Problemas tenemos todos

por La hora del escarnio


En el 2008 cuando estaba en 10, mi vida solo giraba alrededor de las mujeres, las fiestas y muy poco por el estudio, las preocupaciones no eran muchas pero a pesar de esto un amigo del colegio decidió quitarse la vida. Chiqui como lo conocíamos, y no sé si para huir de sus problemas decidió abandonarnos. Siempre pensé que sus problemas y sus razones no eran lo suficientemente poderosas para acabar con su vida, no soportó la presión escolar y la negativa de una niña, problemas normales a los 16. Chiqui no estaba solo, tenía a su familia y por supuesto a sus amigos y es que cuando los problemas llegan la soledad es nuestro peor enemigo. Pero ¿Quién soy yo para juzgar las decisiones de otros? ¿Quién soy yo para decir que mis problemas son más serios que los problemas de los demás? tal vez simplemente sea uno más del montón con problemas. Mi intención no es causar lastima, ni juzgar, pero tal vez con esto pueda entregarle un testimonio de vida a alguien que crea que sus problemas lo sobrepasan y mostrarles que el suicidio no es la solución.

En menos de 5 meses mi vida se desmorono frente a mis ojos, de ser una persona alegre, sonriente y con metas pase a no saber qué hacer con mi vida. Mi mamá el 21 de octubre fue privada de su libertad, mi hermano había decidido seguir con su vida en Australia, me quedaba solo, mi hermano mayor radicado en Estados Unidos hace tres años, mi mama en la cárcel y mi otro hermano en Australia, no sabía qué hacer, no sabía cómo iba a mantenerme. Debía entregar mi casa pues no podía por obvias razones pagar el arriendo, los servicios ni el mantenimiento que dicha casa necesitaba. Pensé en dejar de estudiar por un tiempo para ayudar con los gastos, sentía que mi vida había cambiado, que debía asumir las responsabilidades que ahora tenía sobre mis hombros. Pero fue difícil en algún momento pensé en evadirlas pensé en acabar con mi vida, no tenía claro cómo iba a poder ayudar ¿Qué iba a hacer con todas las responsabilidades que ahora tenía? pensé una y otra vez que no lo iba a lograr.

Me sentía solo, cada día era más difícil que el anterior. Llore mucho de pensar en la situación en la que mi mama se encontraba y también de miedo de puro y físico miedo de enfrentar la realidad, una realidad que se estrellaba contra mi cara sin avisar, sin darme tiempo de pensar que quería hacer con mi vida. No poder cumplir las expectativas depositadas en mí, me atormentaba, sentía que lo más fácil era alejarme de mi triste realidad sin más rodeos acabar con mi vida.

Pero definitivamente evadir mis responsabilidades no era la solución, y así como las cosas malas se estrellaron contra mí, las cosas buenas también llegaron, a pesar de la situación por la que mi mamá está pasando, estoy seguro que ella tiene un propósito que cumplir en ese lugar, que es una lección de vida de la cual todos los que estamos a su alrededor nos vamos a beneficiar.

No estaba solo como pensaba, ahora vivo con una tía me brindo su ayuda sin ningún interés, mis hermanos desde donde están sé que me apoyan, la relación con mi papá se fortaleció y mis amigos ni que decir de mis amigos están conmigo en las buenas y en las malas. En 7 meses seré tío por primera vez, estudio y trabajo, tal vez me toco madurar más rápido de lo normal pero por algo será. Todo hay que mirarlo como una oportunidad.

Entonces no hay que desfallecer porque aunque sea una frase de cajón todo lo malo trae algo bueno así que sonríanle a la vida, cumplan sus metas y sus expectativas y nunca pero nunca se sientan solos pues su familia y sus amigos están siempre ahí para apoyarlos.  El suicidio no es de valientes, nunca será la solución para los problemas pues siempre habrá una oportunidad de vida esperándonos, es solo cuestión de levantar la cabeza, mirar para adelante y ver los problemas como lo que son:  oportunidades para mejorar.

Santiago Ruiz Forero

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