Las casitas son de la bruja

por La hora del escarnio


Por: Alejandra Soriano W.

“Yo no fui”, eso es lo que dijo el excongresista Gerardo Piamba ante la Corte Suprema de Justicia que lo investiga por haber participado en un proyecto falso de urbanización en Popayán en el que los inversionistas se quedaron sin sus ahorros y nunca recibieron las viviendas; se estima que la estafa alcanza los catorce mil millones de pesos. No sorprende que se le acuse de estafador, ya hemos visto el descaro con el que algunos funcionarios del estado engañan a los ciudadanos, lo que sorprende son las declaraciones del exfuncionario que dejaron a la corte con un caso que parece de novela.

En el juicio que se llevó a cabo esta semana, José Gerardo Piamba apareció diciendo que él no es responsable de los delitos de urbanización ilegal y de estafa de los que es acusado y  que la culpable de todo es Isabel Cristina Ceballos, su ex esposa, ella era la representante legal de Corpopaz, la entidad que llevó a cabo el proyecto de vivienda de interés social llamado “La casita azul” a través de la cual el fraude fue cometido. Ceballos, ya fue condenada por estafa, captación masiva y habitual de dinero, urbanización ilegal y falsedad en documento privado;
 si bien la ex esposa ya está cumpliendo su condena, el excongresista ahora, se quiere librar de toda responsabilidad tildándola de loca, bruja e infiel.

Por las declaraciones, la atención de los medios se ha volcado sobre la curiosidad que causan esas acusaciones; sin embargo, se olvidan de que la Fiscalía en el 2006 declaró que Piamba había participado en la creación de Corpooccidente y Corpopaz, las empresas a través de las cuales se ofrecieron los proyectos de vivienda en los que decenas de familias perdieron su dinero. Las noticias sobre las irregularidades que se presentaban con el proyecto de vivienda de interés social en Popayán, empezaron a salir el año pasado en mayo, las últimas aparecieron en octubre, desde entonces, han pasado 5 meses en los cuales los medios se olvidaron del caso Piamba, hasta esta semana. Y aunque se volvió a hablar del tema,el tiempo parece no haber pasado, las informaciones sobre el caso son escuetas y se sabe lo mismo que se sabía desde que salió a la luz; lo nuevo, es la información sobre María Isabel Ceballos, la ex esposa de José Gerardo Piamba. De las víctimas de la estafa, del proceso de reparación o de las pruebas que acusan al excongresita no se sabe nada.

Y no se sabe nada no porque la información sea un secreto de estado, sino porque como se evidencia en los medios, en el caso no se ha hecho ni una investigación pequeña, meritoria además porque el personaje acusado, el excongresista, ha sido un personaje polémico en la política nacional, él hizo parte de la comisión de acusaciones que investigaba al ex presidente por presunto delito de cohecho, para ese entonces, Piamba, era acusado de estar involucrado en procesos de meritocracia porque familiares suyos habían obtenido nombramientos durante el gobierno de Uribe.

No es que haga falta ser un hacker para descubrir un documento público (el proceso 27460) en el que por ejemplo, aparece que la sede de Corpopaz estaba ubicada en la vivienda de Piamba o que, el excongresista en las reuniones a las que asistía, promocionaba  los planes de vivienda e invitaba a sus seguidores a que hicieran parte de ellos, incluso aparecen los nombres de las víctimas con la cantidad de dinero que perdieron.

Mientras que los medios llevan sus cámaras a la Corte Suprema para escuchar historias de brujas y locas hay toda una historia llena de detalles por descubrir,  una labor que deberían cumplir los medios. Por ahora, la mayoría tiene la versión de que las casitas son de la bruja y de que Piamba solo fue víctima de un perverso hechizo.

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