Me robaron, y en mi cara

por La hora del escarnio


Desde hace 2 años  soy usuaria diaria de TransMilenio. Hasta hoy, siempre he defendido este transporte masivo porque es  el medio que uso para movilizarme ya que no tengo pase ni carro propio. He pasado por incomodidades, me han espichado, me ha tocado esperar durante muchos minutos a que un articulado pase medianamente desocupado para poderme montar, me han tratado de robar y hasta he tenido que aceptar que me restrieguen todas las partes del cuerpo hasta en la cara, pero reitero, siempre terminaba defendiendo este medio de transporte. Pero mi respeto y cariño por TransMilenio llega hasta hoy.

Todo lo que he pasado en dos años que, aunque no ha sido lo más agradable, ha sido tolerable, todo mi amor por los buses rojos que me transportan sin pensar en trancones, todas mis odiseas que me terminaban sacando una sonrisita, todos esos momentos que tanto guardaba en mi corazón como recuerdos imborrables y ,sobre todo, mi actitud de defensa frente a lo que era mi medio de transporte preferido, los boto hoy a la basura, que se los lleve el diablo, y es más, por mí, que todos los vándalos que tanto critiqué por las protestas del 9 de marzo, salgan otra vez y se tomen TransMilenio.

 Hoy, como todos los días, salí a la estación de la  calle 127 a esperar el TransMilenio que me lleva hasta la universidad. Compré mi pasaje de $1750 pesos, caminé al vagón en el cual pasa el articulado que me deja en la estación de la calle 45, y esperé y esperé- casi veinte  minutos- a que pasara. Sin embargo, no llegó. Faltaban diez minutos para las once la mañana, y en un abrir y cerrar de ojos había un rio de buses rojos en toda la Autopista Norte. La causa: una protesta de los enfermos terminales de SaludCoop porque los servicios médicos que presta esta entidad, serán eliminados por una deuda de más de veinte mil millones de pesos.

Razón tienen los enfermos, y apoyo su protesta. El problema no fue ese, porque si yo fuera una enferma terminal también saldría a armar una revuelta. Lo que me pareció indignante, sin presentación, sin razón de ser, fue  sencillamente que yo había pagado mis $1750 pesos  para ir a la universidad y me tocó regalarle la plata a TransMilenio porque no usé el servicio. Ni cincuenta  pesos me quisieron devolver.

La situación fue esta: cuando me di cuenta que los buses no se iban a mover por mucho tiempo, me acerqué a la entrada de la estación y le pregunté a una de las personas que trabajan en la taquilla sobre lo que estaba pasando, a lo cual me ignoró y me hizo cara de desconcierto. Mi paciencia estaba llegando a su fin. Me le paré en frente y con un tono fuerte le dije: “¿Si no están andando los buses, si esto está estancado y necesito llegar a mi destino, no me pueden devolver la plata del pasaje, ya que no usé el servicio?”. La señora, sínica, me miró, se me burló en mi cara y me respondió: “No, no devolvemos plata y si tiene tanto afán salgase y pague un bus o un taxi”.

Si, fue así, no me devolvieron la plata después de pelearle al menos 5 minutos. Me salí de mis casillas y me fui de la estación. No me devolvieron los $1750 pesos, que aunque no pareciera mucho, con eso hubiera podido pagarme un bus, o comprarme media cajetilla de cigarrillos con una diferencia de doscientos cincuenta pesos. Pero no, ni cigarrillos, ni bus, ni pasaje de TransMilenio. No llegué a la universidad, no me devolvieron mi plata- y tampoco a  tres personas más que estaban en mi misma situación-. Nunca me habían robado en TransMilenio, aunque los ladrones lo hubieran intentado, pero que sorpresa, los mismos que trabajan en la estación me robaron 1750 pesos del pasaje y en mi cara.

Y me siento indignada porque además de que el pasaje es caro- es unos de los más caros en cuanto a transporte público en Latinoamérica- no usé el servicio y así hubiera peleado y peleado no me iban a devolver un peso. Es por esto, que hasta hoy llega mi amor por TransMilenio. Seguiré utilizando el servicio porque no tengo cómo mas movilizarme, pero no volveré a defenderlo, no volveré a tolerar que me espichen ni tampoco pagaré con gusto el pasaje, es más, si vuelve a haber una protesta contra este transporte público, saldré a gritar y a alegar por el mal servicio.

Me robaron la plata en mi cara y no pude hacer nada, y no me quiero imaginar a cuantas personas más le hicieron lo mismo, y posiblemente personas que sólo tenían lo del bus, porque desafortunadamente así es la realidad bogotana: muchos de los que usan este transporte, sólo tienen esos $1750 pesos.

 Alejandra Parra Salazar (martes)

 

 

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