Partido de la muerte

por La hora del escarnio


Estoy aturdido. Ayer en Egipto sucedió la tragedia más aterradora que haya pasado en toda la historia del fútbol. Miles de salvajes, disfrazados de hinchas, convirtieron el estadio de Port Said, al noreste de Egipto, en un campo de batalla, luego de ingresar a la cancha y atacar con cuchillos –o como se llamen en Egipto­– y objetos contundentes a hinchas y jugadores del equipo rival.

Hasta ahí parece una historia repetida, pero que alguien me explique qué carajos le pasó por la mente a los aficionados del equipo ganador, quienes fueron los que decidieron invadir el campo para formar la gresca. ¿Tanta rabia puede tener un hincha que acaba de ver a su equipo ganar? O todavía peor ¿qué rabia puede tener un aficionado luego de que su equipo gane? Más aterrador, luego de ver los videos de la televisión local, resulta la inoperancia de la policía, la pasividad y tranquilidad que invadió a la fuerza pública presente en el estadio que no trato de impedir que se propagara la carnicería que dejaría como recuerdo ¡tres cadáveres en uno de los camerinos!

No puedo creer que exista en pleno siglo XXI, luego de erradicar a los hooligans y que hasta en Colombia se jueguen partidos sin rejas, exista una sociedad que, después de pelear por su libertad, termine devastado por el descontrol que genera un simple partido de fútbol.

Sin embargo, todo parece tener un tinte político y las dudas recaen ahora en cuáles fueron las verdaderas causas que dieron pie para que se produjera esta masacre, que reportó –hasta ayer– un saldo de 74 muertos y 1.000 heridos, contando los disturbios producidos fuera del estadio.

En Egipto, los opositores al régimen de Mubarak acusan a partidarios de éste como responsables de la barbarie, alegando que estos tipos buscan sabotear la transición a un poder más democrático y pacífico.

Todo un enredo, como cuando se mezcla el fútbol y la política. No ha pasado un año después de los disturbios que llevaron a la caída del régimen de Mubarak y ya Egipto regresa al caos. La violencia se apodera de los estadios, de la gente, del fútbol.

Nunca entendí el Islam, nunca entendí el idioma árabe, y tampoco entenderé nunca cuál es el chiste de matarse por un partido de fútbol.

Néstor Peña

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