EL REY MIDAS

por La hora del escarnio


Ya es un hecho la compra de la Casa Editorial El Tiempo por el empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño del Grupo Aval. Una vez más, el medio de comunicación  más leído y tradicional del país está en manos de intereses económicos. Pero esta vez es el hombre más rico de Colombia quien la compra.

La Casa Editorial El Tiempo es la empresa periodística más grande e importante de Colombia. No sólo porque tiene al periódico de mayor circulación, El Tiempo, sino que también la conforman revistas reconocidas, como Don Juan, y canales de TV regionales, como CityTV. Es decir, que su influencia en la opinión pública es más que evidente.

Cuando un canal, un periódico o una emisora son propiedad de grandes compañías ajenas al mundo periodístico, su objetivo e independencia se pone en duda. Los riesgos de tener conflictos de intereses e interdependencias son latentes, pues los periodistas no pueden redactar noticias, tranquilamente, con la presión de que la mayoría de ellas se relacionan con su patrón.

A Luis Carlos Sarmiento lo llaman el “Rey Midas” porque todo negocio que compra se vuelve rentable, como el oro. Como buen negociante, a este empresario le importan los resultados y beneficios económicos que le proporcionen su empresas, no en vano es el hombre más rico de Colombia. Como toda compañía, La Casa Editorial El Tiempo deberá dar resultados y, por eso, sin importar los medios, tendrá que vender. Así, los periodistas se verán obligados a cumplir con objetivos y a rendir como sea. Y su lealtad estará a los intereses de sus accionistas y no a la  de los ciudadanos.

¿Es posible que el señor Luis Carlos Sarmiento acepte la publicación de una noticia que afecte a alguna de sus empresas? ¿El Tiempo, nueva adquisición del banquero, denunciará los abusos de sus bancos? ¿Habrá críticas de las altas tasas de interés que tiene sus constructoras en CityTV o Portafolio? La Casa Editorial El Tiempo no será vista como una institución que representa a los ciudadanos, sino como una figura de poder que satisfará las necesidades particulares. La verdad, que como periodistas se defiende, podría estar supeditada a lo que a su dueño le convenga; y la vigilancia al poder  podría convertirse en alcahuetería.

El “Rey Midas” no sabe a qué se enfrenta con su nuevo negocio. Las empresas periodísticas no son  bancos ni constructoras, porque en ellas no hay clientes, sino ciudadanos. Su renta radica en la calidad de sus contenidos y no en su producción en serie.  Más que vender información, los periodistas deben sostener su compromiso con la verdad, la denuncia, la vigilancia, el control del poder y la independencia.

Quizá a Sarmiento Angulo le pase lo mismo que al “Rey Midas” cuando tocó a su hija: se dio cuenta que no todo lo que manipula tiene que convertirse en oro.

 

 

Por: Laura C. Dulce Romero

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