SOLIDARIDAD VIAL

por La hora del escarnio


La Inteligencia Vial es una campaña de sensibilización, promovida por el Ministerio de la Protección Social y el Fondo de Prevención Vial. Ésta ha tenido un gran éxito en cuanto a su publicidad y difusión.  Según un informe del Fondo de Prevención Vial, el 95% de todos los colombianos han tenido contacto con la Inteligencia Vial, pero ¿cuántas de ellas la aplican en su cotidianidad?

El símbolo de un muñeco cuadrado  tocándose la cabeza con el dedo índice, se ha convertido en una convención social. Lo tenemos en el carro pegado, lo vemos en los comerciales, lo escuchamos en la radio. Pese a esto, su impacto en la conducta de los ciudadanos ha sido bajo, pues las personas siguen infringiendo las reglas. No niego que ha habido una reducción en el número de accidentes de tránsito. Según el informe, anteriormente nombrado, en el 2010 hubo una disminución de 500 muertes con respecto al 2009. Sin embargo, puede haber más causas que hayan contribuido a ese índice, como agrega el documento del Fondo de Prevención Vial “el mejoramiento en las cifras de víctimas de accidentalidad NO puede atribuirse a los cambios generados por el mayor uso de la «Inteligencia Vial»”.

Creo que el problema de que no funcione la Inteligencia Vial radica en  que ésta parte de una premisa errónea: que las personas somos ignorantes frente al tema de las reglas de tránsito y la cultura ciudadana. Y, para ser sincera, ocurre todo lo contrario. Los colombianos conocemos tan bien las normas viales que somos capaces de inventar maneras para infringirlas o cumplirlas “a medias”. Por ejemplo, en Bogotá hace un par de años, fue muy frecuente el “slimming”, una práctica que consiste en remojar los tampones de las jóvenes en alcohol, para emborracharse sin tener tufo y así poder conducir sin que las autoridades se dieran cuenta. Lo que para ellas era una simple infracción de la norma, pudo haber terminado en un accidente, incluso en muerte de personas externas a ellas.

Entonces, Inteligencia Vial más que ser una campaña que les cuenta a las personas que no deben hacer, podría enfocarse en enseñarles a los ciudadanos en cómo sus actos irresponsables pueden afectar a los demás. Y también, cómo la solidaridad podría ser una salida para pensar en los que nos rodean a la hora de infringir las normas. Hasta conseguiría ayudarnos a soportar los eternos trancones en los que el índice de agresividad aumenta.

Quizá muchos pensarán que es una idea utópica, pero dos semanas atrás me di cuenta que es posible desde pequeñas acciones. En un trancón  le pedí a mi acompañante, quien iba manejando, que si por favor dejaba pasar a un carro que esperó un buen tiempo en una oreja, para unirse a la calle 127. Posteriormente, el hombre, sorprendido por nuestro acto de solidaridad, nos agradeció. Unas cuadras más adelante, esa misma persona a quien le dimos paso hizo lo mismo con otro carro que también llevaba un largo rato esperando en un cruce.

Las buenas y malas conductas en la vía son contagiosas. Tratamos a los demás como nos tratan a nosotros. Por eso, es tan importante darle cabida a la solidaridad vial. A los colombianos no nos falta inteligencia. Nos falta vivir en comunidad. Y es ahí donde la Inteligencia Vial podría tener éxito, en el respeto por la vida e integridad de los otros ciudadanos y también de la propia.

 

Por: Laura C. Dulce Romero

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