Jaque a la globalización

por La hora del escarnio


Es difícil de creer: la ONG Survival International estima que en el mundo existen aproximadamente 100 comunidades indígenas aisladas. En otras palabras, grupos de personas que no han tenido contacto alguno con gente del exterior y que viven, por voluntad propia, lejos de la luz eléctrica y de internet.

Cuesta creerlo, pero parece que así es. Hace pocos días, el 16 de enero, el explorador español Diego Cortijo logró fotografiar a los Mascho – Piro, indígenas de la Amazonía del Perú. Una comunidad aislada desde 1894, año de la Masacre del Caucho.

Lo que resulta difícil de creer es que aún hoy, en la era las multinacionales, de la información inmediata y de los correos electrónicos, existan seres humanos completamente aislados del mundo exterior. Es decir, personas que son ajenas a por lo menos tres mil años de lo que denominamos historia universal.

Survival International, data, por ejemplo, la existencia de una comunidad en la Isla de Andamán, India, que se estima ha estado aislada por 55.000 años. La cosa resulta similar a ese cuento de Lovercraft en el que unos seres de otro universo viven escondidos en la tierra por millones de años. Algo inverosímil, pero, a su vez, fascinante.

Pero más allá de si son tres mil o 55.000 años de aislamiento, la noticia de la imágenes de los Mascho – Piro es una prueba más de que el mundo no está tan globalizado como creemos. E, incluso, de que quizá nunca llegue a estarlo. La idea de la globalización, a grandes rasgos, es “la imagen de una sociedad mundial unida” entorno a los principios de la democracia y la economía neoliberal.

Occidente ha sido el encargado de difundir esa imagen; que es contraria a la realidad. Pues como es sabido no todos los humanos desean lo mismo y ni de fundas existe eso de la cultura universal. Así, es bastante probable que el sueño de El Fin de la Historia de Francis Fukuyama, y de paso de la mayoría de dirigentes de América y Europa, de un mundo sin otro deseo que el consumismo y el libre mercado, nunca llegue a cumplirse. Por fortuna.

Robby Ospina

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