“Yo lo que quiero es ser mamá”

por La hora del escarnio


El día de la graduación de su novia, Santiago, orgulloso, le preguntó qué pensaba hacer con el resto de su vida.

–       ¿Una maestría?
–       No
–       ¿Trabajar?
–       No
–       ¿Viajar?
–       No, Santiago. Yo lo que quiero es ser mamá.

Una semana después de la graduación, Santiago le pidió matrimonio a su novia.

 

Tengo que admitir que sufrí un pequeño espasmo facial cuando me contaron esta historia. Al principio, indignada, grité: ¿qué demonios le pasa a esa niña? y, quizá aún peor, ¿qué demonios le pasa a Santiago?.

Pensé: listo, ahora sí es verdad que queda claro que nunca me voy a casar. Si los hombres, hoy, todavía buscan mujeres que les quieran parir a sus hijos y nada más, ¿me quedaré para vestir santos?, ¿intentaré ver cómo me va como lesbiana?. No supe decidir cuál de esas opciones escandalizaría más a mis padres.

Pero habiendo pasado el shock inicial, comencé a pensar en la situación. No, yo no soy el tipo de mujer que me dedico cinco años a estudiar una carrera para luego reemplazar todo lo que aprendí con pañales y baberos. Pero que yo no lo entienda no significa que está mal. El instinto maternal, me dicen, es muy fuerte en las mujeres y es perfectamente natural que muchas de ellas quieran dedicarse a tener y criar sus hijos. De hecho, me parece admirable -porque la verdad es que a mi eso de tener hijos me da terror.

En el fondo, la indignación ante las mujeres que “solo quieren ser mamás” (está claro que no es tarea ni remotamente fácil), tiene mucho más que ver con sentir que, ahora que por fin podemos ir a la universidad, que por fin podemos trabajar en iguales condiciones que los hombres, que por fin podemos decir que no dependemos de un marido que nos traiga el pan a la casa, algunas de nosotras todavía prefieran el antiguo modelo.  Y son muchos, muchísimos, los hombres que de la boca para afuera quieren una mujer profesional pero que, a la hora de la verdad, se ponen chiquiticos de pensar que su novia gana más que ellos, o que tiene una mejor posición o que es más reconocida profesionalmente.

Como todo en la vida, este tema tampoco es blanco o negro. Es gris, y es un gris lleno de distintas tonalidades. No se trata de ser mamá o ser profesional. Se trata de conseguir el balance entre ambas cosas (si es lo que se quiere). La cuestión es que entre más modelos de madres profesionales veo, más me doy cuenta que si ya ser mamá es complicado, ser mamá y ser exitosa es cuatro o cinco veces más difícil. La posición es central, pero sin ingenuidades. Tener hijos no es como escribir una columna, que quizá esta semana te sale mal pero la siguiente sale mejor. Para mi, las mujeres que hoy están teniendo hijos y trabajando a la par de sus esposos son la esperanza. Hay que estar atentos a cómo lo logran para ver si vale la pena copiar el modelo.

 

 

Daniella Mendoza Villegas.

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