Los chinos sí tienen carácter

por La hora del escarnio


Robby Ospina – @robbyao

La imagen muestra a un típico hombrecito asiático. Tiene la tez blanca, los ojos rasgados bien abiertos y un traje negro a rayas. Parece de baja estatura. Está furioso: el dedo índice de su mano derecha señala a la cámara en actitud de desafío. Dice algo así cómo tú, tú, ven acá, ¡mentiroso! Le grita a Robert Zoellick, director del Banco Mundial, qué esta justo detrás del fotógrafo. Le insulta, porque cree que Zoellick engaña a China con sus recomendaciones económicas. Y es muy probable que tenga razón, los directivos del Banco Mundial casi siempre mienten.

Hace poco estuvieron en Beijing y el resultado de la visita es un informe de 300 páginas de título “China en 2030”. En el documento recomiendan al gobierno de Hu Jintao una nueva estrategia de apertura económica. Dicen, que con sus recomendaciones China logrará ser la economía más importante del mundo. Pero de seguro mienten. Así como lo hicieron en 1990 en América Latina con el Consenso de Washington. Otro paquete mágico de consejos económicos que les costó el empleo a miles de personas y que puso en una vitrina de casa de ventas toda la riqueza y recursos del continente.

¡Mienten, mienten y vuelve a mentir! Una y otra vez. Y lo peor es que sus mentiras no le cuestan mayor cosa. El Banco Mundial junto con el Fondo Monetario son todavía las entidades económicas de mayor credibilidad en el planeta. Por sus oficinas en Washington han pasado reconocidos expertos, como el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz. Pero de nada sirve: siguen mintiendo. Casi que profetizando. Sus documentos se convierten en algo así como los libros de culto de las economías en desarrollo. Son como las Biblias de la modernidad.

Los Gobiernos les creen, o hacen que les creen, porque necesitan dinero. El Banco y el Fondo prestan enormes cantidades de dólares, pero bajo estrictos requisitos que al final les representan enormes ganancias. Por ejemplo, en 2008 – 2010, el Banco le prestó a Colombia cerca de 3.000 millones de dólares. Casi el monto que cuesta solucionar los problemas de movilidad en Bogotá, o construir la primera fase el Metro y mejorar el sistema de Transmilenio.

En todo caso los del Banco no llegan solos. Con sus promesas también vienen las grandes multinacionales que se roban literalmente los recursos naturales de lo que se denomina el Tercer Mundo. Llegan, a su vez, empresas mineras, más bancos y, en resumen, más mentiras. Pero algunos todavía les creen.

Dicen, por ejemplo, que cuando el Departamento de Planeación Nacional recibe a funcionarios del Banco lo tratan como a reyes. Les dan su cafecito Juan Valdés, los llevan a probar platos típicos y hasta más.

Pero tal parece que en China sí tienen un poco más carácter: cuando Robert Zoellick aseguró en una rueda de prensa que la economía de ese país necesita más apertura y privatización en seguida le saltaron encima y lo llamaron mentiroso. Y no fueron los comunes arma líos, sino altos funcionarios  y expertos. Así tiene que ser.

(Martes)

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