Caso Colmenares, una colmena de influyentes

por La hora del escarnio


La investigación de la muerte del estudiante de la Universidad de los Andes, Luis Andrés Colmenares, que inició el 31 de octubre de 2010 ya parece un típico juego de misterio; esos donde hay pistas, crímenes planeados, investigadores novatos y un culpable poderoso que tiene todo controlado, tanto que pasó por suicidio lo que en realidad tiene cara de ser un homicidio.

Laura Moreno y Jessy Quintero son las dos estudiantes que acompañaron a Luis a comerse un perro caliente la noche del crimen. Las dos, que fueron las únicas que vieron, dicen que él corrió y se lanzó al caño. Jessy solo había hablado un par de veces con Laura por celular y aunque no era amiga de ella, lo que no le daría motivos para encubrirla, sí pudo saber lo que pasó con Luis, o al menos ver si el sí corrió.

Luis Colmenares y Laura Moreno estaban saliendo hace un mes, sin embargo ella era novia de Carlos Cárdenas, otro joven que estaba en la discoteca. Él sería el único con un motivo evidente para pegarle a Luis: celos. Aparte de ser el único sospechoso que supuestamente lo  amenazó ocho días antes de la fiesta. “Dile que yo resuelvo las cosas hablando, no peleando”, fue el mensaje que le envió Luis por medio de Laura.

Pero si Carlos fue quien cometió el asesinato, hubiera necesitado ayuda. Un joven de 20 años no puede pegarle a otro de su edad, subirlo a una camioneta, darle una paliza que lo mate, esconderlo hasta el domingo por la tarde y meter el cuerpo boca abajo al caño con una corriente que superara los 40 centímetros, nivel que alcanza el caño del Virrey en temporada de invierno. Además, hacerlo sin dejar rastro y al lado de un CAI. Eso requiere de experticia y complicidad.

Por eso una hipótesis predecible, como las de los juegos Detective soy yo, es la que se está explotando en estos días: la supuesta ayuda de los guardaespaldas del papá de Laura, un contratista de petróleos. Pero es curioso ya que él no se encontraba en Bogotá y Laura iba sin escoltas esa noche.

Luis desapareció a las 4 de la mañana del domingo y lo buscaron hasta las 5 en el lugar donde sería encontrado a las 7 de la noche del lunes; un buen tiempo para que Laura llamara a su papá y él ayudara a Carlos con el problema. Pero ¿quién pondría a los escoltas a operar en un crimen peligroso, cruel y rápido por capricho de una hija? ¿Quién manipularía una investigación de la Fiscalía por complacer a una hija enamorada? ¿Quién se implicaría en un crimen que su hija no cometió?

El testimonio de Carlos Cárdenas presenta vacíos y la situación se agudiza con María del Pilar Gómez, su madre, que fue acusada por la Fiscalía de haber presionado para cerrar el caso; ella supuestamente, con amigos abogados, intentó cambiar la fiscal encargada varias veces. El caso que tiene plazo de 120 días para iniciar el juicio formal contra las estudiantes no ha podido ser anulado; pese a los numerosos intentos de Jaime Granados, el abogado de Laura Moreno. Esto se ha convertido en juego criminal que amenaza con varias rondas.

No es claro si existió un homicidio o un accidente. Pero las pistas, al mejor estilo de Clue, parecen apuntar a una mente perversa e influyente que siempre ha controlado la investigación. Alguien que escondió el cadáver por 15 horas, que penetró la ética de Medicina Legal y de la Alcaldía de Chapinero con los informes y comunicados del falso “suicidio”. Una mente que conoce de cerca a la mamá de Carlos y mantiene callada a Laura, encarnados hoy en la ‘señorita escarlata’ y el ‘coronel mostaza’, sospechosos del crimen del ´invernadero del virrey’. Esto parece un caso para Misterio a la orden y el legendario Scoby do, esos personajes que no se dejaban tramar por la colmena de influencias.

Por: Daniel Alejandro Pinilla Cadavid

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