Marchantes con M de Mierda

por La hora del escarnio


Esta es una columna políticamente incorrecta de los destructores que se dicen llamar marchantes. De esos ambulantes que en realidad corresponden a una figura de ciudadanos carentes de capital intelectual, movidos por pipiolos perezosos que transforman las manifestaciones de la inconformidad en pataletas del vandalismo.

El programa de la libertad humana en el Instituto de George W. Bush en Dallas, Texas, analiza las redes y las movilizaciones que surgen a partir de ellas en todo el mundo. Ahí se catalogó a Colombia como la pionera en movilizaciones convocadas por redes sociales desde la marcha del 4 de febrero de 2008, Un millón de voces contra las FARC, la más grande del mundo que, además, desenmascaró el poder de Facebook-.

También somos galardonados por Movemets.org, la organización internacional más importante en estudio de las manifestaciones, como uno de los países con el perfil del marchante más violento y poco eficiente en el mundo. La información no es extravagante, mucho menos después de los espectáculos en la protesta contra el servicio desarticulado de TransMilenio, esas marchas improvisadas, sedientas de violencia y salvajismo urbano.

Aquellos que salen a las calles en el peor papel del ‘Rambo colombiano’, buscando aniquilar todo, delatan comportamientos viscerales que no miden el impacto del desorden público. Esos mediocres “marchantes” no entienden que una buena manifestación, como la que nos hizo pioneros en la herramienta, tiene: un matrimonio con los medios, coyuntura, metas y objetivos, permisos, protección y seguridad.

Me generan repudio esas mentes que abusan del instrumento, que salen a experimentar la furia de una ‘fiesta’ que solo entienden ellos. Gritan himnos con actitud retadora, casi remedo de los coristas en las barras bravas, y no saben lo que buscan en la calle ni aterrizan un punto a resolver. No conocen el derecho a la protesta y las garantías que ofrece la constitución. No saben marchar. Eso es lo preocupante porque vienen más marchas, algunas, ya circulando por redes sociales.

Esos sujetos que corren y destruyen maquetas a escala real de la ciudad, cargan mentes inactivas que desconocen la necesidad del briquet, ese detonante que según los expertos debe compartir una mayoría para marchar. No estudian que solo funciona manifestaciones contra un rostro y no contra un sistema tan amplio que se desdibuja, les hace falta leer sobre el perfil del marchante y la organización de un movimiento.

Rechazo, y con asco, el comportamiento de esos jóvenes que tienen ideas tan deterioradas como las losas que reclaman, que desconocen el miedo tanto que no miden los daños reposados en su cuenta del dinero público, esos mamertos que preparan sus cuerpos con valor ante los gases y que privilegian en la maleta el peso de las piedras y no el de libros.

Por eso cuando la morfología del abono en el campo y de la calle en la ciudad es la misma, o al menos comparte esencia; queda al descubierto el costo de no saber llevar la queja ciudadana a la democracia de los andenes.

Por: Daniel Alejandro Pinilla Cadavid

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