Por un estadio sin mallas

por La hora del escarnio


Qué bueno es ver el fútbol como lo vimos en el mundial sub-20. El poder observar sentados a los espectadores a menos de 10 metros de la línea lateral de la cancha sin vallas, sin mallas y sin nada que los separé a los unos de los otros lo transporta a uno a los grandes estadios del mundo. Se traslada uno al Old Strafford de Manchester o al Santiago Bernabéu de Madrid para nombrar solo dos de los múltiples estadios europeos que abolieron las barreras hace muchos años. Esa fue una de las exigencias de la FIFA para que Colombia realizara el mundial cuando parecía lejana esa posibilidad de apreciar el futbol tan cerca y tan civilizadamente.

Lastimosamente el día de ayer se desató una fuerte polémica entre autoridades de los equipos de fútbol de Cali, la Policía y los caleños ante el anuncio de la Secretaría del Deporte y la Recreación de Cali sobre la posibilidad de volver a colocar mallas en el estadio Pascual Guerrero.

El planteamiento, traído a colación por la titular de la dependencia, Clara Luz Roldán, se produjo a raíz del accidente del pasado lunes, cuando un hincha cayó del segundo piso de la tribuna sur del escenario deportivo, durante el partido de ascenso entre América de Cali y Universitario Popayán.

Hay varios aspectos que rescatar. El primero es que esta señora está muy equivocada y no puede decir que por el incidente pasado hay que instalar las mallas de nuevo, pues el hincha lastimosamente cayó de un segundo piso al perder el equilibrio y no debido a un acto violento. Por otro lado, los aficionados se han comportado a la altura, incluso más de los que muchos esperábamos así que poner las mallas sería una solución retrograda y completamente inapropiada pues el problema no son las barras, sino que quienes las conforman son personas que viven situaciones sociales complicadas desde el seno de sus hogares y barrios

El estadio no es un zoológico, no somos animales salvajes, y no deben tenernos enjaulados para ver un espectáculo, así mismo jamás el segundo piso del Pascual ni de ningún estadio en el mundo ha tenido mallas. Reinsertar las mallas sería encerrar a los hinchas en una jaula, gastar dinero sin razón y retroceder, porque la gente ya ha empezado a comportarse y respetar el escenario. Lo que hay que hacer, en cambio, es educar a la gente enfocándose en el trabajo pedagógico para propiciar la buena conducta de las personas y volver con la familia a disfrutar del balón pie.

Hay que aceptar que en la ciudad hace falta cultura y que en el estadio aun se debe trabajar en programas de incentivos con las barras para premiar aquellas que demuestren mejor comportamiento pero no hay derecho y es completamente aberrante que nos tilden a los caleños como bestias feroces, incultas e irracionales cuando precisamente son nuestros gobernantes los causantes de muchos de nuestros problemas económicos y sociales. A ellos yo les pregunto ¿Dónde quedan los teatros de ópera, jazz y los 17 museos de arte en Cali para ir a culturizarme?, ¿Sera que me tocará comprar talega de golf para dejar de ser un animal inculto y ser de la culta sociedad caleña que tiene que hablar de birdies, hoyo en uno y similares?, ¿De dónde van a sacar los mil millones de pesos que cuesta volver a poner mallas en el Pascual si aún faltan nueve mil para terminar de remodelar el estadio?

Me parece a mí más inculto un funcionario que generaliza de esa forma y desconoce la cultura caleña por completo. Es hora de vetar estos figurines y sus gamonales políticos en las urnas, estoy cansada de la clase política vallecaucana, ratas y mediocres.

Natalia Méndez Alzate

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