Una ciudad mal planificada

por La hora del escarnio


La situación para los discapacitados en Bogotá es nefasta. La movilidad en la ciudad es limitada, el acceso al transporte público es complicado, se presenta deserción escolar y las oportunidades laborales son escasas.

No es raro ver en las calles de Bogotá a un hombre en silla de ruedas, apoyando sus manos con fuerza, para tratar de subir un anden, tampoco lo es ver a un discapacitado andando por la vía de los carros ante la imposibilidad de transitar por los andenes de la ciudad (bolardos, huecos y construcciones lo hacen imposible) a muchos otros, les toca impulsarse hasta otra estación de transmilenio porque hay varias estaciones en la ciudad que no cuentan con rampas para acceder a este transporte público.

Para los invidentes, la situación es similar, pretender que un bus de transporte público frene adecuadamente para esperar a que el invidente se suba o esperar la ayuda de un ciudadano para cruzar la calle, es algo difícil de considerar. Las cantidad de construcciones que hay en la malla vial de Bogotá no le permite a un invidente saber con certeza si el lugar donde esta parado es un anden, un paradero de buses, la mitad de la calle o una construcción.

Aunque el distrito a hecho un gran esfuerzo por abrir nuevos cupos escolares para la población discapacitada, en Bogotá se registra un alto número de discapacitados que no pueden acceder a una educación primaria por falta de cupos en colegios especializados y en otros casos se presentan padres que desescolarizan a sus hijos porque socialmente no son aceptados en los colegios para niños “normales”. Nos encontramos entonces enfrentados a una situación de agresión contra esta población, a quienes no hemos aprendido a incluir y a aceptar en nuestra sociedad. De los 800.000 discapacitados que aproximadamente tiene Bogotá, 46.848 menores no asisten a clase según la encuesta de calidad de vida Bogotá 2007.

En el sector laboral la situación es parecida. En Colombia hay grandes empresas que no contratan discapacitados cuando todo ciudadano tiene derecho a obtener un trabajo sin importar su discapacidad. Es poca la población que logra ser contratada y ascendida en sus labores diarias. Cuando algún discapacitado se destaca en su lugar de trabajo, es reconocido por los medios como un mérito, como un pelao “echao pa lante” pese a los obstáculos. Que va, si todos los discapacitados tuvieran la oportunidad de trabajar y ascender laboralmente esta situación se notaria a diario y no sería una noticia destacada en los medios.

Hay que reconocer el éxito de ciertos eventos e iniciativas que ha impulsado el IDRD (Instituto de Recreación y Deporte) y el Distrito para beneficiar a esta población. Las olimpiadas especiales para discapacitados que se han venido realizando en Bogotá es una gran iniciativa que promueve el deporte y el valor de la vida  para personas con alguna discapacidad. Sin embargo esto es una pequeña luz en la oscuridad, todavía nos falta mucho.

Es necesario crear mecanismos donde se integre a la población discapacitada en los programas de vivienda de interés social. Es importante planificar una ciudad en al que esta población se pueda movilizar, pueda ser atendida en centros hospitalarios adecuadamente, pueda acceder a la educación y tenga oportunidades laborales que le permitan vivir a la par de cualquiera como sus derechos lo exigen.

Esperemos que la visita de Gustavo Petro esta semana a Quito haya funcionado para replicar la estrategia de integración social a la población discapacitada del Ecuador en Bogotá, que según dicen ha sido una buena experiencia. Es urgente que hagamos algo frente a esta problemática social en Bogotá. Las grandes soluciones no aparecen y la población discapacitada continúa siendo vulnerable.

Daniel Tono Jiménez

Anuncios