Promesas de superhéroes

por La hora del escarnio


Robby Ospina

Senadora Gilma Jiménez, recuérdese niña por unos minutos y rememore algunas de esas insólitas historias con las que, muy probablemente, solía sorprender a sus profesoras y compañeros. Un cuento más o menos así es el que yo le propongo: imagine que por un extraño hecho usted goza de facultades extraordinarias y puede legislar a su gusto, ¿qué es lo primero que haría?

Creo que resucitar su política más querida: la propuesta de referendo de prisión perpetúa para violadores y abusadores de niños, que dicho sea de paso, se ha caído dos veces: primero en la Corte Constitucional y, luego, en el Congreso. Pero olvidemos la realidad por un momento y sigamos en nuestro mundo hipotético. Le decía: usted posee poderes absolutos y aprueba el referendo de cadena perpetua.

O, en otras palabras, modifica el artículo 34 de la Constitución de 1991 que establece que la pena máxima en Colombia es de hasta 60 años. En síntesis, usted cambió las reglas del juego político en el país. Ahora, nos queda el reto más grande: imaginar a Colombia, un Estado que apenas está saliendo de su condición de fallido y que ni de chiste está pronto a superar problemas jurídicos y legales más urgentes (como la Reforma Agraria o la restructuración del sistema tributario), con la posibilidad jurídica de castigar a los violadores y maltratadores de niños hasta con toda una vida de prisión.

¿Estarían los niños y niñas más protegidas en un lugar así? Posiblemente no, ni siquiera en ese mundo hipotético en el que usted es algo así como una Súper – Senadora. Y no estarían más seguros por razones muy simples: los casos de impunidad y de bajas penas en este tipo de delitos no se deben a un fallo constitucional, sino a la ineficiencia de la rama de la Justicia. Que, primero no cumple con sus funciones (atrapar y castigar con todo el peso de la ley a los delincuentes) y que, además, se ha convertido en un monstro burocrático en el que resulta casi imposible adelantar cualquier trámite.

Esa es la primera razón: su propuesta no apunta al corazón del problema. Pero, lo que es peor, la teoría política señala que un cambio en las reglas de juego genera altísimos niveles de incertidumbre que pueden llegar afectar seriamente las relaciones entre los ciudadanos y el Estado. O, en palabras más sencillas: cambiar la Constitución cada vez que se nos antoja podría generar un avispero en la sociedad, pues los individuos no sabrían como actuar ante ciertas circunstancias. Por ejemplo, si aumentamos las penas de los delitos que tienen que ver con la población infantil, ¿por qué no en los que se ven involucrados personas de tercera edad, mujeres, discapacitados o, en un caso extremo de radicalismo, animales? ¿Acaso, su argumento, no apunta a que los niños no se pueden proteger por sí solos?

Así, es probable que su sueño de un sistema penal que contemple la cadena perpetua se le convierta en pesadilla. Y que, más triste aún, no cumpla con su deseo de ofrecer más protección a los niños y niñas del país. Incluso, en ese mundo hipotético en el que usted se está imaginando como una especie de Súper – Congresista. Ahora, senadora Gila Jiménez, abra los ojos y vuelva a la realidad: usted sabe que en política nadie tiene ese tipo de poderes y que, la verdad, propuestas como la suya son sólo promesas de superhéroes

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