Mafia world

por La hora del escarnio


por: Alejandra Soriano W.

Hace poco escuché una voz como la del circo de los Hermanos Gasca, invitándome a visitar la Hacienda Nápoles “para disfrutar de una verdadera aventura salvaje.” El anuncio me pareció un chiste, pero como sonaba como una promoción real lo único que me atreví a pensar fue en unos arquitectos con poca imaginación y pésimo gusto que se habían inventado una nueva atracción turística.

Pero no, ni era un chiste, ni se trataba de unos arquitectos poco creativos; la Hacienda del anuncio coincidía con la de mis más detestables sospechas, era la de Pablo Escobar, la que en 1978 compró junto con Gustavo Gaviria. El nombre del lugar, a la mayoría de personas que vivió durante y después de los 70, trae a la memoria excentricidades, excesos y lujos que eran el símbolo del éxito que el Cartel de Medellín y su jefe máximo, Pablo Escobar, habían alcanzado con el tráfico de drogas.

En la Hacienda Nápoles las excentricidades incluían una  plaza de toros, una central hidroeléctrica, carreteras y hasta un zoológico con especies nunca antes vistas ¡cómo no, si eran animales importados! . El lugar fue también el escenario de suntuosas fiestas, fue además el lugar desde donde Escobar planeó envíos de droga, asesinatos y atentados que muchos recuerdan en una época que fue todo excepto gloriosa.

Hoy una parte de la hacienda le pertenece al municipio de Puerto Triunfo, esa es la parte en la que se desarrolla el proyecto turístico junto con una autoridad ambiental; la idea es que se convierta en un parque temático único en Suramérica, sin embargo, si no se han dado cuenta, el proyecto ya es único, convertir lo que fue la propiedad de un jefe la mafia en parque de diversiones solo se asemeja a una de las excentricidades a las que Pablo Escobar se podía acercar. Y es que claro, haber hecho un centro para rehabilitar personas con problemas de adicción (lo que habría sido más coherente) o una reserva ecológica para cuidar animales, no para encerrarlos, (lo que sería más humano), no resulta tan lucrativo como crear un centro de diversión  en dónde por más que cambien los nombres no se puede negar el pasado infame que cada hectárea tiene.

Al final los deseos de Escobar se hacen realidad en la hacienda Nápoles de hoy, en dónde se expone lo que queda de su colección de carros italianos y de todo lo que tuvo, y en dónde los visitantes disfrutan de las instalaciones en donde el jefe de la droga se refugiaba para hacer gala de todo lo que el negocio le daba. ¿Será que los niños turistas si piensan que tener carros, piscinas y animales raros es terrible si se compraron con dinero sucio?, ¿será que si entienden y se van a acordar como yo, del verdadero significado de la Hacienda Nápoles?

Me pregunto en dónde quedan nuestros procesos de memoria, acá se nos olvida que fue lo que pasó y porqué pasó, la ignorancia voluntaria de lo que ha pasado es lo que hace que repitamos historias una y otra vez. A mi por lo menos me queda un hueco en el pecho al pensar que la memoria se va de vacaciones y mientras tanto promocionan la Hacienda Nápoles como el mejor lugar para la diversión; sin embargo, es Mafia World, una versión colombiana de Disney World, en donde las atracciones no están en medio de castillos de princesas sino, en medio de animales de dudosa procedencia.

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