Si lo hago, es porque lo soy.

por La hora del escarnio


Debo empezar diciendo que soy una ‘perra’. Sí, así de sencillo, me considero una ‘perra’, pero aclaro que no tiene que ver por un número de hombres. Creo que no cabe en esto una significación del adjetivo con el que decidí definirme, sencillamente quiero dejar muy en alto la idea de que si yo misma soy capaz de definir a otra mujer con ese adjetivo es porque yo soy aún más perra que ella.

Sé que no suena bien que me refiera de esta forma sobre las mujeres, pero también sé que es la palabra que más sabemos decir, por lo menos las mujeres de mi generación sí. En mi caso ya se me olvido cuántas veces me referí a la nueva novia de un ex novio como “esa perra me quitó a mi novio”, o peor aún, sencillamente porque una amiga se viera mejor en vestido de baño, le decía una frase tan fuerte, pero a la vez tan banal como: “Mucha perra por tener ese cuerpo”.

Y es que toda mi vida estudié en un colegio femenino y creo que este es uno de los factores más grandes para que mi percepción de la relación de mediana cordialidad entre las mujeres sea cada vez más compleja.  No sólo porque seamos falsas, sino que realmente me he venido dando cuenta que somos más competitivas y nos damos más duro entre nosotras.  Me crié rodeada de niñas iguales a mí que buscábamos las mismas cosas y creo que eso nos convirtió en una especie que se debería extinguir porque nos encanta la crítica y pasar por encima de la que sea sólo por nuestro propio beneficio.

 Me acuerdo por ejemplo, que cuando entré a bachillerato y empecé a conocer el mundo más allá del colegio, es decir, cuando empecé a salir a mis primeras ‘minitecas’ y a relacionarme con el sexo opuesto, entendí que nosotras las mujeres podemos ser malas. Creo que más de una vez  acabé con la reputación de alguna niña, como también lo hicieron conmigo y muchas veces me referí a alguna de ellas como una perra por razones que hoy analizo y no son más que hechos irrelevantes.

Un beso o una cogida de mano en un fin de semana,  era sinónimo de que el lunes desde las siete de la mañana, antes de empezar clases, los comentarios iban a ser fuertes y tan desagradables, que por lo menos de mi generación, en la cual éramos 75 niñas, unas 5 o 6 no superaron la presión de grupo y la crítica tan agresiva entre nosotras.

Me acuerdo que alguna vez leí en un artículo de una psicóloga que decía que  la amistad entre mujeres era más difícil que la amistad entre los hombres. Decía que nosotras nos caracterizábamos por ser expertas en la crítica y que eso seguramente en muchas relaciones de amigas era una puñalada en la espalda. Pues creo que desde el colegio, mis relaciones entre amigas ha sido precisamente eso; una puñalada en la espalda con comentarios y hechos poco agradables. Aunque no culpo a mi colegio como tal, si creo que los colegios femeninos tienen esa peculiaridad:  crea un estilo de mujer aún más competitiva, más variable y completamente más egoísta con el resto del género y podría decir que el primer factor para que eso pase son los hombres.

No es que quiera culpar a los hombres de lo que pasa entre las mujeres, pero si son un factor relevante en cuanto a la amistad como tal. Muchas pasaron por encima de sus compañeras por un gusto básico hacia un niño, otras sencillamente acabaron la reputación de otra porque salió con el que había sido el novio de una y así sucesivamente. Creo en realidad, que la crítica hacia las otras es algo innato en el género, pero así mismo, sé y tengo muy claro que por lo menos en mi colegio esta característica es las que más sale a relucir, más que decir que somos una niñas educadas bajo la idea de compañerismo y lealtad como nos solían decir siempre, nos hemos caracterizado por ser unas perras entre nosotras.

Esto, es porque quiero hacer un llamado a todas las mujeres para que dejemos – empezando claro está por mi- de darnos adjetivos calificativos tan fuertes y tan burdos sólo por critica o envidia. No vale la pena enfrentarnos entre nosotras y acabarnos sólo con palabras, aún más sabiendo que hasta ellos son capaces de tener amistades más solidas. No es que quiera crear una rivalidad entre géneros, pero si es necesario dejar esa actitud de colegio de femenino y enfrentarnos a la realidad de que no está bien decir que la que es mi amiga es una “tal por cual” por factores tan poco relevantes.

Por esto, me considero una perra si es que vale decirlo, una perra por ser capaz de decir que otras son esto, o algo peor y hasta el día que deje de usar este tipo de palabras para hablar de alguna mujer, hasta ese día dejaré de serlo.

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