Trabajo Final

por La hora del escarnio


Ángela Londoño

Columnistas

Columnista Nacional

Héctor Abad Fciolince

Héctor Joaquín Abad Faciolince es un periodista y escritor que nació en la ciudad de Medellín. A sus 53 años, ha sido reconocido con más de 6 premios, entre los cuales se destacan: un premio Simón Bolívar de Periodismo de Opinión, Premio casa de América de Narrativa Innovadora, premio a la mejor novela del año por Angosta y el premio Casa de América Latina de Portugal por el libro El olvido que seremos, como mejor obra latinoamericana.

Hijo de Cecilia Faciolince y de Héctor Abad Gómez, conocido por los antioqueños como El apóstol de los derechos humanos,  médico y profesor universitario, asesinado en Medellín en Agosto de 1987. Héctor Abad fue  influenciado en gran medida por su padre con el que conoce a poetas como Porfirio Barba Jacob y León de Greiff.

Inició estudios de medicina, filosofía y periodismo, ninguno concluido. Estudió lenguas y literaturas modernas en la Universidad de Turín. Empieza a escribir en periódicos y revistas del colegio, luego en la universidad y posteriormente en diferentes medios del país, trayectoria que se extiende por más de 15 años. Ha sido columnista de periódicos como El Colombiano, El Espectador, revista Cromos. Actualmente escribe para las revistas Cambio y el Malpensante. Además de dedicarse al periodismo, es uno de los escritores colombianos más representativos de la actualidad. Traductor y crítico literario con importantes obras literarias reconocidas a nivel mundial. En el periódico El Espectador, publica semanalmente su columna en donde expone de forma clara su opinión, en donde escribe de diferentes temas, desde fútbol hasta literatura.

La estructura de sus columnas es organizada; por lo general al inicio plantea una tesis, luego la desarrolla y después la defiende o la destruye con ejemplos, fuentes y datos para finalmente, concluir con una reflexión. Acude constantemente a figuras literarias, referencias históricas y cita a diferentes autores y columnistas. Escribe sobre todo tipos de temas, literatura, política, fútbol, internacional, y también habla de sus experiencias personales y muchos de los temas los relaciona con Medellín.

De su formación y experiencia se puede decir que es de izquierda y hace constantes críticas al gobierno, sobre todo a lo que fue el gobierno de Uribe.  Usa constantemente el sarcasmo para referirse a los temas colombianos y no ve un Colombia posible en un futuro cercano por cómo se refiere a sus dirigentes. (Sigues siendo optimista en cuanto al futuro de Colombia? “A largo plazo, sí. Digamos que antes de la extinción del universo, antes que se apague el sol, viviremos un período suizo, de próspera tranquilidad. Pero ese tiempo no se cuenta en años, sino en siglos. Aunque también creo que el mundo de aquí a cincuenta años no es siquiera imaginable. A lo mejor ni siquiera existan muchos países y haya otro tipo de fronteras. La profesión de profeta es muy ingrata: sólo aciertan unos pocos, y los que aciertan, aciertan por azar”)

Los títulos de sus columnas son cortos y concisos, normalmente no causan impacto en el lector: Ay Manizales del agua, El fin del fútbol mafioso, Domingo electoral, Eta Gadafi y las Farc, Preguntas sobre la plata, Pegarle a una mujer, entre otros.

Desde sus títulos se puede observar el tono sarcástico que Abad Faciolince utiliza en sus columnas. Todas ellas están impregnadas del fino sarcasmo y burla que emplea el escritor. Sus ataques son personificados o satirizados, lo cual permite fuertes críticas sin caer en el insulto o en bromas de mal gusto. En una de sus columnas, Ay Manizales del Agua, del 6 de noviembre,  se pueden encontrar varios de los elementos mencionados anteriormente.

Referencias históricas: “Por lo que sabemos, salieron de Sonsón y Abejorral descalzos y en alpargatas, pobres de solemnidad, tan mestizos y montañeros como todos, pero después de una caminata entre las breñas de la cordillera central llegaron a Manizales de botines y mantilla, vestidos de toreros o Manolas, más blancos y castizos que todos los otros antioqueños juntos. Hasta les dio por escribir raro y florido, en el célebre estilo greco-caldense, una especie de culteranismo trasnochado, lleno de arcaísmos aprendidos en los libros de retórica. Las élites de Caldas se creen de mejor familia que el resto de los colombianos (y sobre todo de mejor sangre que los de su misma estirpe: antioqueños, risaraldenses, quindianos). Más blancos, de sangre azul, y por supuesto más limpios.”

Citas a autores: Decía hace poco Josep Ramoneda: “Hay que luchar contra la indiferencia. La indiferencia es en buena parte responsable de todo esto que ha pasado”. No hablaba de Manizales, sino de la crisis económica de Europa, pero la frase se aplica a también a esta crisis del agua. La política caldense, primero con la godarria ultramontana y luego con falsos liberales corruptos y criminales, ha tenido una triste historia.

Tiene argumentos simples, que convencen al lector por la cantidad de sinónimos que utiliza y porque constantemente compara la historia con el presente, método que le funciona muy bien dado que demuestra como las cosas poco han cambiado.

La mayoría de sus conclusiones hacen alusión al presente del país, corrupción, fracaso en la política, indiferencia, violencia, mafia entre otras. Héctor Abad es un columnista que se basa en sus experiencias personales para persuadir al lector. Su arma más fuerte es el uso del lenguaje y el sarcasmo, sin embargo apela más a las emociones que un intento por buscar la verdad.

Columnista internacional

Manuel Rivas

Nacido en la Coruña en 1957, Manuel Rivas es periodista, novelista, ensayista y poeta.
Su carrera como periodista se inició muy tempranamente, a los 15 años, como meritorio en El Ideal Gallego. Estudió Ciencias de la Información en Madrid. Fue subdirector de “Diario de Galicia”. Es y ha sido colaborador en diversos medios de comunicación gallegos y españoles; El País, El Ideal Gallego, Diario de Galicia y La voz de Galicia.

Como periodista se ha mantenido siempre comprometido con los problemas sociales y ecológicos. Fue socio fundador de Greenpeace. Su actividad en este sentido adquirió una importancia fundamental con el reciente desastre ecológico provocado por el hundimiento del Prestige.

Considerada la voz más sobresaliente de la literatura gallega contemporánea, Manuel Rivas se ha convertido también en una rara excepción dentro del panorama de la literatura mundial. Se caracteriza por el uso del lenguaje, su autenticidad, la diversidad de las historias.

Es autor de tres novelas cortas: Los comedores de patatas (“Os comedores de patacas”) (1993), El lápiz del carpintero (“O lápis do carpinteiro”) (1998), Premio de la Crítica española, llevada al cine por Antón Reixa, y En salvaje compañía (“En salvaxe compaña”) (1995), que ha sido reeditada con correcciones del autor en 2004. Sus últimas obras son El héroe (2005), teatral; Los libros arden mal (2006), una novela y Os Grouchos (2007), un ensayo periodístico. Junto con Suso de Toro es la cabeza visible de una generación de narradores gallegos con amplio eco de crítica y público en España.

En cuanto a su obra periodística, buena parte de sus mejores reportajes están compilados en El periodismo es un cuento (1998), usado como libro de texto en numerosas facultades de Ciencias de la Información, así como en los volúmenes “Toxos e flores” (1992), Galicia, el bonsái atlántico (1994), Galicia, Galicia (2001), Mujer en el baño (2004) y Una espía en el reino de Galicia (2004).

La estructura de la columna es sencilla. Son columnas cortas y generalmente hace uso de recursos literarios para describir una situación, hace comparaciones literarias con las situaciones de la vida real, así como referencias a casos históricos: “”Oiga usted, que soy pobre, pero honrado”, decía un personaje de Chumy Chúmez. Y el capitoste le respondía: “Las desgracias nunca vienen solas”. Así que a la crisis se suma la corrupción, en forma de saqueo de lo público. En la corte de Carlos II, había un general inquisidor del que se decía como lisonja que era “tan superior, que se había excedido a sí propio”. Ahora, en clave de parodia, podríamos hablar de una desvergüenza, incluso excesiva. Al pillaje descarado de cargos políticos o de parásitos de altas instituciones, como los casos Gürtel y Emarsa, y a la espera de lo que nos deparen los expedientes Nóos y Campeón, hay que sumar la mangancia de los banqueros premiados tras hundirse las entidades que gestionaban. Ninguno ha sido encausado. Al contrario, el Gobierno saliente se despide con un indulto que nos recuerda que todos somos iguales, sí, solo que algunos tienen un capital. ¿Capitalismo salvaje? No, ¡capitalismo mágico! ¿Por qué ocurre esto y en estas magnitudes? Para definir la parálisis de las conciencias en el fascismo, Primo Levi utilizaba la expresión de vacanza morale. La moral, que se fue de vacaciones. Estamos en otro tiempo histórico, pero persiste la “holganza moral” en muchos estamentos”

Se caracteriza por abordar sus columnas, imprimiéndole un tono literario, y luego por medio de ejemplo, cifras y datos, sustenta la tesis principal del tema. También se vale de fotografías para hacer sus columnas más didácticas.  La opinión del autor se puede percibir a lo largo de toda la columna dado que escribe con mucha pasión. Tiene un público muy amplio, pues escribe sobre cualquier cosa y además las columnas son entretenidas y rápidas de leer. Los títulos de las columnas son cortos, la mayoría palabras que cautivan al lector. Suele dirigirse al lector a lo largo de la columna.

Columnas Corregidas

Grande Bogotá

Es verdad que el crecimiento desmesurado de las ciudades es un mal universal y ha significado desafíos inmensos a todas las sociedades. Pero es difícil encontrar un caso más traumático que el proceso de crecimiento de Bogotá y solo vasta con mirar por la ventana para ver el desorden de sus calles, el caos urbano, la crisis del transporte, la hostilidad generalizada, altos índices de pobreza, altos niveles de indigencia, corrupción de la administración, inseguridad, falta de un perfil cultural y lo más grave: la falta de identificación de la población con la ciudad en la que habita, nos olvidamos de querer a Bogotá.

Bogotá ya no es lo que fue, pero nadie podrá decir exactamente lo que es ahora; no deja de ser significativo, que en la constitución de 1991, se haya querido devolverle el nombre virreinal: Santafé de Bogotá, como un intento nostálgico por devolverle su grandeza de antes. Pero Bogotá no volverá a ser lo que fue, ahora su única posibilidad es la de descubrir lo que es y tratar de construir un sentido de sus existencia a partir de esa clamorosa complejidad.

Hay quienes sostienen que Bogotá es sólo una mole inmensa de fealdad y desorden, sin nada que pueda ser utilizado para construir una ciudad verdadera y una cultura ciudadana. Pero ocho millones de personas son ocho millones de historias humanas llenas de sentido, de pasado y esperanza; con esa materia básica se han cumplido siempre las grandes tareas históricas y nadie tiene derecho a descalificar a un pueblo de la posibilidad de transformarse.

Hay que adquirir conciencia de que la ciudad posible está en la ciudad presente. No se trata de inventar algo que no existe, si no de aprovechar y potenciar lo existente para obrar una transformación necesaria. Pero la primera condición para ello es que cada quien adquiera conciencia de su propia importancia, no sólo para sí sino para la sociedad en su conjunto. Hay que volver a querer a Bogotá, al fin y al cabo, es esta la ciudad donde vivimos.

Erudito

Dice Héctor Abad Faciolince, en una de sus columnas, que con muy pocos autores- sin temor al ridículo- se pueden emplear grandes palabras. Hoy voy a emplear una con William Ospina, puedo equivocarme, pero creo que es uno de los grandes escritores que hoy por hoy tiene Colombia: Erudito.

Pocos escritores de nuestra tradición han querido invocar su tierra de origen en sus obras. Son pocos los que conocen a fondo cada uno de los detalles de este país, son pocos los que en verdad pueden escribir sobre cualquier cosa y les sale bien. Sí, William Ospina es un erudito, y lo demuestra con cada una de sus obras.

tuve la oportunidad de leer uno de sus mas recientes libros: Por los países de Colombia, una visión sobre la obra de diversos poetas colombianos, muchos poetas que muy a mi pesar, los de mi generación ya no leen: Porfirio Barba Jacob, León de Greiff, José Asunción Silva, José Eustasio Rivera, entre otros; poetas que, en palabras de William Ospina, hicieron una rebelión contra la ceremoniosidad republicana, que se atrevieron a buscar vientos nuevos en una sociedad encerrada en pequeñeces y que lograron modificar la sensibilidad del mundo.

Creo que ésta es una de las mejores obras de Ospina. No solo demuestra sus grandes conocimientos sobre poesía, sino que nos regala una obra en la que podemos mirar en el microcosmos la grandeza del mundo. Nos revive la más grande poesías que jamás se haya escrito en este país, nos revive poetas para los que no hay un igual en el mundo, y lo mejor es que son colombianos.

Sin embargo, no escribo esta columna para criticar su obra. Quiero dejar por escrito que William Ospina está haciendo historia. En Colombia, los libros más vendidos son los libros de autoayuda; Países como Brasil y Argentina, nos llevan una enorme ventaja en cuanto a producción y crítica literaria, a pesar de los grandes escritores nos quedamos cortos porque en Colombia no sabemos leer, y es que aquí no hemos establecido los parámetros con los que se puedan valorar las obras, no hemos desarrollado la crítica, en Colombia no hay crítica literaria. Pues bien es por esto que William es grande: porque ha empezado a establecer los estatutos de valoración, ha encontrado lo que pueden ser las nuevas bases de valoración en Colombia.

No es fácil, le tocó arrancar de cero, y creo que lo ha hecho con majestuosidad. Ha impuesto lo que puede ser una nueva era en la literatura colombiana, y lo ha hecho con lo más difícil con la poesía.  Los invito a que lean la obra, es uno de los más grandes regalos que se nos ha hecho en los últimos tiempos, ante lo único que nos pertenece y que nos hace bien.

La poesía es de lo mejor que tiene la civilización; dicen que puede cambiar una sociedad, cuentan que cuando se publicaron los poemas homéricos la sociedad cambió, cambiaron las costumbres, los hábitos. Tal vez podamos cambiar nuestros hábitos de lectura, y dejar a un lado a Walter Riso.

Columnas Nuevas

Y Olé

Se acerca la temporada taurina en Colombia y con ella también sus detractores. Hace poco discutí con un antitaurino y por poco me coge a golpes. Como no me dejo explicarle lo que sentía, esta columna va para él y lo que pienso de todos los antitaurinos.

El rasgo característico de los antitaurinos es su ceguera al arte. No me refiero al arte del toreo sino al arte en general. Su ceguera, su sordera, como quieran llamarla: su incapacidad para comprender lo que están viendo, lo que están oyendo, lo que está pasando. Tienen ojos, y no ven, no razonan, no entienden.

Los antitaurinos son primitivos, y esto no es malo, es un estado del espíritu que puede evolucionar con el paso del tiempo. Y es precisamente este primitivismo, lo que explica en buena parte que no entiendan, que la tortura es una manifestación de índole cultural, aunque sea moralmente condenable. Pero además la cultura es neutral, y por lo tanto no se le puede condenar.

Creen conocer y saber de qué se trata la tauromaquia, sin embargo es un mundo imaginado, imaginado por antitaurinos de acuerdo con descripciones fragmentarias y fantasiosas de terceros. Gritan y tiran piedras, arremeten contra “los asesinos”, pero no se dan cuenta que son mas violentos y que arremeten contra uno de los públicos más decentes que hay en este tipo de espectáculos, aquí todos somos amigos, una familia.

No me interesa, ni intento convencerlos, pero no podrían comprender jamás este mundo, porque como les dije son ciegos al arte, y si el toreo es un arte es por la sencilla razón de que todas las cosas que se hacen en el mundo de los toros se hacen por amor al arte. Es un mundo variado y complejo, lleno de personajes diversos, tanto humanos como animales pero todos ellos sin excepción, hacen lo que hacen por amor al arte, e incluso pagarían por hacer lo que hacen. No me digan que somos asesinos, cuando ni si quiera conocen este mundo.

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