Columna Corregida

por La hora del escarnio


París en Crisis

París es donde la magia tiene lugar. No hay límites: cada diseñador propone, expone y deslumbra a su antojo. Los sueños se materializan, cada prenda y cada show hace parte del mundo privado de cada artista, que con talentos tan magníficos como el de Ricardo Tisci o Alber Elbaz logran deslumbrar y causan impacto en el mundo entero. Usted no está exento de lo que sucede en París.

Es precisamente París el centro de la industria. Desde aquel momento en que Marie Jenne Rose Bertín  hacia 1.813 confeccionó un vestido a la famosa María Antonieta,  la ciudad luz se convirtió en el centro de la Alta Costura y de la moda. Cada prenda, exclusivamente diseñada y producida tiene una magnitud excepcional. París decide que viene, controla lo que sucederá.

Comienza el apogeo de París en estos días. Termina la Semana de la Moda y con ella la ajetreada semana en la que se decide como usted o yo nos vestiremos el próximo verano. Ya se han presentado los mejores: Valentino jugó con las transparencias, Gaultier apostó por el clásico estilo de los 50´s, Ghesquière se guió por el volumen y Chanel se sumergió en el blanco.  Las críticas han sido justas. Lo que falta? riesgo, excentricidad y magia. Esa magia que solo transmite París. Pero en esta oportunidad faltó mucho de eso. Faltó Galliano, faltó McQueen.

A pesar de ser una semana dedicada al prêt-à-porter, los diseñadores se han conformado con promover diseños que mujeres reales pueden usar. Se perdió la fantasía y la curiosidad por atuendos arduamente elaborados, por piezas excéntricas que ponen a temblar a editores y fashionistas. Ya no habrá aquel juego para adaptar fantásticas creaciones a prendas tan sencillas como sacos náuticos o pantalones ajustados, aquel juego pasó a un segundo plano esta vez. Las colecciones se vieron simples y fáciles de usar. Y lo serán. Pero esto implica a su vez perder años de encanto y de práctica.

Sin ir muy lejos, en 1.999 (con su colección Spring/Summer) Alexander McQueen logró partir en dos la historia de la moda. Lo hizo con una colección que se adelantó al tiempo. En aquel show el arte requirió únicamente de  una modelo y un tecnológico rociador. Su talento trascendió y marcó la pauta.

De ahí en adelante París se convirtió en el lugar de reunión de los más grandes. Galliano (en cabeza de Dior) con sus arriesgados desfiles. Hussein Chalayan con su interés por la creación de piezas hechas exclusivamente para museos y Margiela con su increíble talento para la personificación de lo surreal.

Pero ha llegado el declive. Después de la salida de Galliano, Dior no ha sabido estabilizarse. “Menos fantasía y más realidad” ha dicho Bill Gaytten, director creativo de la famosa casa. Y precisamente eso fue su más reciente colección: una serie de faldas, vestidos y chaquetas sencillas y reservadas que evocaron colecciones pasadas. Pareciera incluso que se perdió el estilo de la firma.

Lo que sucede en París es decididamente radical. La semana de la moda parece haber pasado sin más que lindos vestidos de coctel, colores fuertes para la próxima temporada y piezas simples.

Y si hay algo que destacar es la colección del controversial rapero Kanye West. No podría ser más preocupante su ingreso a este tipo de eventos. El limitado círculo de la moda, aquella en donde solo se encuentran los mejores, ha abierto sus puertas para una celebridad norteamericana, más famoso por sus controversias que por su talento. El tema queda abierto pero semejante situación parece marcar un nuevo camino para la industria. Será posible que París pierda definitivamente la magia? Si a esto se suman las celebridades será mejor advertir desde ya a Gaultier y Miyake.

 Paula Gómez

 

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