Israel, cambia, por dios

por La hora del escarnio


Robby Ospina

Israel no atacará a Irán. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu,  podrá largarse en advertencias y amenazas: que tiene sobre su escritorio los planes de un bombardeo contra las centrales nucleares de Fordo y Natanz, que está dispuesto a emprender una acción militar sin el apoyo de la Casa Blanca y otras. Sin embargo, no cumplirá lo que dice, a menos que pierda la cabeza y decida romper ese delgado hilo que impide una guerra total en Oriente Próximo.

Netanyahu no dará la orden de ataque. Aunque piense que tiene motivos suficientes para hacerlo, pues cree que el programa nuclear iraní es una amenaza a la existencia de Israel. Y no lo hará porque, según reveló la revista Time, no cuenta con la capacidad bélica necesaria para destruir todos los complejos nucleares de Irán, que se encuentran en su mayoría incrustados en las montañas o cubiertos por bunkers subterráneos. Si no puede cumplir con el objetivo de impedir que los ayatolas desarrollen la bomba atómica, su guerra sería una contienda absurda, según, Meir Dagan, mítico jefe del Mossad.

Y en política internacional las decisiones de los líderes de Estado están en función más de la razón, que de las emociones. Son pocos los políticos que deciden ir a una guerra a sabiendas que saldrán derrotados; lo que no significa que procuren otros medios para conseguir lo que buscan. Pero está no es la situación de Bibi Netanyahu, que parece tener las manos atadas. Se le agotan los recursos para impedir que Irán se convierta en una potencia nuclear: la guerra no sirve y las sanciones tampoco (desde 1979, año de la Revolución Islámica, Irán hace frente a las sanciones impuestas por EE – UU y Europa, sin que éstas hayan afectado de manera significativa su economía). Los políticos israelís se encuentran ante una compleja jugada de ajedrez: ¿qué piezas mover para detener a Mahmud Ahmadineyad, presidente iraní?

No hay jugadas que sirvan, Irán se hará irremediablemente con la bomba, es sólo cuestión de tiempo. Por eso Israel deberá cambiar muy pronto el enfoque de su política exterior, basada, desde hace más de sesenta años, en una idea de superioridad y autoridad frente a sus vecinos. De no tomar un tono más amigable, se verá obligado, ahora sí, pero ya no con la supremacía militar de los años en los que enfrentó a Egipto, Siria y Jornadia (1967), a involucrase en un enfrentamiento bélico que podrá arrastrar tras de sí a gran parte de los Estados del mundo.

@robbyao

 

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