Final – Jeffrey Darío Ramos – Ensayos

por La hora del escarnio


Columnista nacional: Tatiana Acevedo

Menos palabras, más acción

La fuerza de una buena frase está en que cada una de las palabras que la componga diga algo. Por supuesto esto es mucho más difícil de lo que parece, porque suele ocurrir que la mitad de las palabras que usamos son un maquillaje de nuestro lenguaje. Disfrazamos de payaso nuestro  texto en aras de sonar como unos intelectuales, pero el contenido práctico de lo que decimos es casi nulo. Por eso, en medio de una prensa acostumbrada a un estilo “lengui-largo” el estilo de Tatiana Acevedo resulta refrescante. Es, en palabras mucho más concretas la capacidad de hacer mucho más con menos.

Tatiana Acevedo es antropóloga y politóloga. Tiene además una maestría en estudios políticos y actualmente está realizando un doctorado en geografía en Canadá producto de una beca que le otorgó Colciencias en el año 2010. Trabaja para el periódico El Espectador, y además de su columna semanal del jueves tiene una sección los lunes festivos titulada “documento X”. Lo curioso es que a pesar de ser politóloga, sus columnas carecen de un tono apasionado o radical acerca de estos temas en Colombia. Y aquí se debe hacer una aclaración y es que apasionado, no significa obligatoriamente ser crítico. Acevedo maneja una crítica fuerte hacia la situación del país. De hecho las columnas suyas que abordan el tema de lo político se destacan, por que no se centran  precisamente en esto, sino en los estereotipos o problemas culturales que rodean esa situación. Es así que columnas como El corrupto y su cráneo, no abordan el problema de la corrupción desde un punto político, sino como una problemática social.

Una cosa que une al lector con Acevedo es que ella se incluye en la crítica que realiza. No se trata de señalar con el dedo a ese público inexistente. De decir que son “ellos” los culpables de que la situación este como este. De separarse y ubicarse en la posición privilegiada donde las críticas no llegan. El “nosotros” utilizado por la autora convierte la crítica en una reflexión. No solo eso sino que además le da credibilidad a la autora, pues la vuelve un personaje sincero ante el lector. Le hace entender que ella también hace parte de esa problemática de etiquetas y malas costumbres.

Pero la verdadera característica visible de las columnas de Tatiana Acevedo radica en la longitud. No son una de esas columnas a las que estamos acostumbrados (sobre todo de periodistas de revista) que ocupan media página de la sección editorial. Son 4 o 5 párrafos bien construidos, que dicen perfectamente lo que se podría decir en 10 o 15. ¿Cómo es esto posible? Pues el secreto de la columnista quizás radica en la forma como estructura sus columnas. Esa es la espina dorsal de su contundente táctica argumentativa.

Turbas ebrias, se dice de mí, retrato hablado; son títulos que se hacen interesantes ante el lector. No solo eso sino que a pesar de no ser textuales, son comprensibles, al menos en cierto nivel. El lector puede suponer que tema va a ser tratado en la columna. Luego viene un párrafo introductorio (el que viene en negrilla) que introduce al lector en una problemática, no nos presenta elementos nuevos, pero se trata de reducir el tema de la columna (no confundir terma con tesis) a unas pocas líneas.

“Tras la arremetida de columnistas y ciudadanos preocupados contra la realización del resort en el parque nacional Tayrona, queda claro que a los colombianos nos preocupan sobremanera los pueblos indígenas y la biodiversidad.” (Acevedo, ¿Tayrona libre?  26 Oct. 2011, El Espectador)

Luego viene un primer párrafo que sí nos postula una tesis. Al igual que todo el desarrollo de la columna esta, también sustentada en unas pocas líneas. Después de eso viene un desarrollo de esa tesis y hay es donde entra uno de los más poderosos recursos usados por Acevedo como instrumento argumentico: una serie de ejemplos que pongan a la vista por que la tesis de la columna es cierta.

Después de eso las frases contundentes y las reflexiones de Acevedo le quitan algo de ese “formalismo” a la argumentación y le dan un punto de vista más cercano al lector. Los argumentos pasan de ser puras cifras y numero, a convertirse en experiencias de todos, en sentimientos de todos.

En el ante penúltimo párrafo se cierra la tesis mediante una conclusión que sirve además de argumento final. Por ejemplo en su columna Turbas ebrias, Acevedo pone en juego esta herramienta:

“Y detrás de cada episodio de ira popular, hay una historia compleja y particular”. (Acevedo. Turbas ebrias. 2 Nov. 2011. El Espectador.)

En este caso se nos presenta una conclusión (hay unas historias detrás de las turbas furiosas) y además un argumento que remata la tesis (no se tiene en cuenta que hay historias detrás esas turbas furiosas) La firma de la autora suele ser una frase que cause impacto y recordación. Puede, o no ser un argumento, pero cierra el escrito y le da un impacto final. Un toque estético:

“posiblemente nos duele más el Tayrona porque lo encontramos más bonito”. (Acevedo. ¿Tayrona libre? 26 Oct. 2011, El Espectador)

El uso del sarcasmo también en una de sus herramientas comunes, pero no se trata solo utilizarlo para darle un elemento humorístico al texto, sino para poner en ridículo la situación. Para revelar lo absurdo de lo que está ocurriendo. En Retrato hablado la autora inicia con la descripción de un supuesto asesino en serie (alto, delgado, moreno, joven) aportada por los habitantes del sector donde ataca. La autor continúa la descripción con la siguiente línea:

“con este detallado retrato hablado…” (Acevedo. Retrato hablado, 31 Nov. 2011, El Espectador)

Se le revela el absurdo al lector. Lo que en principio nos aprecian unas descripciones huirles, ahora las vemos como un montón de datos, demasiado generales para poder culpar o atrapar a alguien.

Por ser tan joven, y por su estilo, el público de Acevedo parece estar entre una línea de edad de 18 a 30 años. Su línea de pensamiento también influye, pues a pesar de no tomar un partido abierto por alguno de los sectores del país, su pensamiento se inclina un poco más hacia la izquierda, que hacia la derecha. Sus lectores admiran sus conclusiones y el hecho de que las reflexiones que ella realiza son nuevas. Quizás no se traten de nichos poco investigados, pero el ángulo desde el cual Tatiana Acevedo la mira le da una singularidad a sus columnas que la separa de las demás.

El único contra que se le puede encontrar a Acevedo, es que a pesar de intentar no mantener una posición de juzga, en cierto modo impone sus opiniones al lector, al dar pocos o ningún contra argumento en sus columnas (debido también al espacio). Aun así cabría preguntarse si el columnista de opinión no tiene como propósito precisamente ese. Imponer su opinión mediante argumentos.

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Columinista internacional Yoani Sánchez

mas sabe el diablo por viejo …; la experiencia en la opinión.

Cuando Las situaciones que son lejanas para nosotros, que son incomprensibles dentro del contexto en el que nos movemos nos son contadas en forma de experiencias, esas experiencias se convierten en argumentos poderosos y muy difíciles de romper. Quizás es por eso que Yoani Sánchez se ha convertido en una periodista emblema de Cuba, porque comprendió que la mejor forma de que su voz llegara a sus lectores, ajenos a todo lo que ocurre en Cuba, es contarles las cosas mediante la su propia experiencia.

Graduada de la universidad de la Habana como filóloga, Yoani Sánchez es una periodista Cubana cuyo mayor reconocimiento proviene de la visibilidad que ha adquirido su Blog Generación Y, considerado por algunos de los periodistas más importantes, como el primer bastión de critica que ha surgido en un país en donde la libertad de expresión es tabú. Debido a su trabajo como periodista ha sido premiada con varios reconocimientos, entre ellos el premio Ortega y Gasset en el 2008.

Su posición política es bastante clara a través de sus columnas. Una fuerte crítica a la situación que se vive en Cuba y una constante reiteración a la necesidad del país de abrir los mercados y generar políticas que representen una oportunidad de mayores libertades para sus habitantes. Precisamente por este tipo de posición ha recibido fuertes presiones por parte del gobierno entre las cuales se cuentan el bloqueo de su blog en Cuba y la negación del permiso de salida en 8 ocasiones.

 Pero es precisamente esa voz fuerte y convencida la que  ha generado en sus lectores esa seguridad de que lo que ella les comenta  a través de sus columnas es la verdad acerca de lo que se vive en Cuba. Cada uno de sus párrafos están cargados de una fuerte crítica y de una sensación de descontento con  la realidad que tiene que vivir: Rabia, ira, vergüenza de portar este pasaporte azul que nos hace culpables –por anticipado- ante la ley de nuestra propia nación. (Sánchez El apartheid persiste. 10 / 11 /2011. generación Y).

 Como se notó en la cita anterior de una de sus columnas, suele usar la primera persona para hablar. No usa alguna voz prestada o un tono de institución para fortalecer sus argumentos, sino que quiere dejar en claro que es ella, una cubana encerrada en su propio país, la que les está contando lo que está ocurriendo. Ese uso de la primera persona fortalece los argumentos en tanto refuerza la voz crítica de la autora.

Esta primera persona también tiene otro propósito y es el de hacer más verosímiles las experiencia contadas. La mayoría de las columnas de Yoani Sánchez están escritas en forma de reflexiones  a partir de sus propias experiencias en su país. “yo sin embargo, soy de la generación que de antemano piensa que casi todo está prohibido, que me van a regañar a cada paso e impedir cualquier cosa que se me ocurra”. (Sánchez, Y. El apartheid persiste. 10 / 11 /2011. Generación Y) El uso de la primera persona como narrador, le permite fortalecer las experiencias (que de igual manera serian difíciles de narrar sin que ella se involucrara en el relato.) Esa voz también le permite cercanía con sus lectores (ya sean los del blog o las diferentes versiones impresas de los diarios que publican sus columnas)

 No son muy extensas y normalmente no están estructuradas en más de 4 párrafos. Uno de los elementos en común de sus columnas es que suele relacionar el último párrafo con alguna idea propuesta en el primero. No se trata de solamente de una conclusión, sino de darle pistas al lector para que entienda el por qué se empieza de esa manera. Por ejemplo en su columna Los hilos de la piñata, la autora hace una descripción de cómo veía las piñatas cuando era niña. Aun así la problemática no se relaciona con la experiencia hasta que en el párrafo final hace una comparación entre la repartición de dulces en una piñata y la repartición de beneficios en el gobierno cubano.

 Quizás una de las debilidades de sus columnas radica precisamente en ese fervor con que denuncia al gobierno de Fidel Castro y Raul Castro. En algunas ocasiones más que una pelea sostenida con argumentos, pareciera que la autora sostuviera una pelea personal con el gobierno Cubano. Desde esta perspectiva el lector se puede preguntar ¿y qué pasa si esta periodista me está contando las cosas de la forma como ella las quiere ver? ¿Emperorar unas situaciones, que a pesar de no ser tan malas son trastocadas para hacernos creer eso?

Es por este motivo que su público (o por lo menos al que ella apunta) es uno que también sea crítico con la situación en Cuba. Este público también tiene que estar consciente de la situación, y por lo menos tener presentes algunas figuras importantes en la cultura y la historia del país, para entender el gran número de referencias a lugares y personajes que la autora realiza.

 El lenguaje utilizado suele estar mezclado en el texto. Por una parte en la narraciones de sus experiencias utiliza palabras comunes, fáciles de entender, como si se dirigiera a  toda clase de público. “Las recuerdo muy bien, las fiestas infantiles que terminaban a codazos, entre la risa de quienes querían alcanzar un caramelo o un regalo. Las piñatas en forma de payaso, de barco o hechas a partir de algún personaje de dibujos animados, eran la parte más divertida de todo cumpleaños” (Sánchez, Y. Los hilos de la piñata.  /08/10/2011/. Generación Y.). Sin embargo cuando realiza sus análisis de la situación por la que atraviesa Cuba actualmente su lenguaje se transforma y adquiere un tono académico, utilizando palabras y frases que solo pueden ser comprendidas por aquellas personas que tengan un vocabulario amplio. “¿de qué calado será ésta que no incluirá la derogación de esta categoría tan oprobiosa?”. (Sánchez, Y. Los hilos de la piñata.  /08/10/2011/ Generación Y.)

 Para concluir podemos observar como una columna construida desde la experiencia puede tener ciertas características y ventajas que otras columnas escritas con otros métodos no poseen. En primer lugar permite una voz más clara del autor de la columna.  También genera una cercanía con el lector (incluso aunque la experiencia sea lejana, pues la persona que está hablando no es una institución como un periódico). Los argumentos construidos bajo la experiencia además, pueden tener muchas más validez que los construidos sobre números o datos. Aunque también poseen debilidades como la fácil refutación de los argumentos construidos bajo la experiencia pues se puede contra argumentar que se está generalizando una situación (que te pase a ti, no quiere decir que les pase a todos). Aun así, el número de lectores de su blog y el hecho de que renombrados periódicos publiquen las columnas que sube a su blog es símbolo de que lo que dice tiene credibilidad. Quizá su discurso anti-Fidel le consiga contradictores, pero es su experiencia como Cubana la que enriquece los textos.

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