Valentina Muñoz, hija del alcalde de Fortul-Arauca, que fue liberada hace un mes y medio. La noticia invadió prensa, televisión y radio; da la impresión de que informaciones como ésta son suficientes para que olvidemos las alarmantes cifras que muestran que ha habido 212 secuestros de menores desde inicios del 2007, un promedio de cuatro por mes.

Hay poca claridad sobre el secuestro de Nohora Valentina. Aún no se sabe si se trataba de un secuestro extorsivo, pues la niña fue devuelta por unos campesinos al CICR en perfectas condiciones; su padre no ha querido dar declaraciones y los grupos armados sospechosos, las FARC y el ELN, declararon ser inocentes. Aunque parece curioso, el último estudio de la Fundación País Libre revela que la delincuencia común es la que más secuestra menores, siendo responsable del 87,7% de los secuestros realizados entre enero del 2007 y junio del 2011.

Si bien es cierto que el secuestro de menores ha presentado una notable reducción desde el año 2005, también en cierto que esto se debe, en gran parte, al artículo 7 de la Ley 890 de 2004, donde se estableció que el ejercicio arbitrario de la custodia del hijo menor de edad ya no sería considerado un secuestro simple. En otras palabras, antes de este artículo era considerado un secuestro que el padre que no había ganado la custodia del menor se lo llevara con él. Ahora no, y principalmente a esto se debe que el secuestro de menores haya reducido un 139% entre el 2004 y el 2005.

A pesar de todo, aún hay familias que no han encontrado respuestas, como la de la niña Karen Julliet Gómez, que fue secuestrada en Pitalito hace seis años cuando apenas tenía cinco. De la menor no se sabe nada; como su padre lo dice, no saben si está en el paraíso eterno al lado del creador, si está engrosando las filas de las FARC o de los paramilitares, o ejerciendo la mendicidad en alguna ciudad de Colombia, o vendiendo su cuerpo en algún lejano país. Puedo asegurar que usted no conocía este caso y que esto se debe, lastimosamente, a que la niña no es hija de un alcalde o de una persona reconocida.

Éste es un tema que no puede descuidarse en ningún momento. Afecta a una población vulnerable y apetecida porque se sabe que las familias entran en conmoción y ceden ante las peticiones con tal de tener a sus menores de regreso. Por otra parte, es interesante que sigan investigando casos como el de Nohora Valentina y que los logros se hagan públicos, pero también es importante que no se olvide a los otros menores cautivos, como pareciera que a veces sucede.  Que las investigaciones no estén mediadas por otros intereses, que no se hagan solo cuando el papá del niño puede pagarlas.

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Disparos a nuestra integridad

Con el asesinato de Cano no murió el terrorismo, pero con el de los cuatro secuestrados sí quedaron sepultadas las esperanzas de sus familias.

Escena repetida: varios hombres secuestrados son asesinados por  terroristas de las FARC, quienes argumentan que las muertes no fueron intencionales sino producto de combates con el Ejército. Esto le pasó al Sargento Martínez, al Coronel Duarte, al Mayor Hernández y al Intendente Moreno, que llevaban entre 10 y 14 años en cautiverio y fueron asesinados el pasado sábado por miembros de las FARC durante la Operación Júpiter, donde se procuraban sus liberaciones.

Es similar a lo que pasó en el Valle del Cauca hace cuatro años, cuando 11 de los 12 diputados secuestrados en el 2002 fueron asesinados en un supuesto enfrentamiento con el Ejército, del que luego se comprobó su falsedad. El Valle y Colombia lloraron el vil asesinato de los diputados, así como en este momento lamentan la muerte de estos cuatro hombres.

Ahora que hay una mezcla de dolor y rabia, uno se cuestiona la efectividad de las operaciones de rescate que ejecutan las Fuerzas Militares. Si bien es cierto que unas han sido exitosas, como es el caso de la Operación Camaleón, que dejó libres a cuatro personas, o de la Operación Jaque que liberó a Ingrid Betancur (Ay, Ingrid. ¡Y pensar que luego querías demandar al Estado!), también es cierto que hay otras en las que la planeación no es suficiente y desembocan en una tragedia, tanto así que muchas familias de secuestrados piden que cesen los operativos de rescate porque temen las consecuencias.

Lo más relevante de esta situación no es que los secuestrados asesinados fueran integrantes de las Fuerzas Militares y, ni siquiera, que llevaran más de una década en cautiverio. Afirmar lo anterior significaría desvirtuar el sufrimiento de los otros secuestrados que no tienen nombres reconocidos ni pertenecen a instituciones prestigiosas, pero que viven el mismo infierno así lleven meses o años privados de su libertad. Lo verdaderamente desmotivante es que con actos como éste se demuestra la poca eficiencia del gobierno de un país que todavía confía en la buena fe y cree en una terrorista con turbante que, al día siguiente del magnicidio, sale a decir que recibió una carta y que lo que las FARC quieren es un acuerdo.

El país que hace un mes celebró la muerte de Cano siente un pequeño regocijo ahora, en medio de la tristeza, porque uno de los secuestrados pudo escapar y se encuentra con vida, ¿pero quién le responde a este hombre por todos los sufrimientos que pasó y por todo el tiempo que perdió? Nadie. No sé qué tan posible sea reincorporarse por completo a una sociedad después de haber pasado 12 años alejado en un monte. El trauma del secuestro, creo, no deja en paz a nadie y menos en un país donde es pan de cada día. Mientras que Colombia sigue creyendo en El Sagrado Corazón, los terroristas singuen haciendo, sin posibilidad de que esquivemos, disparos a nuestra integridad.

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Columnas corregidas

 Y si no voto, ¿me bota?

Es distinto escuchar que hay gente que compra votos a darse cuenta de que alguien con cara, partido y propuestas intenta comprar el tuyo.

En época de elecciones, junto con las campañas, los debates, las peleas, las alianzas y las renuncias, viene siempre la compra de votos. Las votaciones del 30 de octubre no están exentas de estrategias sucias que consiguen el apoyo del pueblo a cambio de dinero, de una cajita con comida o hasta de marihuana, como los casos que se denunciaron en Atlántico.

 “Tienen que llegar a las cuatro. Va a venir un candidato a hablarles. Ya saben: el 30 van a votar por el edil que nos va a apoyar”. En realidad, yo no sabía nada. Lo supe todo el pasado viernes que llegué tres horas antes al bar donde trabajo, como nos lo habían exigido, para escuchar al candidato verde-naranja. Durante el refrigerio sin Peñalosa, porque nunca llegó, oí de nuevo los comentarios del dueño del sitio: “Ya saben por quién es que tienen que votar para la JAL. Él es el que nos va a ayudar con el cuento de los bares. Acuérdense de traer el certificado de votación para darles lo que ya saben”. ¿Qué era lo que ya sabíamos? Me sentí más confundida aún. “40mil pesos”, me dijo mi compañera del lado a modo de secreto. Por fortuna, el puesto no estaba en riesgo.

 Después de entenderlo todo y de que mi ánimo bajara notablemente, crucé un par de palabras con mis compañeras. Fue ahí cuando supe que ni siquiera conocían bien al señor Ricardo Rodríguez, del Partido Verde; solamente sabían que era el hermano de uno de los dueños del bar y que necesitaba votos para ser edil de la localidad de Chapinero. Lo que sí tenían claro era que iban a votar por él porque defendería los bares y porque, claro está, esa plata no le caía mal a nadie. Horas después apareció el señor Rodríguez con su chaqueta verde y su actitud de ganador. Le hice varias preguntas y supe que es nuevo en la política, que quiere devolverles a los bares los privilegios que Blanca Durán, alcaldesa de Chapinero, les está dando solamente a los sitios LGBT, que si no gana Peñalosa le gustaría que quedara Gina Parody, que no confía en Petro y que cree que los jóvenes toman malos caminos por falta de educación.

La pequeña entrevista fue un desastre. Mi rabia aumentaba con cada una de las palabras de ese cretino que conseguía apoyo a cambio de unos miserables billetes. Una cosa, digo yo, es que uno vote por él porque conoce sus propuestas y sabe que serán beneficiosas para el sitio donde trabaja, pero otra es que uno lo apoye porque es el hermano del dueño del bar y porque va a pagar $40.000 por voto. Ah, y para no cometer el error de omitir las sabias palabras del señor Rodríguez, debo decir que lo último que me dijo fue que él no compra votos sino que es consciente de que las personas tienen que madrugar, transportarse y almorzar el día de las votaciones, y por esto les da ese incentivo económico.

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http://linau92.podomatic.com/entry/2011-11-30T22_05_19-08_00

GRACIAS

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