Los ganadores de la licitación

por La hora del escarnio


La televisión privada en Colombia presenta la sintomatología de un mercado monopolizado. Con la tumbada de la licitación para el tercer canal, definitivamente, es claro que padecemos un síndrome de televisión amañada: enfermedad crónica que no ha encontrado remedio y con un posible tratamiento en no menos de 4 años.

La semana pasada se abolió la posibilidad de que se continuara con la licitación del tercer canal. La sala plena del Consejo de Estado aseguró la violación al principio de pluralidad que reconoce una puja entre varios proponentes, ley 80 de 1993. Todo porque el grupo Prisa, de España, y Cisneros, de Venezuela, se retiraron de la subasta y dejaron solo al grupo Planeta, que casi es vencedor.

Lo que resulta inquietante es saber que el “absurdo jurídico”, como lo llama el presidente del Consejo de Estado, Gustavo Gómez Aranguren, no es un absurdo después de todo. Tanto Prisa como Cisneros se aliaron, estratégicamente, para tumbar el proceso de licitación que siempre los nominó como perdedores. Sin embargo, los abogados que movieron las fichas claves en la Comisión Nacional de Televisión no fueron los de estos grupos. Realmente quienes dilataron el proceso de adjudicación, por un año y medio, e hicieron la última denuncia ante el Consejo trabajaban para los verdaderos ganadores de la licitación: RCN y CARACOL.

Los dos canales privados fueron quienes primero denunciaron la cantidad de inversión extranjera en los grupos proponentes, por lo que estos tuvieron que hacer redistribución de acciones y nuevos negociones con empresas colombianas para lograr estar habilitados en la adjudicación. Ahora, incómodos con el único proponente cuestionaron el valor base que había fijado la Comisión de Televisión en unos 103.409 millones de pesos, más un 10 por ciento de este valor para evitar detrimento a la Nación; una queja que desató la polémica por la pobreza de oferentes para la puja.

Si el tercer canal hubiera sido adjudicado, los canales privados hubieran tenido que prestar su línea de conexión en el espectro electromagnético; algo lógicamente inadmisible para los dos canales que, entre otras, ponen la parada en la oferta televisiva del país. Ni CARACOL o RCN estaban dispuestos a compartir sus interfaces y mucho menos sus plataformas en todo el territorio nacional que les significaron varios ceros en inversión.

El grupo Planeta, de pronto, no era el mejor proponente para un tercer canal, pero el verdadero problema de hacer respetar las condiciones para una licitación correcta, es que nos estamos quedando atrasados en este tipo de ofertas. Es evidente que no tenemos la posibilidad de escoger en el mercado de la televisión. En Argentina, por ejemplo, hay 5 canales privados, Chile tiene 6, en Perú hay 7 y en Ecuador, donde hay 9 canales privados, todavía se piensa en más licitaciones.

Pese a todo, el nuevo proceso de adjudicación demorará por lo menos 4 años, como este último que arrancó desde abril del 2008, ya que solo en el proceso para aplicar a proponente se demora dos años. Sin la Comisión Nacional de Televisión, ahora remplazada por la nueva Autoridad Nacional de Televisión, el proceso durará un tiempo que representa descanso y buenas ganancias para los únicos ganadores, esos que están monopolizando nuestra oferta, garantías y progreso en oferta televisiva.

Por: Daniel Alejandro Pinilla Cadavid

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