¡No a la tauromaquia!

por La hora del escarnio


Según la RAE, una corrida de toros es “una fiesta que consiste en lidiar cierto número de toros en una plaza cerrada”. Por su parte, lidiar es “luchar contra el toro hasta darle muerte”. La tauromaquia es definida como “la ciencia del toreo”. Toda ciencia, incluso ésta, se estructura como un conjunto de reglas, observaciones y maneras en que la corrida y la lidia de toros debe realizarse para cumplir su objetivo final: la muerte del animal.

Para mí la corrida de toros no es un deporte de iguales condiciones sino más bien una práctica inhumana, que no tiene cabida en nuestra sociedad. Según la RAE deporte es la “actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas”. Hasta aquí estaría de acuerdo. Pero, decir que el toreo es un deporte de competencia igualitaria entre dos rivales, es falso, pues esta condición no se cumple. Los sucesivos escándalos por el afeitado de los toros (cortar o limar la punta de los cuernos al toro para que su lidia resulte menos peligrosa) o las investigaciones que han dejado ver la manera en que los toros son preparados para la corrida en toriles; dejan mucho que desear a una afirmación como que el enfrentamiento se da entre dos rivales en iguales condiciones. Una corrida de toros es un espectáculo de engaño y falsedad, donde los toreros  se enfrentan a un animal completamente explotado en sus facultades físicas mediante el cansancio y el dolor.

Las corridas de toros no son un arte pues el arte es un proceso de creación y construcción, que da vida, no la quita. Los toros no son cultura ya que la cultura entendida según la RAE como “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” sólo será constructiva y válida mientras apueste por dar valor al ser humano, transformarlo en un ser más sensible, más inteligente, y más civilizado. La crueldad que humilla, a humanos o animales, y destruye por el dolor jamás se podrá considerar cultura.

La tauromaquia constituye el ejemplo perfecto de indiferencia por el dolor ajeno y por la vida. Desde  donde se le quiera mirar, no hay una perspectiva, no hay un enfoque, no hay un punto de vista que logre justificar un acto tan bárbaro y vergonzoso como el de las fiestas taurinas; no existen argumentos, mucho menos excusas. El acto de celebrar el sufrimiento de un animal es aberrante. ¿Acaso no consideramos enfermo mental a aquel que apuñala, mutila y observa agonizar hasta la muerte a su víctima? ¿O quién guarda como trofeo un dedo o una oreja? En realidad ¿Cuál es la diferencia? Los animales como todo ser vivo en este mundo merecen respeto y, por cierto, el toro es un ser vivo que siente también.

¿Desde cuándo las apologías a la violencia y la destrucción son dignas de perpetuamiento histórico? Tradiciones como la ablación femenina o la esclavitud nos horrorizan ¿Entonces por qué no nos espanta una práctica cruel y sadista como la fiesta de los toros? Las costumbres  y tradiciones deben ser soporte de lo que nos define y construye, pero también de lo que esperamos en el futuro. Por eso yo digo ¡no a la tauromaquia!

Natalia Méndez Alzate

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