Dibujos atropellados

por La hora del escarnio


Cuando los avances en libertad de expresión en América Latina se hacen cada vez menos visibles –por no decir invisibles- la OEA aprueba un documento lleno de “recomendaciones” que podría amordazar al único órgano internacional que todavía lucha por su defensa: la Relatoría para la Libertad de Expresión.

Hace seis meses, el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos creó un grupo de trabajo que estudiaría “el funcionamiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para el fortalecimiento del sistema”. Al repasar las recomendaciones que resultaron de ese estudio es difícil no alzar una ceja de ironía. El documento “recomienda” a la Relatoría para la Libertad de Expresión reducir su presupuesto a la tercera parte, de manera que esté al mismo nivel del presupuesto que reciben las demás relatorías de la Organización. También “se sugiere” que el informe anual que la Relatoría realiza para cada uno de los países miembros de la OEA, donde se exponen ante la comunidad internacional los atropellos contra la libertad de expresión, sea incluido en un informe mucho más general que publica la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Para completar estas recomendaciones que debían “fortalecer el sistema”, el documento propone un código de conducta al que se tendría que atener la Relatoría y que implicaría, nuevamente, coartar su capacidad de monitoreo y minimizar la difusión de sus comunicados.

Por supuesto, nada de esto es cuestión del azar. Desde hace varios años los gobiernos de Venezuela y Ecuador han tenido que sacudirse los desagradables resultados de los comunicados que publica la Relatoría. Cuando Rafael Correa demandó al diario EL Universo por “injurias calumniosas” en su contra, la Relatoría rápidamente se pronunció, dejando claro que sus actos atentaban contra los derechos humanos. Lo mismo sucedió cuando Chávez intentó demandar al canal Globovisión por cubrir los eventos de la cárcel El Rodeo, donde los presos hacían huelga de hambre y sus familiares protestaban alrededor de la prisión.

Meses mas tarde se reúne la OEA y, oh sorpresa, surgen estas recomendaciones que buscan limitar la voz de la Relatoría para la Libertad de Expresión. Aunque ha salido en la prensa y seguramente muchos nos sentimos indignados, la realidad es que todos los países miembros aprobaron el documento sin chistar y que, al parecer, Hugo y Rafael se vuelven a salir con la suya. Como los niños, estos presidentes necesitan de constante supervisión para mantenerse, más o menos, coloreando dentro de las líneas. Si el único organismo que cumple actualmente esta función -y que cuenta con la objetividad y validez que le da la OEA- es limitado en sus acciones, no podemos sino esperar un dibujo atropellado, donde no se respeten los límites.

 

Daniella Mendoza.

Anuncios