Lo que no se dice de los Derechos Humanos

por La hora del escarnio


La lucha por los Derechos Humanos adquiere una dirección que varios durante mucho tiempo hemos desconocido y que, irónicamente, otros en poco tiempo han logrado camuflar. La verdad de la ‘universalidad´ de estas prácticas que, en teoría, son inherentes al hombre corresponden solo a una mentira turbia, legal y refinada de quienes son los únicos que las violan: los Estados.

El supuesto grueso es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento que adoptaron las Naciones Unidas en 1948 donde se reconoce en 30 artículos los derechos que son considerados básicos para todo hombre. Los Estados son los que firman y se acogen a esta declaración, sin embargo no todos lo hacen, por eso no todos están obligados a cumplirlos.

En la presunción sí hay un reconocimiento de cartas, convenios y acuerdos internacionales como la Declaración de los Derechos del Hombre, del Ciudadano e incluso el Derecho Internacional Humanitario que es un difuminado “derecho a la guerra”; básicamente reglamenta y hace más humana la guerra, lo que ya es incongruente. El hecho es que los Estados son quienes deciden qué parte de los tratados aplica a sus casos como nación. Es decir los derechos y las declaraciones humanas no son aceptados por todo los países del mundo, y los Estados, qué son quienes los ‘protegen’, son en realidad quienes tienen el derecho a no hacerlo.

Ejemplos claros de esta realidad que afecta directamente a hombres, y no a Estados, la apropian países como China, Rusia y Estados Unidos, que son las potencias que firman los tratados, pero dicen “cuando se considere pertinente prevalecer la integridad de la Nación se omitirán apartes de la declaración”. Y por otra parte la Unión Soviética, Bielorrusia, Ucrania, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, Arabia Saudita, y Sudáfrica que no firmaron los acuerdos internacionales.

Cuando nosotros como hombres, en una condición que aparentemente sería más fuerte que la de ciudadanos, reclamamos por los Derechos Humanos no lo hacemos bajo estas declaraciones “universales”; lo hacemos bajo reglamentos que cada Nación ejerce en su soberanía, en nuestro caso: la Constitución Política de Colombia. En esos códigos los Estados deciden cuáles derechos adoptan de la Declaración, que son lo que conocemos cómo Derechos Fundamentales, esos derechos que los gobiernos creen fundamentales para su fin.

Lo más triste de todo es que tampoco podemos defender nuestros derechos fundamentales en una constitución, lo debemos hacer a través de algo que le da ruedas a esas definiciones verosímiles y agradables: las leyes. Las letras pequeñas que solo vemos con la lupa de la prevaricación debajo de algunos artículos de la constitución, “la ley reglamentará la materia”, son otro filtro que permea la violación legal de los derechos humanos que hacen los Estados, ya que se valen de esta consigna para explicar la ausencia de su cumplimiento.

Apartes como estos que hago hoy  no están en ninguna declaración, son una especie de artículos invisibles como las firmas de aquellos que se comprometen a velar por esos derechos que ignoran, casualmente esto sí, con un grado de universalidad.

Por: Daniel Alejandro Pinilla Cadavid

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