EL COMPROMISO ES DE PRINCIPIO A FIN

por La hora del escarnio


La enfermería es una carrera en donde la persona acepta ayudar a las personas que tengan algún problema de salud, asistir a los médicos especialistas en situaciones complicadas como lo son las cirugías, etc. Pero siempre, a diferencia del médico que visita a su paciente en la habitación del hospital una o dos veces al día, el o la enfermera deben estar ahí, pendientes del paciente. Se vuelven, en otras palabras, las niñeras, las madres y padres de esas personas hasta crear, en algunos casos, vínculos afectuosos entre paciente y enfermero (a).

Sabemos también que todas estas personas que trabajan en campos de la salud deben, recién graduados del pregrado, firmar un compromiso en el que se comprometen, valga la redundancia, a hacer todo lo que está al alcance para lograr, o por lo menos tratar, de salvar la vida de alguien que lo necesita sin importar su condición social, religiosa o cultural. ¿Se cumple esto al pie de la letra? ¿En qué punto el especialista “tira la toalla” y manda tal compromiso al carajo?

Me enfocaré en aquellos enfermeros que decidieron hacer la especialización en el cuidado de los abuelitos. Las personas mayores que terminan en un geriátrico porque sus hijos creen que es la mejor opción o porque simplemente no se los aguantan más y les dejan el problema a otro, son personas que a corto o largo plazo sufren consecuencias psicológicas de abandono. Según el DANE, en el 2011, Colombia tenía una población de 4.626.419 personas mayores de 60 años, lo que representa el 9,9% de la población colombiana. Cuando estas personas entran al geriátrico, los enfermeros juegan un papel importante; deben mantenerlos entretenidos durante todo el día para que piensen en cosas bonitas y puedan despejar la mente de ese sentimiento de. Viéndolo de este modo, que lindo sería poder trabajar como enfermera, psicóloga o voluntaria en uno de estos lugares para ancianos y poder ayudarlos de una manera u otra.

Pero desafortunadamente, no en todos estos centros de cuidado las cosas suenan y son tan lindas como las describo en el anterior párrafo. Hay enfermeros, que desesperados porque el abuelo a sus ochenta años se convierte en un niño, que no controla sus esfínteres, que ya no sabe comer solo, se desespera porque tal vez no entienda el estado de ese señor de avanzada edad. No sólo se desesperan; con el desespero hay golpes y maltratos, aprovechando que las fuerzas que le quedan al viejo son mínimas y las ventajas que tiene el uno sobre el otro son infinitas. Otro dato: en el 2009, según el DANE, se reportaron en Colombia 6.944 casos de maltrato a personas mayores de sesenta años. Así que señor enfermero: ha transgredido su compromiso que firmó aquella vez recibiendo su diploma de pregrado. No está salvándole la vida ni haciendo hasta lo imposible para ayudar a este hombre. Al contrario, está haciendo hasta lo imposible para que este señor se vaya de este mundo lo más rápido posible. Con tal no es familiar suyo, usted no tiene ningún vínculo afectivo y entre más rápido menos estrés y menos problemas para usted.

Así como hay cientos de carreras universitarias que se dedican y se enfocan al cuidado y bienestar del ser humano, hay otras miles de carreras que tienen como objetivo crear empresa, empleos, negocios, cosas funcionales para la humanidad. En estas últimas carreras la ayuda al ser humano es tácita pero ahí está, con la diferencia que ellos pueden decidir si ayudan o no a las personas. Para usted señor enfermero es un compromiso con el que usted estuvo de acuerdo. Si realmente siente que va a tirar la toalla y que definitivamente ayudar a las personas y salvar vidas no es lo suyo, entonces la enfermería no es lo suyo. Dedíquese a otra cosa en donde no tenga que tratar con personas “inferiores” a usted y en donde salvar vidas no sea un compromiso sino un acto de fe.

 

 

Valerie Varty.

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