LO QUE LA PROTESTA NOS DEJÓ

por La hora del escarnio


La protesta, del pasado 9 de marzo, en contra del transporte masivo de Transmilenio, más que destrucción, nos dejó a muchos una desazón sobre la forma como  Gustavo Petro gobierna Bogotá en momentos de crisis.

El alcalde se ha caracterizado por ser un político denunciante de  los problemas de corrupción que ha tenido el país. Entre ellos, el carrusel de la contratación. Denuncias que realizó desde su curul en la Cámara de Representantes y como Senador de la República. Lo aclaro porque es la primera vez que Gustavo Petro gobierna una ciudad y nada menos que ejerciendo el segundo cargo más importante del país dentro del poder ejecutivo. De ahí el resultado de sus actuaciones e improvisaciones para controlar la protesta.

El primer error de Petro fue creer que por Twitter se dirige y se gobierna una ciudad. Su deber como Alcalde Mayor es atender las situaciones de crisis, dando soluciones ponderadas, que demuestren liderazgo y control para la toma de decisiones. Pero reportando cada problema que se dio el viernes, a Petro no le dio tiempo para gobernar. No cabe duda que lo suyo es el manejo de las redes sociales, más no las  de las redes de transporte.

Y es que los tweets no sólo reportaban. Petro decidió responder a cada persona que lo criticaba:

Andy ‏ @Russbellt: @petrogustavo La responsabilidad de Bogotá es de todos no se le olvide, entonces que hacemos tuiteando??

Gustavo Petro ‏ @petrogustavo: @Russbellt trabajo en mi oficina, y tú?

Yo entiendo que su lema sea “Bogotá Humana Ya” y que quiera una cercanía con los bogotanos, pero ¿es necesaria la respuesta personalizada en el momento en  que Bogotá padecía una de las crisis más graves en el transporte de los últimos años?

Yo creo que el cambio de rol de denunciante a denunciado fue una de las causas que llevaron a Petro a tomar erróneas decisiones. Es muy diferente cuando se miran los toros desde la barrera, que cuando se torea en el ruedo. Las decisiones, buenas o malas, deben tomarse; y en momentos de dificultad ni siquiera se consultan a fondo porque deben ser inmediatas. Petro nos demostró que le tiene fobia a las críticas y pavor a estar en tela de juicio. Tal vez por eso se defiende todo el tiempo, aunque no tenga que hacerlo.

Pero no sólo le bastó con las justificaciones repetitivas de sus actos y la función de medio de comunicación que asumió. El Alcalde, con la cabeza caliente, acusó al senador Jorge Robledo y la ex alcaldesa Clara López de haber provocado las protestas, que dejaron a la ciudad sin Transmilenio por un fin de semana y con tres estaciones destruidas:

@petrogustavo: dado que militantes del partido comunista y el Moir están detrás de los bloqueos, espero pronunciamiento de Clara López y de bancada del Polo.

Se suponía que eso iba a ser demostrado en la rueda de prensa, pero nada se dijo  al respecto. Ahora el burgomaestre debe estar esperando la demanda que le interpondrá Robledo por injuria y calumnia, que imagino luego nos tuiteará.

Si bien Gustavo Petro no tiene la culpa directa de que Transmilenio no funcione bien, ni de la alta tarifa que tenemos que pagar los usuarios; es el encargado, como nuevo Alcalde Mayor de Bogotá, hacer que éste vuelva a marchar. Pero eso sólo es posible si asume su papel de gobernante y no de senador; si toma decisiones sin tener que pedir aprobaciones; y si deja de buscar culpables. Bogotá necesita soluciones, alguien quien lleve las riendas de esta caótica ciudad. Lo que nos dejó la marcha no sólo fue el descontento de las personas, el vandalismo, la rabia de ver nuestra ciudad destruida; sino la preocupación por las medidas de nuestro Alcalde, sus acciones improvisadas para contrarrestar la crisis y, principalmente, su medio de control: Twitter.

 

Por: Laura Dulce Romero

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